Capítulo XVI

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Sophia

Mi lado sensato me decía que debía dar media vuelta y regresar, pero no me caracterizaba por ser sensata. Exhalé y empuje la puerta del bar donde Ethan me estaba esperando.

Caminé con pasos inseguros sintiendo como mis piernas iban ganando peso con cada paso que daba hacia el interior. ¿Por qué había permitido que Anna me convenciera de hacer esto?

Suspiré hondo e intenté retomar el coraje mientras observaba mi reflejo las paredes espejadas del restaurante. Esperaba que el vestido blanco que finalmente había decidido usar, no develara lo mucho que me había preocupado por lucir bien. Era corto con tirantes, por lo que parecía lo suficientemente casual para una tarde soleada en Houston.

El ambiente en el interior era agradable y el fuerte olor a café me impregnó las fosas nasales. Intenté inhalar más profundo posible para que la cafeína que flotaba en el aire me volviese un poco más valiente. El aroma dulzón que llenó mis pulmones logró aplacar un poco mis nervios.

Mordí mi labio inferior y lo busqué con la mirada sobre las mesas vacías. Finalmente, lo encontré sentado de espaldas a mí.

Su mesa estaba ubicada al lado de un enorme ventanal y se encontraba mirando hacia el exterior con la mirada perdida. Su perfil me llenó la visión. Frente a él, había una taza y varios sobrecitos de edulcorante abiertos, por lo que deduje que había llegado hacía rato al lugar. Tenía el celular en la mano y golpeaba la esquina del aparato suavemente contra la mesa. Me sentí aliviada al notar que eso indicaba que estaba nervioso. Casi tanto como yo.

Me alenté a mí misma a tomar coraje y caminé hacia mi destino. Esto debía pasar alguna vez, pensé para tranquilizarme.

Una vez que llegué a la mesa, se puso de pie. Me miró expectante mientras yo dejaba escapar un suspiro. No estaba segura de cómo saludarlo, por lo que simplemente pronuncié un apenas audible hola. Sin nadie a nuestro alrededor, no había necesidad de disimular nada, y esto volvía la situación aún más incómoda.

Se mordió el labio y me respondió de la misma manera. Por un instante, me dejé perder en su mirada. Sus ojos aun eran igual de intensos y me estaban perforando la piel. Haciendo uso de toda mi fuerza de voluntad, controlé las ganas de arrojarme a sus brazos y tomé asiento antes que mis piernas comenzaran a temblar.

—Te pedí un café — me dijo y sentí que mi estómago se contraía.

Solamente pude asentir con la cabeza mientras buscaba con la mirada algo con que entretenme. El mesero llegó y dejó una taza de humeante café frente a mí. Le agradecí con una sonrisa y lo seguí con la mirada mientras se alejaba de nosotros.

A nuestro alrededor el bar estaba muy tranquilo. No había nadie más excepto nosotros, una pareja de ancianos sentados en el otro extremo y dos hombres ubicados en la barra tomando cerveza. Todos charlaban animadamente y sentí envidia sobre lo cómodos que se sentían con sus respectivas compañías.

No pude evitar que mi mente divagué hacia todos los posibles Si tan solo...

Si tan solo no me hubiera enamorado de él. Si tan solo él no hubiera tenido novia. Si tan solo él hubiera cumplido su promesa.

Me sentí orgullosa de mí misma por mantener la calma, porque no podía mentir y decir que no me hacía daño verlo. Todas las cosas que sentía por él no podían ser solo cortadas de una vez. Los sentimientos tomaban tiempo para desaparecer, así que todavía estaban aquí.  La única diferencia era que ahora se encontraban mezclados y arremolinados junto con un infierno de odio.

El sonido del celular me sacó de mis pensamientos y lo observé contestar la llamada.

Leí el nombre de Isabella en ella. Le di un sorbo a mi café y esperé a sentir el calor del líquido quemándome en la garganta.

Regresa ConmigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora