Capítulo IV

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Sophia

Ben era todo lo que Ethan no. Relajado, desestructurado y me hacía sentir atractiva. No decía cosas malas que hirieran mis sentimientos y, lo más importante, no estaba acompañado por otra mujer. Se encontraba conmigo y era muy agradable. Por tonto que sonase, me gustaba volver a sentirme deseada. Entonces, ¿por qué seguía mirando a Ethan?

—¿Quieres algo de beber? —preguntó Ben a mi lado, sacándome de mis pensamientos.

Arranqué mi mirada de Ethan y giré hacia mi acompañante. —En realidad no. A menos que tú quieras —le contesté. En serio no quería ir a ninguna parte cerca de la barra. Estar lejos de Ethan era lo mejor.

—¿Estás bien? Pareces deprimida. —La preocupación en la voz de Ben era evidente.

No podía decirle exactamente que mi corazón había sido dañado cruelmente por su primo y que me estaba muriendo por dentro con solo verlo. —Sólo estoy un poco cansada. Lo siento. Voy a tratar de lucir más animada.

—La decoradora hizo un trabajo fantástico. Este lugar luce mágico, muy romántico —señaló, mirando alrededor.

Ben intentaba buscar algún otro punto de conversación y pude notar que se sentía un poco incómodo. Me sentí horrible. No quería ser grosera, pero me estaba resultado demasiado duro mantener una charla fluida mientras intentaba hacer mi mejor esfuerzo para no levantar la vista. Estaba segura de que Ethan me estaba mirando. Podía sentir sus ojos sobre mí.

Solo un par de horas más, me dije para mí. Podía soportarlo por algunas horas.

—Sí, trabajó en esto durante toda la semana —le contesté, sonriendo. —Además, Anna no le quitó los ojos de encima ningún segundo —comenté, haciendo un gesto.

—Conociéndola, estoy seguro de que fue un dolor de muelas para la pobre chica —bromeó.

Sonreí divertida. —Creo que pensará muy bien si aceptar o no hacer la decoración de la boda —continué con el chiste.

Ben rió, pero luego su expresión cambió. — ¿Y tú? ¿Piensas en casarte? —Lo miré, arrugando la frente — Bueno, ¿no es eso lo que sueñan las mujeres? Vestido blanco, novio disfrazado de pingüino y esas cosas —Estaba segura de que se estaba divirtiendo a mis costillas.

Torcí un gesto con la boca y sonreí. —Te faltó un pequeño detalle... para soñar con casarte, primero necesitas un novio.

—Bueno, eso es lo más fácil de conseguir. Para alguien tan hermosa como tú, estoy seguro de que no te deben faltar candidatos —Intentaba sonar casual, pero parecía que me estaba indagando.

Le resté importancia. —En eso estás muy equivocado.

— ¿Pero qué les pasa a los hombres de Houston? ¿Es que acaso están todos ciegos? —Parecía indignado, aunque el tono de su voz me indicaba que bromeaba.

Reí con ganas. Una parte de mí estaba realmente feliz de recibir sus halagos. — ¿Y qué me dices ti? ¿No sueñas con casarte? Traje y moño y todo eso —bromeé en respuesta.

—¡No, por Dios! — exclamó, poniendo expresión horrorizada —De hecho, acabas de describir una de mis pesadillas.

Sí, Ben era esa clase de hombres. Agradable, pero solo como amigo o amante. Huía del compromiso. Aunque si lo pensaba bien, era comprensible. Ben era apuesto, divertido y rico, y le sacaba muy buen provecho a todas esas cualidades.

—Ven, vamos al patio. El clima está perfecto y en la carpa sé que hay un grupo que está tocando música en vivo —sugirió. Asentí porque realmente quería escapar de ese lugar. —Oh, espera. Nicholas y Anna ya están aquí —dijo antes de detenerse y apuntar hacia la puerta por la que habíamos venido.

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