Ethan
La luz del semáforo cambió a rojo en el momento exacto en que el destino y mi buena surte decidieron juntarse. Muchas personas desfilaron con paso apresurado a lo largo de la senda peatonal, pero solo una llamó mi atención. Solo una persona hizo que mi corazón comenzara a bombear con más rapidez.
Era ella, estaba seguro, entre la horda de transeúntes apresurados u ocupados con la vista en el celular, caminaba tranquila, casi deslizándose entre los demás para hacerse paso.
Entorné los ojos para observarla mejor. Habían pasado nueve semanas y catorce días desde la última vez que había sabido de ella y desde entonces, solo había estado esperando por este momento.
Si hubiese estado bebiendo, le echaría la culpa al alcohol. Tenía que ser una ilusión, una jodida ilusión, pero no había estado bebiendo, ni una gota. Era martes por la mañana y hacía solo algunas horas desde que había aterrizado en Houston. Le había estado dando vueltas a este viaje y posponiéndolo durante varios días, pero cuando el negocio finalmente se cerró y necesitaban mi firma, tuve que ceder. Ahora, el mal humos que me había estado controlando desde que me había subido al avión, se evaporó por el aire.
Finalmente, ahí estaba Sophia. Ya no más oculta, ni alejada de mí por mi hermana, quien me amenazó para que dejara de intentar localizarla. La había encontrado por casualidad, pero no importaba.
No había dudas de que era ella. Estaba realmente aquí, a tres cuadras de la empresa, eso solo podía significar que había ido a hablar con Nicholas... Estaba de vuelta, pensé con alivio.
Me empapé los ojos de ella. Llevaba puesto un vestido de color amarillo opaco que le llegaba hasta las rodillas y se entornaba a su delicada figura en la parte superior. Su pelo rubio caía en forma de cascada sobre su espalda y sus suaves rizos que se formaban en las puntas bailaban al ritmo de los movimientos de su cuerpo. Estaba más delgada y no me gustaba eso. ¿Estaba enferma?
Cuando su figura se perdió tras doblar en la esquina, golpeé el volante debatiéndome si debía seguirla para intentar hablar con ella. No había terminado bien la última vez, y no podía arriesgarme a volver a alejarla, así que cuando el semáforo dio luz verde pisé el acelerador y conduje hasta a la empresa lo más rápido que pude.
Entré a la oficina de Nicholas sin golpear. Él pareció sorprenderse al comienzo, pero luego se relajó contra su asiento. Me miró duramente por unos cuantos segundos, luego sus hombros se desplomaron y soltó un suspiro agudo.
—Sé que estuvo aquí —le dije sin preámbulos.
Nicholas simplemente asintió. —¿Volverá a la empresa?
Mantuvo su expresión severa. —No creo que eso deba importarte, pero la respuesta es no.
Fruncí el ceño —Si acaso le has negado la posibilidad de volver.... —no me dejó continuar.
—No vino por trabajo, Ethan.
—¿Entonces?
Inhaló profundo y alejó la mirada. Pude ver la incomodidad cruzar su cara antes de volver a exhalar. Luego, se paró de su asiento y se acercó a la pared vidriada de la oficina. —No puedes hacer esto, Ethan. Ya has hecho tu elección, y entonces traté de decirte lo que pensaba de ello. Pero seguiste adelante con eso, y si tengo que ser el amigo molesto para recordártelo, que así sea.
Me estremecí, porque me molestó como se estaba refiriendo a mí y a mi relación con Isabelle. —No te refieras a mi relación con Isa como "eso" nunca más.
Su expresión fue de disculpa. —Sabes lo que quiero decir, Ethan.
Asentí y apreté los puños con bronca. La impotencia que sentía dentro de mi pecho era innegable y no estaba preocupado por esconderla. Nicholas tenía razón.
—Yo... solo quiero saber si está bien. Necesito hablar con ella —exclamé, mirando por las ventanas de cristal hacia las nubes, moviéndose por el cielo azul.
—Tu hermana fue a buscarla —dijo, con cautela —. Sabía que su regreso solo complicaría las cosas para ti, así que le pedí que no, pero ella se molestó ante mi insinuación y no quise discutir. Dijo que extrañaba a Sophia y que ella necesitaba a alguien.
Asentí. En este momento, quería abrazar a mi hermana y estrujarla en agradecimiento. —¿Dijo por qué no va a volver a la empresa? —pregunté.
Nicholas se apoyó sobre una pierna y se cruzó de brazos, mirándome con un gesto acusador. —Entiendo —dije, comprendiendo que el motivo no era otro más que yo.
—Creo que está haciendo lo correcto —exclamó —. Ella ya ha tenido tiempo suficiente para lidiar con sus cosas y aceptar otras, el problema es ¿qué vas a hacer tú? —inquirió, con tono curioso.
Mantuve la vista en el cielo por varios segundos. Finalmente, me volteé hacia mi amigo. —Nada —respondí, seco, sin emoción. No podía, ni debía hacer nada. Más adelante, podría intentar hablar con ella, explicarle mis motivos, tal vez, ella entendería y me perdonaría, pero ahora no hacer nada era lo correcto.
Nicholas asintió. —Mira Ethan, te conozco. Conozco tu lealtad. De hecho, es una de tus cualidades más admirables, pero desde que conociste a Sophia todo lo que has hecho fue luchar entre ser leal a tus convicciones o ser leal a tu corazón y créeme que si no fuese porque en el otro extremo de este triángulo se encuentra Isa, te diría que a la mierda todo y que por una puta vez dejes de comportarte como si fueses Don Perfección y sigas lo que te dicta el corazón —Hizo una pasa para suspirar —, pero no puedo decirte eso. Por la misma razón por la cuál decidiste quedarte al lado de Isa, no puedo decirte que está bien que ahora me estés preguntando por Sophia. Aprecio mucho a Isabelle, lo sabes, es una gran mujer y es una mierda lo que está atravesando... pero te tiene a ti y creo que eso le da fuerzas para seguir luchando, así que, si tengo que ser el amigo metido y desagradable y recordártelo, lo seré.
Tuve que admitir que la reacción de Nicholas me sorprendió. Sus palabras fueron como fuertes golpes en el estómago, pero las necesitaba. Quería que Sophia entendiera y quería su perdón. Quería que supiera que nunca le había mentido con respecto a mis sentimientos y que nadie ni nada volvería a ser tan especial para mí otra vez. Sin embargo, sabía que lo mejor era dejar las cosas como estaban.
—No conseguirás nada bueno si la buscas — Volvió a hablar, esta vez con un tono más relajado —. Sophia está, finalmente, por su cuenta, rehaciendo su vida y haciéndolo bien, ¿y tú quieres ir y hablar con ella para confundirla de nuevo?
Sacudí la cabeza con frustración —¿De verdad se encuentra bien? ¿Te lo ha dicho mi hermana o también has estado hablando con ella? —La desesperación en mi pregunta solo demostraba cuánto necesitaba que estuviese bien.
—Sí, la he visto unas cuantas veces. Aparte de hoy, Anna y yo comimos con ella en el club ayer.
Suspiré y volví a asentir. El saber que Nicholas y Anna se estaban ocupando de ella ayudó a aligerar mi preocupación. Finalmente, tomé asiento en el sillón que estaba junto al escritorio.
—Sé lo que debo hacer —Me sinceré —. Sé sin lugar a dudas que debo estar junto a Isa —Solté un suspiro —. Sé cuál es el maldito camino correcto, solo que a veces, se me hace difícil seguirlo. Como hoy. No era mi intención lanzarme sobre ti de esta manera, pero no lo pude evitar. Estas últimas semanas sin saber de ella, sin saber si acaso estaba bien, han sido una pesadilla.
Nicholas soltó un suspiro y tomó lugar en su asiento. —Ella está bien, Ethan. Tienes que confiar en lo que te digo —Tomó aire, luciendo resignado —Sin embargo, si de verdad quieres hablar con ella, no podré detenerte, pero es mi deber, como amigo, advertirte que solo vas a complicar más las cosas.
—Lo sé —Fue todo lo que pude responder antes de que un golpe en la puerta nos interrumpiera a ambos y detrás de ella asomara la cabeza de la nueva secretaria para recordarnos que había una junta a la que debíamos asistir.
Nicholas se paró de su asiento y colocó una mano sobre si hombro, dándome aliento. Asentí y me levanté, para luego acomodarme el nudo de la corbata. Era el momento de dejar al sensiblón de lado y volver a tomar el control de la situación. Los demás no debían notar lo miserable que me sentía.
Si algo había heredado de mi padre era la capacidad de ponerme una máscara de seguridad y frialdad a la hora de tratar los negocios y con el pasar del tiempo me había vuelto realmente bueno en eso, aunque parecía que la llevaba puesta durante mucho tiempo y solo me la podía quitar cuando de Sophia se trataba.
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Regresa Conmigo
RomanceÉl rompió su corazón. Sophia no podía dejar de amarlo, pero sabía que nunca podría perdonarlo. Ahora estaba intentando olvidarlo y aprendiendo a vivir de nuevo. Continuando con su vida...hasta que ella descubre la verdad y pone a girar su mundo un...
