Ethan
—Sophia —pronuncié su nombre con un susurro, como si temiera romper el encanto de aquel momento. Su expresión de sorpresa se desvaneció para dar paso a una cálida sonrisa, como si hubiera estado esperando mi llegada.
—No creí que te encontraría aquí — murmuré, tratando de ocultar mi propia sorpresa.
Ella rio, un sonido que me resultaba tan familiar y reconfortante. —La vida tiene maneras curiosas de cruzar nuestros caminos, ¿no crees?
Asentí, incapaz de apartar la mirada de sus ojos, que brillaban con una mezcla de alegría y algo más que no podía identificar. —Ha pasado tiempo.
—Tres meses —dijo ella, como si el tiempo entre nosotros fuera un detalle insignificante.
El bullicio del evento parecía desvanecerse a nuestro alrededor, dejándonos a solas en una burbuja de complicidad. Las personas que estaba con ella, conscientes de la conexión entre nosotros, se desplazaron discretamente, dándonos espacio.
—¿Cómo has estado? —preguntó Sophia, con una mirada profunda que parecía explorar mi alma.
Tragué saliva. —Bien. ¿Y tú? ¿Cómo has estado?
Ella suspiró, como si llevara consigo secretos que estaba a punto de revelar. —Ha sido interesante. Cambios, descubrimientos... y algunas sorpresas inesperadas, como esta.
Nuestros cuerpos se encontraban tan cerca que podía percibir la suave fragancia de su perfume. La complicidad entre nosotros era palpable, como un hilo invisible que nos unía incluso después de tanto tiempo.
—¿Bailas? — pregunté, extendiendo mi mano hacia ella.
Dudó por un instante, pero asintió. Nos dirigimos hacia la pista de baile, donde la música lenta creaba un ambiente perfecto para perderse en el abrazo del otro. Bailamos en silencio, dejando que nuestros cuerpos hablaran el lenguaje que nuestras palabras no podían expresar.
El tiempo pareció detenerse mientras nos movíamos juntos, y en cada giro y abrazo, sentí que estábamos reconstruyendo puentes que el tiempo había intentado desgastar. Sophia descansó su cabeza en mi hombro, y en ese instante, supe que este encuentro no era casualidad; era una segunda oportunidad, una posibilidad de retomar lo que el destino parecía querer unir.
Cuando la canción llegó a su fin, nos quedamos inmóviles por un momento, como si ninguno de los dos quisiera romper el hechizo. Sophia levantó la mirada, y en sus ojos encontré la respuesta a preguntas que ni siquiera había formulado.
—Hora de irnos —le dije con determinación.
Me miró sorprendida. —Pero... mi jefe y...
—No importa. Dave entenderá. —Mis palabras eran decididas, y mi mirada buscaba la suya con intensidad.
Ella asintió, comprendiendo la seriedad de mis palabras. Juntos, abandonamos la pista de baile y nos dirigimos hacia la salida del elegante salón. El aire fresco de la noche nos envolvió cuando salimos a la terraza, proporcionándonos un respiro del bullicio de la fiesta.
—¿A dónde vamos? —preguntó, su mano entrelazada con la mía.
Sonreí con complicidad. —A un lugar más tranquilo, donde podamos hablar sin interrupciones.
Caminamos juntos por las calles iluminadas, sumergidos en un silencio que gritaba sentimientos ensordecedores. La química entre nosotros era innegable, como si el tiempo no hubiera pasado y nuestras almas se reconocieran de inmediato.
Encontramos un acogedor café que aún estaba abierto. Nos acomodamos en un rincón apartado, donde la luz tenue y el suave murmullo de fondo proporcionaban el escenario perfecto para nuestro reencuentro.
—No puedo creer haberte encontrado aquí —confesó Sophia, su mirada fija en la taza entre sus manos.
—La sorpresa fue mutua —admití—. Pero creo que hay razones más profundas para nuestro encuentro.
Ella levantó la mirada, sus ojos buscando los míos. —¿Anna? —preguntó, con una sonrisa.
No pude evitar sonreír. —Además de Anna. ¿Crees en las segundas oportunidades?
—Sí, creo que algunas conexiones son tan fuertes que el destino nos da otra oportunidad para hacerlas realidad.
En ese momento supe que estábamos en la misma página. Habíamos compartido un pasado complicado, pero ahora teníamos la oportunidad de escribir un nuevo capítulo juntos.
La conversación fluyó como un río tranquilo, llevándonos a lugares emocionales que habíamos evitado en el pasado. Compartimos risas, confesiones y sueños que se entrelazaban de manera perfecta. Era como si nuestros corazones estuvieran sincronizados, latiendo al unísono después de tanto tiempo.
Al final de la noche, cuando cerraron el café, nos encontramos de pie en la calle, sintiendo la conexión que se había fortalecido con cada palabra compartida. La ciudad dormía a nuestro alrededor, pero nosotros estábamos despiertos, viviendo el momento que el destino nos había regalado.
Desvié mi mirada hacia ella. Me estaba sonriendo, y por primera vez desde el día en que nos conocimos, nos miramos sin rastro alguno de culpabilidad, sin indicio de preocupación, arrepentimiento ni vergüenza.
Me echó los brazos al cuello y la atraje hacia mí hasta ocultar el rostro en su pelo. Mantuve su cabeza firmemente pegada a mi cuerpo y cerré los ojos. Nos aferramos el uno al otro como si temiéramos separarnos. Cuando levantó la cabeza, supe que nunca antes había visto una mirada tan hermosa.
—Estoy completamente enamorado de ti, Soph —le confesé. —Estoy perdidamente enamorado de ti.
—Y yo de ti.
Cuando la última palabra abandonó sus labios, la atrapé con la boca. Desde el preciso instante en que me había alejado de sus labios, no había hecho otra cosa más que pensar en volver a saborearlos. Sophia me estrechó entre sus brazos mientras la besaba intensamente.
La besé de todas las formas en que se me ocurría besarla, porque tenía la intención de amarla de todas las formas posibles. Este beso compensaba todas las lágrimas, todo el dolor, todo el sufrimiento, todo el esfuerzo y toda la espera.
Ella valía todo eso.
Valía mucho más.
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Regresa Conmigo
RomanceÉl rompió su corazón. Sophia no podía dejar de amarlo, pero sabía que nunca podría perdonarlo. Ahora estaba intentando olvidarlo y aprendiendo a vivir de nuevo. Continuando con su vida...hasta que ella descubre la verdad y pone a girar su mundo un...
