El sol resplandecía, las nubes viajaban con lentitud, el viento soplaba, refrescando la fauna y flora del bosque. Todo era tranquilo, demasiado tranquilo, ni parecía que momentos antes una batalla al filo de la muerte había ocurrido.
--Mi señor. --Acercó la cantimplora de cuero, observando hacia abajo con una mirada dolorosa, no solo por las heridas que poseía en todo en su cuerpo, sino también por la preocupación que en su corazón estaba sintiendo y, ahora estaba segura de que no estaba exagerando, pues hasta ella podía sentir la extrema oscuridad que el cuerpo de su señor desprendía.
--Largo. --Dijo con un tono frío, sin un ápice de vida.
Respiró profundo, el dolor era insoportable, su brazo palpitaba y, su corazón quería explotar, mientras sentía como su cerebro se dividía en mil pedazos.
--Mi señor, por favor.
--Meriel, obedece, no sé si pueda contenerme.
Ollin cayó arrodillado a unos metros de la pareja amo/siervo, sumamente cansado, había entendido demasiado tarde la situación, no logrando evitar los poderosos ataques de los sellos protectores de la zona que se dirigían sin piedad al desconcentrado Gustavo. Jadeó, intentando interpolar las bases de los mismos, en un fallido intento de cambiar su naturaleza.
--¿Se encuentra bien? --Preguntó Ktegan al terminar de ponerse el torniquete improvisado en su pierna lastimada.
--Lo dudo --Dijo con una expresión preocupada--, es fuerte, pero puedo notar en su mirada que poco a poco está perdiendo su batalla interna. --Observó su espalda, suspirando con dolor en su pecho, podía entenderlo más lo que deseaba, lamentablemente, también sabía que lo que estaba sufriendo era mucho más intenso de lo que ella había sufrido.
Meriel tragó saliva, podía sentir la agresividad en su voz, así como su intención de matar, retrocedió involuntariamente, tragando saliva por el inesperado miedo que florecía en su corazón.
*Arg.
Gimió, acompañado de un jadeo ahogado, cayó de rodillas, sosteniendo su pecho con su mano izquierda, para luego arrojar su torso a observar el suelo.
*AAAAAAAAHHH.
Gritó al cielo, liberando de su cuerpo una poderosa ola expansiva color ébano traslúcido. Meriel fue arrojada a besar el suelo con su espalda unos cuantos pasos atrás, mientras que Ktegan y Xinia solo los hizo sentarse, pero con Ollin todo fue distinto, talvez fue por la distancia, pero no logró moverlo. Las líneas negras de su cuello fueron robando territorio en su pecho, matando las células de su cuerpo y, volviendo su piel perfectamente saludable en una superficie necrótica y asquerosa. Cinco siluetas aparecieron frente a él repentinamente, cada una de ellas diferentes, pero con la misma energía de muerte desprendiendo de sus cuerpos.
--Amo.
--Su excelencia.
--Alto Señor.
Dijeron al mismo tiempo, mostrando sus respetos con diferentes títulos, pero con la misma acción, arrodillándose en el suelo.
--Absorban --Dijo con dificultad--, absórbanlo todo.
Las siluetas se miraron, no sabiendo qué hacer, sin embargo, luego de dos segundos de indecisión, la silueta vestida con una túnica negra que ondeaba sin viento y, que era tan oscura que impedía que la propia luz del sol pudiera vislumbrar lo que se ocultaba dentro dio un paso al frente.
--Alto Señor, yo estoy a su servicio.
Extendió su mano al frente, creando un sello con sus dedos, uno que se hizo real a los pocos segundos, flotando de negro frente a él y, con la fuerza de un tornado opuesto comenzó a absorber toda la energía de muerte del cuerpo de su jerarca. Gustavo gritó con más fuerza, sintiendo como si mil espadas perforaran su piel, el dolor era indescriptible, nunca había experimentado un tormento parecido, pero lo prefería a perderse, estaba resuelto a continuar manteniendo su cordura, no importando el costo. Guardián comenzó a dibujar el mismo sello, absorbiendo momentos después la intensa energía de muerte, quiso detenerse al escuchar los fuertes gritos de su señor, pero sabía lo que pasaría si esa energía lograba consumirlo y, eso no era para nada bueno. Las tres siluetas restantes imitaron al esqueleto alto, fortaleciéndose entre sí por la extrema energía de muerte. El cuerpo de la criatura de túnica explotó al no soportar más la poderosa y volátil concentración de muerte, creando un enorme cráter donde antes había estado.
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El hijo de Dios Vol. III
FantasySecuela del segundo volúmen del libro: El hijo de Dios. La muerte camina a cada paso que da, el dolor no abandona su cuerpo y, las pesadillas no disminuyen, sin embargo, ahora no está solo, tiene nuevas compañeras que comparten su sendero, en busca...
