Emmanuel se quedó ahí mirándome sin decir nada, parecía una estatua.
Confiaba en Alma y esperaba no verme demasiado exagerada con el maquillaje y el peinado.
-Ven conmigo- Me pidió, mientras tomaba mi mano y me llevaba afuera de la habitación.
No entendía que estaba pasando, en realidad a veces me resultaba tan difícil de entenderlo pero así es mi novio.
-¿Ocurre algo?- pregunté curiosa.
Por fin se detuvo, lo cual agradecía.
-No quería que alguien nos escuchara, Génesis eres mi condena y quiero decirte que estoy seguro que esta colección será un éxito porque eres demasiado talentosa- dijo mostrándome una sonrisa.
Esa sonrisa que cada ves me mostraba algo que me dejaba de cierta manera sin aliento, escuchar las palabras de alguien por quien sientes tanto, se vuelve una sensación maravillosa.
Sonreí y lo abracé.
El acepto gustoso mi abrazo y deposito un cálido beso en mi cabeza.
Estos momentos los guardaría en lo más profundo de mi corazón.
No sabía que podía llegar a sentir esto, pensaba que la historia de mis padres era maravillosa y siempre que me describían lo que era el amor, solía reírme.
No sé si esto está cerca de serlo, pero no me importaba porque algo dentro de mi me decía que valía la pena correr el riesgo y yo soy una chica que ama el riesgo.
Nos separamos de nuestro abrazo.
-Es hora- dijo tomando mi mano y entrelazando sus dedos con los míos.
Asentí.
-Es hora del show- dije con un tono entusiasta.
Aun que siendo sincera también tenía algunos nervios porque se mostrarían algunos de mis diseños, no sabía cuál sería la reacción de la gente y solo esperaba que tuviera una buena aceptación.
-Todo saldrá bien- dijo mi robot.
-Tengo miedo y es inevitable no sentirme así- Admití.
-Génesis, confía en ti eres una increíble diseñadora y creo que todos nos hemos dado cuenta en la empresa.
¿Acaso se trataba de un deja vu?
Sin quererlo solté una pequeña carcajada porque era inevitable no pensar en lo que me había dicho tiempo atrás, ambos nos odiábamos y ahora eso había cambiado.
Cambiado en muchos aspectos y eso solamente lo sabíamos él y yo.
-Creo que hace falta algo, señorita Montero- dijo con su tono frío y serio que solo usaba en el trabajo.
¿Faltaba algo? Pero si me había dado a la tarea de que todo estuviera perfectamente bien.
-¿Qué es lo que hace falta?- pregunté.
-¿No lo sabe?- dijo.
Había una razón del porque preguntaba y en mi cabeza todo podía suceder.
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Cambiando mi destino
RomanceCreemos que podemos planear todo pero el destino es quien hace de las suyas y nos lleva a donde nunca pensamos llegar. De hecho, a veces la vida te hunde en un pozo y luego te eleva hasta las nubes. Pero eso me hizo ser quien soy ahora. Debemos cree...