Capítulo XII

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Sophia

Llegué al club pasada las diez de la mañana. Pasé  la puerta principal y busqué dentro de mi cartera el pase de miembro que Anna me había dado para darle al portero. No estaba segura de si esto era una buena idea, pero necesitaba distraerme. No solo tenía que encontrarle un camino a mi vida, sino que tendría que lidiar con el hecho de que vería a Ethan e Isabelle mucho en estos días. No dejaría que eso me tirase al piso. Era más fuerte, o quería serlo.

Ethan me había roto el corazón, pero Ryan ya había hecho una herida. Las desilusiones amorosas no debían ser una novedad para mí. Estaba destinada a fracasar en el amor.

Primero Ryan. Atraparlo con su amante fue el primer golpe. El segundo fue darme cuenta de que yo no había significado absolutamente nada para él. Solo un pasatiempo. Nada sobre mí era especial.

Lo terminé de comprobar con Ethan, aunque no solo había sido un pasatiempo para él.... fui un desafío. Una vez que obtuvo lo bueno, había terminado. Mi abuela siempre me había advertido sobre chicos como él. Estaría tan decepcionada si pudiera verme ahora. Lo más decepcionante icluso era que Ethan no solo había destrozado mi corazón, sino también mi moral. Por él, había cruzado una línea que juré nunca cruzaría... había traicionado a otra chica. El hecho de que Isabelle no lo supiera, no lo hacía menos cruel, ni me restaba culpa.

Negué con la cabeza.

No quería pensar en eso ahora. Solo me hacía sentir peor y me había prometido a mí misma la noche anterior antes de dormirme cubierta en lágrimas que, a partir de hoy, sería diferente. Sería  fuerte y lo superaría. No seguiría pensando en los errores que cometí, ya el karma se ocuparía de ellos cuando llegase el momento... siempre lo hacía.  Sentir lástima por mí no me llevaría  a ninguna parte.

La abuela siempre decía—: Sophia, más te vale mantener esa cabeza en alto y no dejar que te vean caer. Muéstrales el acero en esa columna vertebral. No estoy criando a una princesa sumisa. Estoy criando a una mujer. Una mujer trabajadora y autosuficiente. ¿Me escuchas?

Sí, abuela. Sería esa mujer.

Giré en la entrada y saludé al chico del valet. Metí la mano en el asiento de atrás y tomé la raqueta que Anna me había prestado antes de que me abriera la puerta.

—Buenos días, señorita —dijo con una sonrisa amistosa. Su largo cabello castaño cayó sobre un ojo y lo metió de nuevo detrás de la oreja.

—Buenos días —le contesté, devolviéndole la sonrisa—. Soy nueva aquí. ¿Me puedes decir dónde puedo encontrar las canchas de tenis?

Asintió. —Vaya a la entrada principal de aquí. Tome la primera a la izquierda y baje las escaleras. Verá las canchas al frente.

Eso sonaba bastante fácil. —Gracias — le respondí, entregándole las llaves del auto.

—¿Puedo ver su tarjeta, señorita? Tengo que registrar su coche en el sistema.

Asentí y se la entregué. La leyó rápidamente y la paso a través de un lector de tarjetas antes de entregármela de nuevo. —Háganos saber cuándo esté lista para retirarlo, Señorita Brooks —contestó.

—Gracias. —Pensé en decirle que me podía llamar Sophia, pero no tenía sentido.

Me dirigí al interior. El hecho de que sabía que no iba a tropezarme con Ethan porque no solía frecuentar el club fue el mayor alivio. Un hombre con el uniforme del club me abrió la puerta y seguí las instrucciones del valet hacia las canchas de tenis.

Una chica en un vestido demasiado formal para la mañana se detuvo frente a mí. Una lenta sonrisa tocó su cara. Llevaba el cabello rubio recogido en una coleta alta y resultaba obvio que no era una empleada del lugar. Algo en ella me resultaba familiar.

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