Capítulo XXVI

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Sophia

Anna y yo estábamos sentadas en la barra de un bar con dos copas de vino y una botella de Merlot frente a nosotras. Había sido una larga semana. Trabajar e intentar terminar mi tesis final al mismo tiempo no había sido una buena idea, pero finalmente lo había conseguido. Ahora solo debía esperar el resultado y la esperanza de que mi futuro podría a ser un poco más prometedor comenzaba a divisarse en el horizonte.

Habían pasado tres meses desde la última vez que había visto a Ethan y comenzaba a sentir que la herida empezaba a cicatrizar. No supe nada más sobre él, aparte de lo que leía en Internet o de los comentarios que Anna deslizaba de vez en cuando, pero así era mejor. Tampoco sabía qué habían pasado entre él e Isabelle, pero suponía que lo habían solucionado. Después de todo, él la había elegido a ella, y aunque el motivo podría ser cuestionable, también creía que era lo correcto.  

Solté un suspiro. Pensar en Ethan siempre me hacía sentir melancólicas. Era un hábito del que no podía deshacerme con tanta facilidad, pero había comenzado a notar que lo hacía con menos frecuencia y que la sensación de angustia era cada vez menor. Parecía que aún había esperanza para mí después de todo. 

—Entonces, cuéntame sobre David —me preguntó Anna con una mirada cómplice.

—No sé de qué hablas. —Le fruncí el ceño.

—No te hagas la tonta —Insistió guiñándome un ojo.

Solté un suspiro y vacié mi copa. —En serio, no tienes remedio. Primero Ben y ahora David. Tus instintos de casamentera no podrían ser peores.

—¿Quién mencionó algo de casamiento? —Se rio, llenando nuevamente mi copa —Hablo de diversión. Te hace falta.

Le lancé una mirada asesina. Alzó las manos. —Perdón, pero es la verdad. Escucha, has tenido unas semanas caóticas. Es hora de dejarte ir y relajarte un poco. 

—David siempre se ha comportado como un caballero conmigo— aclaré. 

—¿Estás segura?

Suspiré hondo. David era muy considerado. Desde el momento en que nos conocimos, siempre se había comportado de forma muy agradable conmigo. Me tuvo mucha paciencia al comienzo cuando aún no lograba adaptarme al ritmo de su empresa e incluso no tuvo problemas en quedarse fuera de hora para ayudarme a entender bien el manejo del sistema de gestión y contabilidad de la oficina. Anna pensaba que estaba interesado en mí, pero deseaba creer que todo estaba en su mente.

Es decir, David era un hombre extremadamente atractivo y poderoso y no necesitaba a otro Ethan en mi vida. Al menos no por el momento.

Estaba a punto de responderle cuando el celular de Anna vibró sobre el mostrador. Solté una risita. 

—Nicholas, es la tercera vez que me llamas —le reprochó. —Sí, ya te dije. Estamos en el bar de siempre. Sí, lo sé. Sí, ya te oí. No, no te preocupes. Bye. 

Anna colgó, rodeando los ojos. Luego, tomó de nuevo un buen trago de su propia bebida. —Te lo juro, Soph. Nicholas es tan agotador.

Solté una risa sonora. —Vamos, Anna. Te encanta que sea así.

Anna sonrió. —Sí, puede que tengas razón. Me encanta hacer que se preocupe por mí.  

Solté un suspiro. —Eso es lo que busco para mí —me sinceré. 

Anna alzó su copa en el aire para brindar. —¡Salud por eso!—Luego, le hizo un gesto a la camarera —. ¿Tequila, está bien? 

Asentí. Cuando los vasos estaban frente a nosotras, brindamos y nos bebemos el contenido de un trago. Luego, Anna rio y pidió otra ronda.

—¿Sabes algo? Mi abuela tenía razón. El amor no es para mí —Para ese momento, los tragos de tequila me habían hecho efecto.

—Solo tuviste un poco de mala suerte.  

—¿Solo un poco?—Reí y apoyé mis codos sobre el mostrador. —Seamos sinceras, Anna. No he parado de tomar decisiones equivocadas. Las pocas cosas buenas que he conseguido ni siquiera han sido por mérito propio. Si no fuese por ti y Nicholas, ni siquiera tendría trabajo. 

—No sé por qué te sientes así —dice Anna—, pero tienes que dejar de hacerlo. Nunca nos has pedido nada. Eres mi amiga y te adoro. Además, no deberías menospreciarte. Sí, quizás Nicholas te recomendó para que David te diera una oportunidad, ¿pero crees que te hubiese dado el puesto en principio y te hubiese ascendido solo porque tienes una cara bonita? Es decir, David puede ser un galán, pero ante todo es un empresario y su empresa no es un juego para él. Eso tenlo por seguro. 

Suspiré hondo. —Puede que tengas razón. 

—¿Puede? Claro que tengo razón. Eres una persona muy inteligente, Soph, con cualidades muy valiosas. Dios sabe lo mucho que Nicholas quiere llevarte de regreso a la empresa. ¿Tienes idea del caos que es la empresa desde que Ethan dejó de ser nuestro CEO?

Ethan. 

—Dios mío, escuchar su nombre aún me hace doler el estómago. —Me tapé la boca con una mano. ¡Ups! No había querido decir eso en voz alta.

Anna se rio. —Es el efecto Jameson. Somos inolvidables —bromeó. 

—Muy graciosa —le respondí, haciendo con un gesto. 

—¿No se comunicó contigo? —Negué con la cabeza. —Mi hermano es una gran cabeza dura —dijo, exhalando un suspiro. 

—Es mejor así. Es decir, ¿para qué me llamaría? No quiero causarle más problemas con isa.

Anna se mordió el labio. —Escucha. Sé que hice la promesa de no interferir, pero no puedo no decir nada. No lo dije antes porque quería darle tiempo a mi hermano para que solucione sus asuntos, pero ya es demasiado. Ser espectadora no es lo mío.

—¿Puedes ser más clara? No te entiendo. 

—Ethan no está con Isa.

Tragué saliva, nerviosa, y la miré a los ojos. —¿No lo perdonó?

—Por lo que Ethan me contó, Isa entendió lo que ocurrió y lo perdonó. 

Fruncí el ceño. —No te entiendo. Si dices que lo perdonó, ¿por qué antes dijiste que no están más juntos?

Anna suspira pesadamente. —Lo perdonó por lo que pasó contigo, pero eso también le sirvió para abrirle los ojos y pensar en por qué seguían juntos. Al parecer, Anna sentía que Ethan la estaba asfixiando o algo así. Simplemente, no encontró una buena razón para reconciliarse él.

Me llevo ambas manos a la cara, absolutamente perpleja por lo que Anna acaba de revelar. 

—No sé cómo sentirme al respecto —dije sincera. 

—Sé que debí decírtelo antes, pero esperaba que mi hermano fuese quien te lo dijera.

—No creo que tu hermano quiera que lo sepa —dije, y un sabor amargo recorrió mi garganta. Quizás, Ethan ya me había dejado atrás para siempre. Era la única explicación que mi mente podía imaginar en ese momento. El dolor en mi pecho se hacía cada vez más evidente, pero tragué saliva con fuerza. 

—No entiendo a ese tonto —murmuró Anna, llevando su copa a la boca. 

Sonreí pretendiendo que mi corazón no estaba roto en mil pedazos de nuevo.



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