Atracción material

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  Golpeó la dura pared al salir, la ira recorría cada parte de su piel, al igual que la impotencia, sabía que había hecho mal, pero aún tenía oportunidad, aún la tenía y, debía actuar de manera astuta para salir del foso donde se encontraba.

  --¡Hermano! --Gritó repentinamente alguien a sus espaldas, por lo que inmediatamente volteó, sintiendo familiar aquel tono de voz.

  --Prisilla. --Dijo sorprendido, pero con un gran cariño en su rostro.

La dama sonrió, acercándose de forma tranquila y elegante, seguida por dos damas, quienes cubrían su rostro con un paño blanco semi-transparente.
Era una mujer hermosa, de rostro maduro y gestos infantiles, cuerpo relativamente voluptuoso, de piel morena, ojos cafés, pero de mirada afilada, nariz puntiaguda y pequeña, labios gruesos y tersos, era una obra de arte en piel humana.

  --Has regresado. --Sonrió.

  --Eso debería decirlo yo --Frunció ligeramente el ceño--, padre me envió hace más de veinte lunas un mensaje sobre tu captura por parte de esos salvajes y, también decía que había la posibilidad de que hubieras muerto --Expresó con dolor--. Yo no quería creerlo, lloré por días y le recé a la Diosa Luna por tu regreso --Sonrió plácidamente--, me concedió mi deseo, hermano mío, ahora puedo verlo... Creo que este año, peregrineré a las *tierras verdes* para agradecérselo. --Herz guardó silencio, amaba a su hermana, o media hermana para ser exactos, la amaba tanto que no dudaría en entregar su vida a cambio de la suya, algo increíblemente impactante por su personalidad desinteresada.

  --Te agradezco por tus rezos, hermana mía y, aunque estoy dichoso de verte, pensaba que te encontrabas aún en las tierras de Hundal, concertando la futura alianza entre familias. --Prisilla frunció ligeramente el ceño al recordar sus días en esas tierras áridas y de intensa temperatura.

  --Lo estuve --Su tono fue suave, pero envuelto de alto disgusto--. Conocí las tierras de los héroes, que ellos llaman Hadiya, los jardines reales, que ellos llaman Efin y, otros lugares preciosos, pero eso solo fue el primer día, al caer la noche me reuní con el emiar Siavaz, junto con su padre, el han y comandante de las tierras de Hundal, el han Arez Jabad, de la dinastía Hun.

  --Puedo notar que aprendiste a hablar como ellos. --Dijo con una sonrisa.

  --No te burles de mi, hermano. --Hizo un ligero puchero, un acto tan infantil, pero tan hermoso, que dejó perdido por un momento al segundo príncipe.

  --Lo siento, lo siento --Rio Herz, su rostro mostraba alegría, una emoción completamente opuesta a la que poseía minutos antes--, pero dime ¿Por qué te sientes molesta? --Prisilla lo miró, asintiendo luego de un momento.

  --Porque me van a emparejar con un completo inútil, un niño que aún no sabe diferenciar entre una espada y un palo y, lo peor, fue su actitud. --Herz frunció el ceño, apretando el puño.

  --¿Qué te hizo ese bastardo? ¿Se atrevió a tocarte? --La furia regresó a sus ojos. Prisilla sonrió dulcemente, abrazando con sus manos los puños furiosos de su hermano.

  --Es un niño, como he dicho y, un niño cobarde, pretencioso de hazañas que no ha logrado y, arrogante hasta los huesos, más arrogante que tú, hermano Herz. --El segundo príncipe volvió a fruncir el ceño, no le había gustado esa comparación, aunque no había ni un solo ápice de emoción negativa en esos ojos que observaban a su bella hermana.

  --¿Ya se lo dijiste a nuestro padre? --Ella negó con la cabeza.

  --Aún no, pero aunque se lo diga, nada cambiará, nuestro reino sufre escasez de lo que ellos tienen en demasía y, mi obligación como princesa, es hacer que a mis ciudadanos nada les falte. --Herz negó con la cabeza con ligereza.

El hijo de Dios Vol. IIIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora