Capítulo IV

49 3 0
                                        

Ethan

La cabecera de la cama de Isabelle estaba ligeramente levantada mientras me miraba con expresión triste. Una intravenosa estaba goteando en su brazo. Su cabeza giró lentamente sobre la almohada a medida que sus ojos observaban el cielo azul a través de la ventana.

—Siento que debas pasar toda la tarde encerrado aquí —me dijo, susurrando.

Negué con la cabeza. No necesitaba ninguna disculpa por parte de ella. Eso era estúpido. —Detente. Ya tuvimos esta conversación más de tres veces y no quiero que te sientas mal por ello.

Sonrió suavemente mientras me observaba tomar una silla y deslizarla cerca de su cama para sentarme a su lado. —No voy a viajar a Houston este mes. Me quedaré contigo hasta que te sientas mejor.

Hice una pequeña pausa y tomé una pesada respiración, intentando encontrar el coraje y la certeza de que lo que estaba a punto de decir era lo correcto. Se sentía correcto. Se veía correcto, pero una parte de mi corazón... esa parte oscura que se negaba a soltar a Sophia no pensaba lo mismo. La empujé aún más adentro de mi ser y finalmente dije:

—Estaba pensando en que podrías mudarte a mi departamento —solté cada una de esas palabras como si pesaran y rogué que ella no se diera cuenta de la batalla que estaba librando en mi interior.

Suspiró pesadamente y giró la cabeza para quedar mirando directamente el techo blanco del hospital. No me respondió, así que me vi obligado a insistir por una respuesta. —Creo que sería lo mejor, así yo podría...

No me dejó continuar. Volteó hacia mí con la mirada triste y melancólica. —Hubo una época en que hubiese dado saltos de alegría porque me propusieras mudarme contigo —dijo, despacio.

—Entonces, ¿cuál es el problema?

Sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos. —El problema es que esa época quedó muy atrás... cuando aún no había ningún rastro de enfermedad en mi cuerpo. En ese entonces, no lo propusiste y te entiendo... no estabas listo para la convivencia. Además, ambos estábamos muy inmersos cada uno con nuestros propios proyectos... yo con mis estudios y tú intentando llevar el control de los negocios, viajando mucho o lo que sea que hacías en la empresa —Hizo una pausa —. Y me lo propones ahora, cuando nada de lo anterior ha cambiado, excepto por mi enfermedad. Esa es la única razón que la motiva...

Un nudo se formó en mi garganta. Era un imbécil. —Isa, no es así como lo ves.

Negó. —Ethan, si algún día decidimos convivir, casarnos o formar una familia, quiero que sea por deseo genuino... no por tu exagerado instinto de protección. No puedes estar cuidándome como si fuese una bebé todo el tiempo, Ethan.

Mi mandíbula se tensó ante sus palabras. —No estoy cuidándote como una bebé, Isabelle. Estoy...

—Lo hacés y no puedo amarte más por ello, pero tengo miedo de que todo esto termine agobiándote. No soy tu responsabilidad, Ethan. Tengo una familia que también se preocupa por mí y lo único que has hecho este último tiempo ha sido correr a mi mamá de casa y despedir empleadas cuyo estúpido error fue olvidarse de encender el calefactor de la habitación.

En ese momento, me frustré. —¡Tu mamá solo te pone más nerviosa! Está todo el tiempo hablando sobre el maldito cáncer y buscando información absurda en internet. Nada de eso es productivo para ti —me justifiqué.

Sonrió. —Es verdad... pero aun así es mi madre y tiene derecho a cuidar de mí también. No puedes estar todo el tiempo encima de mí.

Dejé caer la espalda contra el respaldo de la silla y crucé mis brazos sobre mi pecho. Su rechazo a mi compañía durante el tratamiento había sido comprensible hasta cierto punto, pero esto no era una visita de rutina al médico.

Me incliné hacia adelante y acaricié suavemente su brazo. —Deberías dejar de ser tan cabeza dura y entender que nada de esto me agobiará. Estando contigo es la única forma de asegurarme que todo vaya bien... Si no te cuidas de la manera correcta, estas estancias en el hospital pasarán a ser permanentes —Inspiré hondo —. Sé que no es el momento que hubieses deseado y lamento haber sido tan tonto de no darme cuenta mucho antes de que querías avanzar en la relación. Déjame compensarte. Déjame cuidarte. Sabes que te daré todo lo que necesites. Tus padres no pueden estar viajando todo el tiempo —Hice una pausa para acomodar las ideas en mi cabeza. Todo iba en caída libre. Después de esto, ya no habría vuelta atrás —Déjame hacerme responsable de ti. Estoy constantemente preocupado de que te enfermes cuando no estoy cerca y la pasantía y tu tesis te están causando demasiado estrés. Entiendo que quieras vivir una vida normal, que quieras continuar yendo a la universidad y tener tu propia carrera, pero si te mudas conmigo, puedo darte mucho más... nada te va a faltar.

Bajé mi cabeza y observé el piso durante algunos segundos porque no estaba listo para su respuesta aún. Cerré los ojos e intenté calmar el nudo en mi estómago. —Yo te quiero, Isa. Lo sabes, pero estoy asustado de que uno de estos días tenga que salir contigo en brazos de este hospital. Ya lo viví una vez con mamá. No creo poder soportarlo nuevamente.

Su labio inferior tembló y todo su cuerpo se estremeció. Fui duro, pero debía ser sincero con respecto a mis sentimientos.

—Nadie puede saber cuál es mi futuro, Ethan. Puede ser que, algún día, esa sea tu realidad. Puede ser que no. Hasta entonces, me niego a ser tu carga. ¿Sabes por qué te oculté mi enfermedad al comienzo? ¿Sabes por qué rechazo completamente la idea de depender de ti? —Algunas lágrimas comenzaron a caer de sus mejillas, pero se apresuró a secarlas. —Porque quiero seguir siendo la misma chica para ti. Quiero ser para ti la misma chica de quien te enamoraste alguna vez.... Por tanto, tiempo como pueda prolongarlo. No quiero ser tu responsabilidad ni tu obligación. La única cosa que quiero ser es tu novia. Eso es todo.

Sentí como sus palabras golpeaban mi pecho con fuerza. Tomé su pequeño rostro entre mis manos y deposité un suave beso en sus labios. Tomé su mano entre las mías y me senté al borde de la fría cama.

¿Era posible vivir teniendo a una mujer en la cabeza y a otra en el corazón? Porque por mucho que me esforzaba, Sophia seguía regresando a mi mente. Incluso en este momento, que solo debía ser mío y de Isabelle, ella estaba presente. Porque sabía que cada día que pasaba, me alejaba más de ella... cada suspiro de Isabelle me separaba otro centímetro de ella... y así debía ser. Sin embargo, no dejaba de sentirme triste por ello.

Tal vez, debía reconocer que no tenía a una sola mujer en mi corazón, sino a dos. Y cada una empujaba as la otra en una continua pelea sin fin. Ahora, por ejemplo, la parte que le pertenecía a Isabelle empujaba la de Sophía haciéndose casi dueña completa de mi corazón, pero también sabía que esta noche, cuando estuviese acostado sobre mi cama, contemplando el techo de mi habitación, la parte de Sophia empezaría a tirar y ganar terreno nuevamente hasta que a la mañana recibiese un mensaje de Isabelle... entonces, esa parte empujaría a la otra nuevamente.

Era como si todo el tiempo necesitara recordatorios para que la parte que le correspondía a Isabelle comenzara a luchar. Si no los tenía, entonces, mi corazón era completamente de Sophia como lo era mi mente, que no dejaba de preguntarse dónde estaba, si se encontraba bien. ¿Qué estaría haciendo? ¿Seguiría odiándome con la misma intensidad que sus ojos me habían hecho saber la última vez que nos habíamos visto?

Isabelle presionó mi mando, obligándome a apartar esos pensamientos. Era el recordatorio para que Isabelle volviese a apoderarse de mi sistema. Le sonreí, mientras la culpa tiraba de mis entrañas. Me devolvió la sonrisa, ajena a mi tormenta interior.

Luego, levantó sus brazos para colocarlos alrededor de mi cuello y abrazarme. —Te amo —dijo, somnolienta. Envolví mis brazos alrededor de su cintura y la presioné contra mi cuerpo, intentando protegerla de la injusticia de este mundo cruel mientras la observaba sumergirse en un sueño profundo, deseando que en ese sueño ella pudiese tener la vida que se merecía. Una vida sin dolor, sin enfermedad y sin mentiras. 

Regresa ConmigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora