Capítulo XXVII

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Ethan

El resplandor de las luces tenues iluminaba el elegante salón del evento benéfico, mientras la música suave flotaba en el aire, creando una atmósfera de sofisticación y compromiso. Me encontraba allí, en medio de la multitud, con un traje impecable y una sonrisa profesional pintada en el rostro. La verdad era que preferiría estar en cualquier otro lugar en ese momento, pero como representante de la empresa, la asistencia a este tipo de eventos era más una obligación que una elección.

Mis ojos vagaban por la sala, escaneando caras desconocidas y conversaciones formales. Fue entonces cuando la vi, en una esquina del salón, radiante y elegante como siempre. Isabella estaba inmersa en una charla animada con algunos invitados. Aunque el tiempo había pasado desde nuestra separación, no pude evitar sentir un nudo en el estómago al verla.

Decidí acercarme, tratando de mantener mi compostura. Mientras me dirigía hacia ella, observé cómo su cabello había crecido y ahora caía ondas suaves sobre sus hombros, destacando su belleza natural. No pude evitar recordar los momentos que compartimos, las risas, las lágrimas y todo lo que alguna vez nos unió.

Hola, Ethan—Su voz, tan familiar, resonó en el aire cuando me acerqué. Sus ojos, todavía llenos de chispa, se encontraron con los míos. —No esperaba verte aquí.

Emití una pequeña sonrisa. Sabía a la perfección que odiaba asistir a este tipo de eventos. —No tuve alternativa. Es un evento importante para la empresa y Nicholas no podía asistir.

Frunció el ceño.—Pensé que había dejado la empresa de tu padre.

—En cierto modo aun formo parte de la junta.

Asintió. —Entiendo.

Por un momento, el silencio pesó entre nosotros. Recordé los días en que nuestras conversaciones fluían sin esfuerzo, pero ahora, cada palabra parecía cargada de nostalgia y distanciamiento.

—¿Cómo has estado? —preguntó Isabelle, rompiendo la quietud con una mirada expectante.

—Bien, ocupado con el trabajo y esas cosas —contesté, evitando su mirada directa.

Sus ojos buscaron los míos con una mezcla de tristeza y confusión.

—¿Viniste solo? —inquirió, su voz apenas más que un susurro.

Tomé un sorbo de mi copa de champán, sintiendo el calor amargo en mi garganta. Miré a Isabelle con sinceridad.

—¿Te refieres a Sophia? No la he visto —Hice una pausa—desde ese día.

La respuesta pareció no satisfacerla del todo, y noté cómo sus labios temblaban antes de que reuniera el valor para hacer la siguiente pregunta.

—¿Por qué no están juntos?

La sinceridad era lo único que podía ofrecerle en ese momento.

—Isabelle, lo nuestro... ya no es lo mismo. Nosotros dos cambiamos, evolucionamos por caminos diferentes. Y sobre ella, bueno, es complicado. Me importa mucho, pero no sé si merezco estar con alguien así.

Isabelle asintió, procesando mis palabras con una expresión triste.

—Entiendo. Lo nuestro... —sonrió con cierta melancolía—. No tiene caso mencionarlo. El tiempo nos llevó por senderos distintos. Pero, ¿por qué no te sientes merecedor? ¿Acaso no mereces ser feliz?

—¿Tú eres feliz? —me apresuré a preguntarle, casi como un acto inconsciente de defensa.

—Intento serlo.

Sus palabras resonaron en mi interior, y supe que había llegado el momento de enfrentar mis propios miedos y dudas.

—Es complicado, Isabelle. A veces, pienso que no he sido lo suficientemente bueno, que no he hecho lo necesario para merecer esa felicidad. Pero estoy tratando de cambiar eso.

La confesión flotó en el aire, creando un vínculo entre nosotros, aunque diferente al que alguna vez compartimos. Isabelle sonrió con comprensión, y aunque las sombras del pasado se asomaron en sus ojos, había un atisbo de aceptación.

Estaba a punto de decir algo pero fue interrumpida cuando un chico la tomó de la cintura con una seguridad que me hizo dudar por un instante.

—Aquí estabas —Se disculpo con Isabelle —.Te busqué por todas parte.

El rostro de Isabelle se iluminó con una sonrisa genuina. —Lo siento. Me entretuve charlando —Se disculpó y sus ojos se posaron en mí.

—Chris, quiero presentarte a Ethan. Ethan, él es Chris, un buen amigo.

—Mucho gusto, Ethan. Isabelle me ha contado mucho sobre ti —dijo Chris con una sonrisa amistosa.

Asentí con una sonrisa, pero mi mirada se desvió hacia Isabelle, quien ahora compartía risas y complicidad con su nuevo compañero. La sensación de desconcierto creció mientras observaba cómo el tiempo no solo nos había distanciado, sino que también había traído a alguien más a su vida.

Charlamos brevemente sobre trivialidades, evitando cualquier rastro de nostalgia. Mientras hablábamos, no pude evitar notar cómo su vida había progresado desde que decidimos tomar caminos separados. Su carrera estaba en ascenso, su sonrisa era genuina y su energía radiaba confianza.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de algo crucial. Aunque una vez fuimos una parte significativa en las vidas del otro, el tiempo nos había llevado por caminos diferentes. Ella estaba floreciendo, creciendo sin la sombra de lo que fuimos. Y, en el fondo, me alegraba por ella.

—Debemos ir a saludar a otros invitados —mencionó ella, interrumpiendo mis pensamientos.

Asentí y volví a estrechar la mano de Chris en despedida. Isabelle sonrió y dio un paso hacia adelante para saludarme.

—Fue bueno verte, Ethan —Dijo con una sonrisa mientras y acercaba a dejarme un beso en la mejilla. Cuando estuvo lo suficiente cerca, murmuró:

—Todos merecemos ser felices, Ethan. Incluido tú.

Y en ese instante, supe que aunque el amor entre nosotros hubiera cambiado, el cariño perduraría como un lazo indeleble, recordándonos los capítulos compartidos en nuestra historia.

La observé alejarse y no pude evitar reflexionar sobre la vida y el curso que tomamos después de nuestra separación. Quizás, en medio de este evento que inicialmente había considerado una carga, estaba descubriendo que era el momento de dejar atrás el pasado y dar paso a nuevas oportunidades. La vida seguía su curso, y quizás, al final, ambos encontraríamos la felicidad que merecíamos por separado.

Vacié el contenido de mi copa y consideré que era el momento de retirarme. Me dirigí hacia la salida, cruzando discretamente el salón. Justo cuando estaba a punto de abrir la puerta y sumergirme en la quietud de la noche, algo capturó mi atención. Entre la multitud, distinguí una figura que destacaba por su elegancia y gracia.

Sophia.

El nombre resonó en mi mente como una melodía olvidada. Hacía tres meses que no la veía, y la sorpresa de encontrarla allí, en aquel evento, fue tan impactante como un destello inesperado. Acompañada por un grupo de personas, Sophia irradiaba una belleza que desafiaba la definición convencional. Su sonrisa iluminaba la habitación, y por un momento, olvidé mi deseo de abandonar el lugar.

Mis pasos vacilantes me llevaron hacia ella, y cuando finalmente estuve a su lado, me miró con sorpresa.

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