Esa noche me quedé tendida en la cama,con los ojos colgados del techo cubierto de yeso,ya desprovisto de su blanco original. Pérdida en las irregularidades de aquel trabajo hecho por mí hermano;pensaba.
La tristeza es,para mi,como un descubrirte sumergido en el océano. El rumor del mundo se oye muy lejano,a través de las aguas.Casi desaparece.Si te quedas quieto,hasta puede ser relajante.Mientras estás ahí abajo,hundido,aplastado por la presión del agua;muy lentamente tu cuerpo,comienza a resentir la ausencia de oxígeno fresco. La saturación en la sangre disminuye,lo que llevará a tu cerebro a la hipóxicia, desorientado y discordinando tu cuerpo.Los niveles de dióxido de carbono suben,lo que te exige respirar,pero a veces no logras sentir que necesitas esto o bien lo ignoras, lo que te provocará un desmayo y la muerte.
Si tienes suerte, podría haber alguien que te rescate.Pero lo más probable es que eso no pase.Tendrás que salir de ahí por tu cuenta.Entrarás,entonces,en una frenética carrera por llegar a la superficie.Moveras brazos y piernas,desplazandote penosamente a través del agua. Peleando por esa bocanada de oxígeno que te rescatara de la muerte. Pero al romper esa barrera,que te separa de la superficie,tu primera inhalación será tan profunda que te ahogará. Una vez sales a tomar aire, estas a medio camino de salvar tu vida. Ahora tienes que nadar a la orilla y sólo ahí,podrás decir que estás a salvó. Sin embargo, el mar no desaparece. Seguirá allí, profundo y letal,
esperando el momento en que te vuelvas a hundir en el.
De tristeza se puede morir.
Hace mucho,alguien que yo amaba,alguien importante, se lanzó al mar buscando su muerte y la encontro. Años tarde en entender que esa persona, se ahogó de tristeza antes que de agua. Yo era muy pequeña para comprender. La ví tantas veces al borde de ese océano y nada pude hacer por ayudarla. Por eso para mí, la tristeza es un mar al que le doy la espalda,pero que besa mis pies y por medio de la arena,me intenta arrastrar a sus abismos. Debería entrar. Debería nadar en esas aguas,porque es peligroso estar allí sólo si te quedas,pues en ese océano también puedes encontrar respuestas y hasta nuevas fuerzas,pero tengo miedo y no lo hago.
Llorar no es un acto de cobardía. No hacerlo es lo que te hace cobarde,débil. Entonces,uno de mis mayores miedos es estar triste. Vivir esa tristeza. Llorarla, sufrirla hasta que la haya purgado todo. Es que me aterra quedar atrapada en esas profundidades que pueden llevar a la muerte prematura. Porque mis penas han sido muchas y muy grandes. Todos moriremos. Pero hacerlo así,de tristeza,es un desperdicio.
¿Recuerdan cuando dije que para mi las personas son como libros?
Pues todos los libros,en la enorme biblioteca del mundo, pasaron antes por un corrector de libros. Uno como Tannat,pero que para todos tiene por nombre: vida. El manuscrito de nuestro ser,pasara por muchas correcciones a la largo de las distintas publicaciones,que no son sino las etapas de nuestras vidas. Al fin siempre queda la versión más leible,de lo que en verdad somos. La historia real, queda entre las líneas. Reservada para los buenos lectores. Esos que prestan atención,pero a los que puede o no importarles tal cosa.
Muchos capítulos componen nuestra vida. Algunos son bueno, hasta aburridos. Otros son malos y así una enorme variedad. Personajes entran y salen del texto. Ya saben todos como es. Mi capítulo con Héctor,pese a todo no lo llamaría malo. Aprendí mucho de él. De él,como persona. Aprendí a que no puedes vivir para otros,como Héctor lo hacía. Él entregó su vida a su madre y su hermana,perdiendola por completo. Nunca hizo algo que quisiera. Le gustaban los animales y la tierra. No la minería a la que se dedicaba. Su familia era conservadora y no podía contarles de su enfermedad,porque lo hubieran matado a pedradas. En el fondo, Héctor estaba frustrado y enojado. Podría hablar mucho de esto,pero es una historia que no le compete a nadie más. Antes de esas semanas,gran parte de mis pensamientos de él,tenían que ver con sus conocimientos de botánica y computadoras,aunque aprendí más de la primera.
