Ethan
La situación parecía un déjà vu. Habían transcurrido setenta y dos horas. Tres días.
No había llamado a Isabelle desde que regresé de Houston porque quería darle su espacio. Además, también necesitaba pensar. Sin embargo, ya había llegado a mi límite. La preocupación no me dejaba dormir por la noche. Mi mente era un remolino de imágenes que se alternaban entre Sophia e Isabelle y mi estómago estaba tan apretado por la culpa que casi no podía respirar.
Ya no podía seguir así. Tomé el celular y le escribí.
¿Estás lista para que hablemos?
Clavé la mirada en la pantalla mientras espero su respuesta. Quería saber si estaba bien.El hecho de que, casi con toda seguridad, la estaba pasando muy mal me mataba por dentro.
Nunca lo estaré, pero hay que hacerlo. Ven a mi departamento esta noche.
Aunque estaba ansioso por verla y arreglar las cosas, el hecho de verla destrozada me calaba el pecho.
Perfecto. Iré al salir de la oficina.
Cuando llegué al edificio, el portero del estacionamiento me reconoció de inmediato y me dejó pasar sin problemas. Salí del coche y tomé el ascensor hasta su piso. Luego, toqué timbre y esperé.
Tras varios largos segundos, Isabelle abrió la puerta y me dirigió una breve mirada al tiempo que se hacía a un lado para dejarme entrar. En el coche, mientras venía hacia aquí, me la había imaginado con el pelo hecho un desastre, los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, vestida con su pijama a cuadros y pañuelos descartables en la mano.
El aspecto típico de una chica con el corazón roto.
No sé qué era mejor. Si lo que me había imaginado o lo que me encontré en realidad. Llevaba un vestido a la rodilla que nunca le había visto antes, el cabello perfectamente peinado y los ojos maquillados con sutileza. No había lágrimas y ni pañuelos descartables desparramados por el piso.
— Parece que hubieses visto un fantasma — me dijo mientras me dedicaba una pequeña sonrisa y cerraba la puerta.
Me sentí torpe. —Todo lo contrario.
—Te sorprendes, ¿no? — Esta vez, el tono de su voz era más áspero —Parece que sí puedo sobrevivir sin ti.
—Isabelle...
—Sí, lo siento. Me prometí a mí misma que no íbamos a discutir.
Tomé un largo suspiro y en lugar de responder la rodeé con mis brazos y la atraje contra mi pecho. No se resistió. Me devolvió el abrazo y pude sentir como su cuerpo se relajaba. En cuanto apoyé mi mejilla en su cabeza, sentí que contuvo un sollozo. Esta era la Isabelle a la que estaba acostumbrado. La Isabelle vulnerable, la que me necesitaba.
Sin embargo, luego de apenas algunos segundo, se aparta de mí y se limpia las lágrimas.
—Toma asiento —me dice con un aire tan frío que me hiela la sangre. —Preparé café., pero si prefieres, también tengo té. Dios, estaba tan nerviosa que no sabía qué hacer mientras te esperaba.
La miré frunciendo el ceño. ¿Qué estaba haciendo? ¿A qué estaba jugando? Tomé un largo suspiro. —Café está bien. —Decidí seguirle el juego.
Tomé asiento en el gran sofá que estaba frente al ventanal y esperé. Luego de unos minutos, Isabelle trajo una bandeja con dos tazas de café y se sentó junto a mí, pero manteniendo una distancia razonable.
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Regresa Conmigo
عاطفيّةÉl rompió su corazón. Sophia no podía dejar de amarlo, pero sabía que nunca podría perdonarlo. Ahora estaba intentando olvidarlo y aprendiendo a vivir de nuevo. Continuando con su vida...hasta que ella descubre la verdad y pone a girar su mundo un...
