Sophia
El perfume que emanaba del pecho de Ethan me penetró las fosas nasales. No podía recordar un aroma más embriagador. Volví a inhalar. ¿Estaba soñando? ¿Realmente había pasado o nuevamente había sido un sueño elaborado donde acababa en los brazos de Ethan? Los había tenido con suficiente frecuencia.
—¿Cómo te sientes? —La voz de Ethan me trajo de regreso. Levanté la vista.
Sí, era real. —No lo sé, ¿y tú? —pregunté casi con miedo de escuchar su respuesta. Tragué saliva con fuerza en un intento por reprimir la culpa que comenzaba a picar en mi conciencia.
Ethan exhaló un fuerte suspiro. Me besó en la frente y con cuidado retiró su brazo que descansaba bajo mi nuca. Con movimientos lentos, casi como si tuviese miedo de romper la fragilidad que nos rodeaba, se levantó. Quizás aún estaba aturdida por todo lo que acababa de pasar, pero podría jurar que tenía frente a mí a un mismísimo dios griego. Solo recorrer su cuerpo con los ojos me provocaba taquicardias. Terminó de abrocharse el pantalón y se agachó para levantar la remera del piso.
—Quisiera haber encontrado la fuerza para que no pasara —dijo con tono sentido y aunque compartía su pensamiento, sus palabras dolieron.
—Me siento horrible —dije. Llevé ambas manos a mi cara y presioné con fuerza mis ojos. No quería llorar.
—Lo siento —dijo. Su cálido cuerpo volvió a sentarse junto a mí. No me atreví a verlo directamente a la cara. Noté como extendió el brazo en un impulso por tocarme, pero rápidamente se arrepintió. —¿No vas a mirarme?
No quería hacerlo. —Me siento avergonzada —respondí honestamente.
—No hay nada de que avergonzarse. Ambos queríamos hacerlo.
Cerré los ojos y maldije silenciosamente. ¿Por qué, Ethan? ¿Por qué me haces esto? No es justo.
—¿Estás molesta? —preguntó.
No estaba molesta. Esto no se trataba de eso. ¿Acaso no lo entendía? Debía protegerme.
—No estoy molesta. Estoy tratando de controlar mis emociones y mis sentimientos. Más que molesta, me siento frustrada. Y quizás algo molesta, pero conmigo misma.
No dijo nada. Me sentí aún más frustrada. Lo había dejado sin palabras. Por un lado, me sentí aliviada. Tal vez se iría y no tendría que seguir oliéndolo. Tan cálido y delicioso.
—Desearía que la situación fuese diferente, Soph. No quería lastimarte.
Finalmente, me giré para mirarlo. Ya tuvimos esta discusión. No quería tenerla de nuevo. —Lo sé. Ya me lo dijiste. Lo entiendo. —Comencé a girarme de nuevo, pero Ethan me agarró del mentón y gentilmente volvió a girar mi rostro hacia el suyo.
Parecía que iba a decir algo más, pero en su lugar, se mordió el labio.
Esto está muy mal, pero es muy bonito.No había otra forma de describir lo que sentía. Sabía que la forma en que me sentía en ese momento estaba mal, sabía que lo que deseaba que me hiciera en ese momento estaba muy mal, pero no hacía más que luchar contra la corriente.
Bajó de nuevo los dedos hacia mi mandíbula y, poco a poco, pasó la mano por detrás de mi nuca. Muy despacio, casi esperando mi reacción, me llevó hacia él y sin poder evitarlo, mi cuerpo giró en su dirección. Mi pecho y el suyo se encontraron y una fuerza poderosa recorrió todo mi cuerpo, pidiéndome a gritos que lo fundiese con el suyo hasta el último rincón una vez más.
Llevé mis manos hacia su cuello y apoyé las palmas sobre su piel caliente, sintiendo como el pulso de su corazón se aceleraba, pero no me detuve ahí. No podía. Subí los dedos y los hundí en su pelo. En ese preciso momento, sentía que habíamos vuelto a crear una burbuja a nuestro alrededor. Una burbuja que nos alejaba del mundo exterior y de la realidad.
Su aliento con aroma a café golpeó mis labios y su respiración comenzó a acelerarse cada vez más para acoplarse con la mía. Nuestras narices se tocaron en una danza imaginaria y el sonido que dejé escapar de mis labios hizo que Ethan se abalanzara a cubrirlos con los suyos en busca delalivio que ambos anhelábamos con tanta desesperación.
Una de sus manos bajó con brusquedad por mi espalda aún desnuda, mientras que la otra seguía en mi nuca. Me sujetaba con fuerza, obligándome a acercarme más. Nuestras lenguas se encontraron en un vaivén descontrolado y los gemidos que salían de su garganta se fundían con los míos.
Nos detuvimos un segundo para tomar aire, pero volvimos a repetir el beso con menos titubeo y más desesperación. Una de sus manos aparta la remera con la que había intentado cubrirme el cuerpo unos minutos atrás y su boca se dirige directamente hacia mi pezón palpitante, pero cuando parecía que volveríamos a ceder ante el deseo incontrolable que se apoderaba de nosotros, su teléfono celular sonó en el bolsillo de su pantalón.
Fue como si un alfiler filoso explotara la burbuja que habíamos creado. ¡Pum!
Se separó de mí y tomó su celular. No hizo falta que me dijera quién le había enviado el mensaje. La expresión en su rostro era demasiado reveladora. Junté mis rodillas y las abracé contra mi pecho.
Ninguno de los dos dijimos nada. Ethan se aclaró la garganta y contestó el mensaje. Luego, volvió a guardar el teléfono en el mismo bolsillo y me miró. Sus ojos penetrantes me atravesaron.
—No puede volver a pasar —dijo con tono frío.
Tardé unos segundo en procesar sus palabras. Lo miré intentando descifrar su rostro, pero su actitud era indescriptible. Se veía enojado. Esperé unos segundo más antes de pararme para comenzar a vestirme.
Una mezcla de emociones descontroladas me invadió.
—¿Piensas que quiero que vuelva a pasar? —respondí con evidente rabia.
Sus ojos revelaron que se dio cuenta del error que había cometido. Suspiró hondo.
—No es a lo que me referí. No te estoy culpando.
—Se oyó así. Así que te lo diré lentamente para que me entiendas. No quiero ser tu amante. No lo seré. —remarqué cada una de las palabras.
Sonrió, pero no era una sonrisa de alegría. Los nervios y la angustia afloraba detrás del gesto. —Sabes que no te pediría eso.
—No, no lo sé.
—Maldición, no quiero volver a discutir. Perdona si me expresé mal. También la estoy pasando mal. También tengo sentimientos. También quiero dejar a Isa y comenzar algo contigo, porque sé que juntos funcionaríamos. Porque me encantaría darnos una oportunidad, pero no puedo. No puedo hacer eso. Tanto como deseo hacerlo, no puedo. —Escupió cada una de esas palabras casi sin respirar.
Terminó de vestirse. Cada uno de sus movimientos eran casi violentos. Tomó las llaves del auto que había dejado sobre la mesa y se dirigió hacia la puerta, pero antes de abrirla, se detuvo.
No se giró. Suspiró hondo para controlarse.
—Soy demasiado débil cuando te tengo cerca. A eso me refería. Yo no podré evitarlo, por eso te piso que seas tú.
Dicho eso, se fue, sin más, dejándome petrificada en mi lugar. Sus palabras galopeaban a mi mente y en mi corazón. ¿Cómo me repodría después de esto?
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Regresa Conmigo
RomanceÉl rompió su corazón. Sophia no podía dejar de amarlo, pero sabía que nunca podría perdonarlo. Ahora estaba intentando olvidarlo y aprendiendo a vivir de nuevo. Continuando con su vida...hasta que ella descubre la verdad y pone a girar su mundo un...
