Capítulo 6

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Ayer solo pasé en mi cama con un gran dolor en mi corazón, jamás pensé que no volvería ver a Daila, jamás pensé que ella se iba a morir, y jamás pensé que la iba a perder para siempre.

Esa noche todos en mi pueblo aseguraron sus casas como nunca porque el rumor que los 3:33 andaban en todas las bocas de los vecinos, ya era un chisme completo. Al despertar en la mañana todo estaba tranquilo, por el momento no habían matado a alguien o secuestrado, pero,  ¿por qué?

Les cuento un poco de los 3:33, según las noticias son cuatro jóvenes aún no reconocidos, porque traen envueltas sus caras en una gasa blanca y solo tienen descubierto un ojo, sus manos también están envueltas en gasas blancas y así no dejan huellas, los 3:33 son los mejores asesinos del país, y los más buscados también por el único hecho que nunca dejan rastro y siempre son cuidadosos con sus identidades y sobre todo siempre actúan silenciosamente, cuando matan siempre dejan con la sangre de sus víctimas el número 3:33 porque a esa hora es cuando matan a sus víctimas, las hacen sufrir y a las 3:33am acaban con sus vidas por completo. Cuando los 3:33 aparecen significa muerte todos los días, matan sin ningún sentido como lo hicieron con Daila, ella era buena y siempre lo será. Mi pregunta es, ¿por qué hoy no mataron? Me siento en paz que nadie esté muerto, pero si eran los 3:33 ¿por qué no mataron?.

Estaba en la cocina comiendo un poco de cereal, ni ganas tenía de comer, mis ojos estaban hinchados de tanto llorar, la muerte de Daila me seguía quemando por dentro.

—Hija— mi padre entró por la puerta de la cocina —. Lo siento mucho— me abrazó mientras cerré mis ojos con fuerza —. Ayer te iba a ver pero estabas dormida— suspiró —. Tú eres una chica muy valiente cariño, vas a salir de esto y Daila siempre estará contigo, en este momento esta contigo ella jamás te olvidará— besó mi frente.

—Lo sé— pase mis manos por mis ojos limpiándome las lágrimas —. Solo no quiero hablar de esto— susurré.

—Esta bien hija, sabes que siempre tendrás un apoyo en mí— hizo una pausa de segundos —. También venía a decirte que cancelaron la escuela por dos semanas, ya sabes el motivo del porqué — me miró con tristeza.

Asentí.

—También tu madre me comentó que estuvo hablando con la señora Hall y que son muy buenos, ella ya te dio permiso de hablar con ellos y acercarte— colocó su mano en mi hombro —. Si ella lo hizo yo también, solo ten cuidado cariño.

—Lo tendré— tomé aire y luego lo deje ir.

—Esta bien hija, iré a trabajar te cuidas— besó mi mejilla y se fue.

Haylee, bienvenida, sangre Haylee, es tu hora

—No— grité —. Ya dejenme en paz— cerré mis ojos con fuerza mientras sostuve mi cabeza con ambas manos y luego, abrí mis ojos y todo estaba dando vueltas, cerré nuevamente mis ojos, las voces seguían y seguían, abrí mis ojos y los cerré unas cuentas veces, sacudí mi cabeza hasta que las voces se iban disminuyendo.

—Haylee, cariño— mi madre estaba a mi lado sacudiendo mi hombro —. ¿Estás bien? — preguntó —. Haylee.

Reaccioné.

—Sí madre, solo tengo dolor de cabeza— admití.

—Hija pero gritaste, ¿te sucede algo?— puso su mano en mi frente tocando mi temperatura

—Nada de que preocuparse madre solo me siento un poco mal— bajé mi mirada.

—Los gemelos están en la sala, quieren verte— ella fingió una sonrisa, la conozco muy bien para saber cuando finge.

3:33Donde viven las historias. Descúbrelo ahora