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Mi celular vibra.

Miro mi teléfono y era Sherezade.

-¿Quién es?- preguntó curioso Emmanuel.

-Es una de mis mejores amigas- respondí.

El asintió.

Decidí responder, conocía a Sherezade y sabía que si no le respondía se iba a molestar.

-Hola- respondí con una sonrisa.

-Génesis, desde cuando sales con Emmanuel Lazcano- Puse los ojos en blanco.

-Pensábamos que lo odiabas, después termino en tolerancia porque es tu jefe- gritó Edith.

Lleve una mano a mi cabeza.

-Prometo explicarles pero en estos momentos estoy ocupada- admití.

-Estas con...

-Si- respondí.

-Tranquila pero... quien lo diría que se volvería una hermosa historia de amor- respondió Edith.

Edith es una de las personas que creen firmemente en las historias de amor, tiene una pequeña biblioteca y la mayoría de sus libros son de romance.

Esperaba que encontrara a alguien que mereciera todo ese amor que mi dulce amiga buscaba.

La llamada terminó y dejé mi celular sobre la mesa.

Emmanuel me miraba curioso.

Quite mi mano de mi cabeza.

-Mis amigas quieren

La saber acerca de nuestra relación, creo que ellas deberían saber acerca de este asunto.

-No podemos hacerlo- dijo con un semblante serio.

-Nunca les he mentido y no pienso hacerlo- dije con el mismo semblante serio.

-Solo serán tres meses- dijo.

-Pero... pudiéramos hacer una excepción, Sebastián sabe acerca de nuestro falso compromiso- señalé.

-Génesis, no les digas a tus amigas acerca de esto- sabía que no tenía otra opción más que fingir que me había enamorado del ogro que tenía Justo en frente de mi.

-Esta bien, no les dire pero tendrás que conocerlas en persona- Lo señale con mi dedo.

El negó con su cabeza.

-Mis amigas son demasiado curiosas y ellas sabían sobre mi odio hacia ti.

-¿Todavía me odias?- preguntó.

Me encogí de hombros.

-Ya no me desagradas tanto- admití con una sonrisa.

Me levante de la silla y me dirigí a mirar el paisaje más de cerca.

-No entiendo porque te gusta tanto mirar esto- dijo señalando los edificios.

Sonreí.

-Simple, amo los paisajes siempre me han gustado pero no soy muy amante de la ciudad- admití.

Él me miro curioso.

-Me gustaría vivir en un lugar tranquilo, alejada de la ciudad- sonreí, imaginando mi lugar ideal.

Después de varios minutos, decidimos regresar de nuevo al trabajo.

Él se veía más relajado y no solo yo lo había notado, algunos de sus empleados lucían sorprendidos.

Emmanuel se puso a mirar los nuevos diseños y tomó un lápiz.

Decidí dejarlo solo, así se concentraría en lo que estaba creando porque estaba segura que él también había encontrado su inspiración.

Cambiando mi destino  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora