capítulo 55

398 17 0
                                        

Gabriel

Estamos misa, y me toca decir una palabras de mi madre.
Estoy de pie frente a todas estas personas, y con muchas flores el féretro de mi madre.
Aún no sé que decir.
Que debo de decir?
Tal vez que engaño a mi padre. O talvez que me engaño? O que trato mal a Valentina y sobre todo a su nieto?, Tan vez que casi me obligó a ser sacerdote para pedir por su alma? Si Valentina estubiera aquí, si tan solo no la ubiera lastimado a ella y mi hijo como lo hize!
Levanto la vista,.veo a todas esas personas que no sé ni quieres son, y ahí está ella, de pie, junto a la imagen de sagrado corazón. Mi corazón, mi Valentina, con un vestido negro, a cortado su cabello y lo ah teñido las puntas rubias.
Exalo. El padre José me mirá tranquilo, dándome consuelo con la mirada.

Madre mía, te perdonó, te amo y descansa en los brazos de nuestro señor.

Voy en busca de Valentina pero no la encuentro.

En el cementerio,llegan recuerdos a mi, mi madre y mi padre.

Valentina

Veo a Gabriel en el cementerio, desconsolado. Quiero correr a abrazarlo y decirle que está todo bien, que estoy para el. Pero no puedo mis pies no responden.

Empezá a llover y la gente se va poco a poco y ahi se queda el de pie. Frente a la tumba de se madre.

Voy con el, y le pongo una rosa roja a la tumba de la mamá de Gabriel y tomo su mano.

El me dice sin verme.

-Estaba desesperada, sus pecados la consumían.

Gabriel se pone de rodillas y llora, llora de tal manera,.la lluvia cae  y sus lágrimas se confunden.
-Valentina, perdóname. Me abraza de los pies.
-Gabriel, yo te perdone hace mucho.
Lo llevo a su departamento, el no deja de llorar..
-Valentina, perdóname, perdóname, te lo imploro.

Estámos sentados en el sillón, tiene los ojos hinchados por tanto llorar.  Y está un poco más delgado.

-Gabriel, yo ya te perdone hace tiempo pero necesitas perdonarte tu mismo...

-Les fallé, a ti y a mi pequeño. -Nunca me perdonaré. No tengo cara para verlos.

-Lo se Gabriel..-Cuando te perdones ahí estaremos, esperándote.

Mi sacerdote GrabielDonde viven las historias. Descúbrelo ahora