veintitrés

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No,esa tarde no ocurrió nada. Tannat nunca hubiera cedido a sus pasiones en un lugar en que no se sintiera cómodo y tuviera la certeza de que nadie interrumpiria. Además yo estaba bastante decaída para algo así, aún que la fiebre disminuyó con el paso de las horas y el té que me preparo. Se quedó a hacerme compañía y hablamos bastante, en especial de las fotografías que tenía en la pared. Recuerdo que la que más le llamo la atención fue una en que estaba vestida de profesora,en una actividad del jardín de niños.

-siempre fue mi sueño-le dije-aunque hoy en día,no sé si quiero dar clases toda mí vida.

-¿no?-dijo y apartó la mirada de la fotografía para ir a sentarse junto a mi otra vez.

-tengo otros sueños-le dije como recordando algo muy remoto-me gustaría tener una cafetería,pero allá en el sur,en esos pueblos que son vestigios de los emigrantes del viejo continente. Dar clases ocasionales y tener una casa con vista al mar...

-suena muy pacífico-comento con una gentil sonrisa-una vida sencilla,lejos de la gran ciudad. Hoy en día es raro encontrar personas con ambiciones tan simples.Todo el mundo te presiona para que triunfes economícamente y te llenes de cosas que no te hacen feliz realmente.

-Y a ti ¿qué te haría feliz Tannat?-le pregunte con mucha curiosidad.

-descansar en una casa cómoda,
en un paraje pacífico y en una compañía amorosa,fresca que comparta la idea de una vida austera-me dijo tomando mi mano,para llevarla a sus labios y besarla.

Me encantaba ese gesto,pero desde luego no desvío mi atención de sus palabras.

-aun que supongo que tú, también querrías formar una familia-me dijo después de un largo silencio.

-bueno no digo que no,pero aún es muy pronto para mí.

-y para mí un poco tarde-comento.

-pero ¿qué cosas dices? ya tienes un montón de hijos.

-pero ya son mayores y perdieron todo el encanto-comento con una sonrisa divertida-un par de hijos para mí vejez,no este mal. Claro que, tendríamos que hacer un cambio de roles con la futura madre de mis hijos. Yo me quedare en casa a ocuparme del hogar y de los niños,mientras que ella tendrá que trabajar para mantenernos ¿por qué te ríes? Es un escenario muy contemporáneo.

¿Qué puedo decir de su sentido del humor? Se fue casi a las nueve. Aún llovía entonces y según el pronóstico del clima, ese domingo también lloveria,pero aún así lo invité a salir y Tannat, no se nego.

Esa mañana recibí una llamada de Merus,pero para informarme de que Héctor había sido dejado en libertad,gracias a su abogado.  Fue una noticia desagradable no sólo para mí,también para él y Tannat,quien pasó por mi un poco después de esa llamada,que corte prematuramente. En algún momento tendría que enfrentar a Merus,pero no sería ese día.
Durante el trayecto al Jardín Botánico,tuve que aguantar algunos comentarios de Tannat, respecto a la justicia del país y vaya que poseía una agudeza hiriente que le afloraba en los malos momentos. Pero no dejaba de tener motivos para estar así de molesto,claro que sabía también que yo no tenía la culpa e íbamos rumbo a pasar un buen rato,por lo que pronto cambio su ánimo.

Recuerdo haberle pedido a Tannat, que se pusiera ropa cómoda y todo lo que hizo fue cambiar la camisa por un suéter cuello de tortuga y quitarse los elegantes zapatos para ponerse un discreto calzado deportivo. Fuera de casa era lo más informal que se dejaría ver. Y es que yo buscaba precisamente eso,desacartonarlo un poco aunque fuera de vez en cuando. Con Tannat siempre parecíamos estar evitando a las personas,es que aunque no lo pareciera él,era un hombre de temple solitario aunque aquello lo veía sostenido más por ser un sujeto demasiado capaz y de estándares muy altos, que por otra cosa. Al menos el lugar le gustó.

El parque botánico,era como un invernadero gigante donde podías pasear,sentarte a comer o disfrutar,nada más,de la hermosa vegetación del lugar. Como aún llovía,no había mucha público pese que al interior del edificio había un clima templado. Había allí,un pequeño estanque con flores de loto. Cerca de el le propuse,a Tannat,buscar un lugar para descargar. No soy la clase de persona que planifica cosas muy elaboradas,así que lo hice sentarse sobre la hierba,algo a lo que mostró menos resistencia de la que esperé.

-no sabía que este lugar existía-comento mirando el tejado de cristal-es bastante agradable...

-venia aquí con unas amigas de la escuela-le dije como recordando- aunque entonces había menos flores. Me gustaba este sitio,me permitía escribir en paz.

-¿en paz?-repitió.

-seguramente lo notaste,yo olvidó muchas cosas-le dije mientras sacaba una botella de té helado,de mi bolso-en especial lo que veo.

-si...es curioso que alguien tan instruido,pueda cometer ciertos errores ortográficos-dijo y me miró con cierta condescendencia.

-mi memoria auditiva es mejor-señale antes de beber de la botella-por eso tocar el violín se volvió tan importante para mí.

-¿tocas el violín?-repitio con un poco de asombro-no me habías contado de eso.

-¿no? uf se me olvidó-le dije y le sonreí logrando desconcertarlo un poco-a mí me gusta que me descubran.

-vaya...eso es nuevo y sorprendente-comento y tomo otra botella de la bolsa de papel, en que llevábamos lo compramos en la tienda-lo mismo está invitación,como que no temas salir con ese troglodita,suelto por ahí.

-ya le temí demasiado-le dije-lo que ahora me preocupa es que involucre a otras personas.

-por mi no hace falta que te desasociegues. Puedo cuidarme muy bien y en cuanto a Merus. Él estará bien mientras, sepa guardar distancia. Aunque conociéndolo,seguramente se involucrara más de la cuenta-declaro con un tono más grave de lo usual-pero nada de esto es culpa tuya,no...

-si,comprendo,sólo que prefería por hoy,no pensar en todas esas cosas-le dije y su rostro se relajo un poco.

Me sonrió e hizo un comentario respecto a la flora del lugar,pero yo no quería oír sus datos ese día,así que termine con eso, prácticamente,saltándole en cima,para derribarlo sobre la hierba verde. Pensé que se molestaría,pero no sólo se me quedó mirando con una interrogante en esos ojos grandes y transparentes. 

-hubiera creído que odiabas tenderte en la hierba-le dije de forma simpática.

-en realidad me agrada el aire libre,pero rara vez estoy fuera de un aula o un estudio-me dijo apartando un mechón de mi cabello,para ponerlo tras mi oreja.

-necesitas salir más-le dije.

-necesito muchas cosas realmente-me respondío-pero creo que las encontré todas en un  sólo lugar.

No respondí y no me aparté,en lugar de eso me recosté a su lado y me quede viendo la lluvia sobre aquel tejado de vidrio. Después hablamos un poco respeto a varias cosas y compartimos algunos bocadillos que compre. Era abierto a probar todo lo que le ofrecía, pero si algo no le gusta no tenía problema en manifestarlo. El día pasó volando y cuando salíamos de aquel lugar,había dejado de llover. El aire estaba bastante frío y soplaba un viento algo fuerte,que me quitó la bufanda. La ví desaparecer del otro lado de la avenida con algo de desazón.

-te compraré otra-me dijo Tannat.

-no hace falta-le dije al subir al automóvil.

-te gustaba. Lo sé. La usabas seguido,además mereces algo especial. Hoy realmente logré relajarme-me dijo cuando salíamos del estacionamiento.

-me alegro-le dije con una pequeña sonrisa,pero la verdad es que me hizo demasiado feliz saber eso.

-sabes este fin de semana es el día del padre-me dijo repentinamente-mis hijos irán a casa,para hacer una comida el domingo. El sábado yo he organizado una para presentarles a alguien muy especial.

-¿a quién?-le pregunte con un presentimiento muy particular.

-a tí-me respondío.

Palidecí y empeoró cuando mi celular sonó notificando una llamada de Merus.

El corrector de libros.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora