Sophia
Después de recibir el llamado de Ethan, puse el teléfono en silencio y lo dejé caer en la cama, a mi lado. Luego, me tapé la cara con las manos y me eché llorar.
¿Cómo es que las cosas habían resultado de este modo? De todos los escenarios posibles que mi mente había pasado noches enteras imaginando, este era, por lejos, el menos predecible de todos. Lo habíamos arruinado.
Nunca en mi vida me había sentido tan avergonzada. Cuando estaba cerca de Isabelle, había experimentado diferentes clases de sentimientos, celos, envidia, culpa, pero ahora debía agregar uno más, la vergüenza.
No sé cuántos minutos cargados de remordimientos habían pasado antes de que me dé cuenta de que alguien estaba tocando el timbre de mi departamento. ¡Maldición! Decidí ignorarlo.
Si no fuese porque el timbre no dejaba de sonar una y otra vez, habría permanecido escondida bajo las sábanas todo el día o toda la semana. Quizás toda la vida. ¡Dios! Qué patética. ¿Cómo permití que todo llegase tan lejos? ¿Cómo pude hacerle eso a Isabelle? Desde el mismo día en que me enteré de que Ethan tenía novia, debí haber dado vuelta de página, cerrado el libro y prenderlo fuego.
El timbre sonó una vez más. ¿Quién podría ser tan insistente?
¡Dios mío! ¿Y si era Ethan? Salté de la cama y corrí hacia la puerta con una velocidad que no creía posible, pero antes de girar el picaporte, me detuve en seco. ¿Y si era Isabelle?
No me extrañaría que quisiera venir a enfrentarme. Quizás me gritaría como yo lo había hecho con la rubia que se había acostado con Ryan. Si lo había, no podría culparla. Yo no era mejor persona que esa chica. Quizás era peor. Sí, mucho peor. Quizás esa chica no sabía que el maldito de Ryan tenía novia, pero yo sí, lo que me convertía en una zorra.
—Una maldita zorra —repetí las palabras en voz baja. ¿Qué pensaría mi abuela de mí? Ella no había criado a una zorra.
Retiré la mano de la perilla de la puerta. No estaba preparada para enfrentarme a Isabelle, así que retrocedí un paso. No sabía si debía ir a esconderme en mi habitación o finalmente abrir la puerta e intentar explicarle que entre Ethan y yo ya no había nada. Pero... ¿cómo iba a convencerla? Eran obvio que el problema no era el beso que ella había visto, sino toda la historia que se escondía detrás.
—Sophia, abre. Soy Ben.
No sabía si sentirme aliviada, preocupada o entrar en pánico. ¿Qué hacía acá? No podría ser bueno. Tomé un suspiro profundo y abrí la puerta. Por suerte la expresión de reproche que me esperaba encontrar no estaba dibujada en el rostro de Ben. Todo lo contrario, parecía confundido cuando me vio.
—El portero me dejó pasar —Fue su saludo. Luego, pasó junto a mí para dejar una bolsa sobre la mesa. —Vine a desayunar contigo, pero creo que no es un buen momento. ¿Has estado llorando?
Sacudí la cabeza. —No, no te preocupes. Me alegro de que estés aquí. Déjame preparar café.
Ben simplemente asintió y sacó una bandeja con algunas medialunas. Encendí la cafetera y me quedé observando como el café caía dentro de la taza. Cuando estuvieron llenas, las llevé a la mesa y me senté frente a él. Ben me miraba detenidamente, como si estuviese analizándome.
Intenté disimular una sonrisa y me concentré en la taza de café frente a mí. No sé cuánto tiempo me quedé inmóvil con la mente en blanco. No sé cuánto tiempo permanecí inmóvil con la mente en blanco, solo sabía que aún no era suficiente para permitirme asimilar la realidad de lo ocurrido. Una parte de mi mente, seguía abrigando la esperanza de que solo fuese un sueño. O una pesadilla.
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Regresa Conmigo
RomanceÉl rompió su corazón. Sophia no podía dejar de amarlo, pero sabía que nunca podría perdonarlo. Ahora estaba intentando olvidarlo y aprendiendo a vivir de nuevo. Continuando con su vida...hasta que ella descubre la verdad y pone a girar su mundo un...
