Capítulo XXIII

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Ethan 

La mañana siguiente me encontró dormido en el sofá. 

Después de despedirme de Sophia, había regresado al salón para encontrarme con Isabelle sintiéndose mal, así que volvimos de inmediato al departamento. No quiso que la llevase a la guardia del hospital y, en su lugar, fue directo al dormitorio argumentando que necesitaba dormir y descansar.

Yo me había quedado en el living deambulando de un lado a otro. Me sentía extraño. Por un lado, una parte de mí se sentía en paz porque había logrado despedirme de Sophia como deseaba y había sido completamente honesto respecto amis sentimientos con ella. La amaba, pero no podía elegirla. Por otra parte, la salud de Isabelle no dejaba de preocuparme y su comportamiento no me gustaba. Estaba distante y sabía que estaba molesta. Me había atrapado viendo a Sophia durante la ceremonia y aún no habíamos hablado al respecto, pero sabía que eso la había afectado. Era un tema que deberíamos hablar y me tenía inquieto.

Me serví un vaso de whisky y me senté en el sofá. Tomé mi laptop y me puse a revisar unos documentos. En momentos así, solo el trabajo lograba calmar mis nervios. 

En algún momento de la madrugada, debí quedarme dormido. Miré mi reloj.

Eran las dos de la tarde. ¿Cómo había podido dormir tanto? Me levanté deprisa y me dirigí al dormitorio. Necesitaba ver cómo seguía Isabelle, pero cuando abrí la puerta mi corazón se detuvo. 

No estaba. 

Recorrí el dormitorio con la mirada. Todo estaba ordenado. ¿En qué momento se había levantado? ¿Cómo no la escuché? ¿A dónde se había ido? Intenté no entrar en pánico. Quizás, había salido a dar una paseo.

Una segunda inspección por la habitación me hizo descubrir una nota sobre la mesa de noche.

Ethan, te vi con Sophia en el estacionamiento. Desearía que me lo hubieses dicho.

Me llevé las manos a la cabeza y empecé a recorrer la habitación vacía de un lado a otro mientras intentaba pensar en cómo deshacer lo que había hecho, pero Isabelle nos había visto. 

¿Por qué fui tan descuidado, maldición? 

Había vivido veintisiete años sin experimentar jamás lo que estaba sintiendo en ese momento, una clase de odio que anula la conciencia por completo y que se siente en cada punto del cuerpo. Jamás lo había experimentado hasta ese momento. Nunca había odiado nada ni a nadie con tanta  intensidad como me odiaba a mí mismo.

Tomé mi celular e intenté llamarla. Su celular sonó tres veces, pero no me atendió. Sabía que estaba dolida y que debía odiarme, pero tenía que escucharme. Lo intenté una vez más sin éxito. 

Cerré los puños con rabia y golpeé la pared preguntándome de nuevo por qué rayos había salido detrás de Sophia. Podía haber hablado con ella en otro momento. ¿Por qué había sido tan estúpido?

 Tomé mi celular, pero esta vez marqué el número de Sophia. 

—¿Ethan? —Su voz me indicaba que aún estaba dormida. Me quedé sin palabras por un momento. —¿Qué ocurre? ¿Pasó algo? —La preocupación ya era evidente en sus palabras.

—No. Sí. Maldición.

—Ethan, ¿qué ocurre?

—Por las dudas, ¿Isabelle no intentó ponerse en contacto contigo?

—No, Erthan. ¿Por qué lo haría? Me estás preocupando.

—Nos vio, anoche. 

Sophia dejó escapar un sonido agudo. —Dios mío. ¿Ella...?

—Se fue. No está en el departamento y estoy desesperado. No entiendo cómo pude ser tan descuidado.

—Yo... No sé qué decir...

—No hace falta que digas nada. Perdón por despertarte. Adiós.

—No, Ethan. Aguarda...

Peor no la dejé terminar. Corté la llamada. Necesitaba enfocarme en encontrar a Isabelle.

Le escribí un mensaje de texto y aguardé su respuesta. Luego de varios minutos, la pantalla de mi celular se iluminó.

No tenía la más mínima intención de seguirte, pero luego de ver cómo mirabas a Sophia, no pude evitarlo. De hecho, esta no era la primera vez que te he visto observarla. No soy tonta. Intuí que te gustaba, pero no pensé que había llegado tan lejos. Por favor, dame tiempo para asimilarlo.  Me pondré en contacto contigo cuando esté preparada para hablar, dentro de unos días.

¿Unos días? No podía creer que estuviese hablando en serio. No resistiría unos cuantos días así. Tendría suerte si sobrevivía al día de hoy, sabiendo que la había lastimado, no solo a ella, sino también a Sophia, de nuevo. 

Golpeé la pared de la habitación una vez más. Maldición, ni el dolor en los nudillos se comparaba con la presión que sentía mi corazón en ese momento. Volví a tomar mi celular para responderle.

Te daré todo el tiempo que necesites. Sabes que te quiero y estoy dispuesto a sincerarme contigo. Sé que estás dolida y sé que te he traicionado, pero por favor... no hagas ninguna locura. Encontré la bolsa con tus remedios aquí. 

Esta vez, su respuesta no tardó.

¿Es lo único que te importa? Conseguiré otros en una farmacia. 

Luego de eso, me bloqueó porque ya no pude mandarle más mensajes ni llamarla.

 Maldición. Derrotado, me dirigí al living y me serví un vaso de whisky. Pero no alcancé a beberlo, sino que lo arrojé con rabia contra el piso. Miré como el líquido se desparramaba sobre la alfombra y los restos de vidrio titilaban esparcidos por todo el lugar. ¿Me sentía mejor? Diablos, no. Romper cosas no solucionaría nada. Necesitaba calmarme.

Esquivando los restos de cristal roto, me dirigí al baño. Esperaba que una ducha me ayudara a despejar la mente y a pensar en calma qué pasos seguir a continuación. 

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