Imagina estar en Nueva York, en vísperas de navidad... solo.
Adam odia la navidad.
Alissa ama todo lo que tenga que ver con navidad y fiestas.
Adam es serio y tranquilo.
Alissa es energética y feliz
Tan diferentes, pero tan iguales.
¿Serán una buena...
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Las cosas como son. ¿O cómo eran?
28 de marzo 2020
Nuevo día, nuevo dolor.
Joder, y tengo a penas 25 años, ¿Qué será de mi a los 45?
Me remuevo en mi cama al sentir todos los malestares llegar de golpe a mi cuerpo, espera. ¿Mi cama?
Abro los ojos y los cierro de golpe al sentir la molesta luz del sol, ¿Cómo carajos llegué aquí?
Con mucho esfuerzo, me enderezo y quedo sentado en mi cama, viendo la puerta del baño que está abierta. Siento una punzada en la cabeza y suelto un estornudo, que le sigue otro y después otro. Una vez dejo de querer expulsar mi cerebro, escucho ruidos en la cocina, ¿Alissa si se quedó? Me levanto con prisa, abro la puerta y camino veloz por el pasillo que me lleva hacia la sala y comedor.
Una vez llego, veo a Alissa haciendo algo en la estufa, su cabello rubio está peinado en una coleta alta con algunos mechones sueltos, lleva la misma ropa de ayer, jeans y una blusa de mangas cortas. Se desplaza por la cocina acercando cosas a la encimera, volteo con algo de confusión hacia la sala y veo una manta y los cojines algo desacomodados. Sin duda, aquí se quedó en la noche.
-Oh, buenos días Adam -su voz me saca de mis pensamientos.
-Hola Alissa -empiezo a hablar y me ataca la tos-. No pensé que si te fueras a quedar -sueno algo tímido.
Ríe-. Fue uno de tus pedidos antes de abandonar la tierra de los vivos y quedar como roca durante toda la noche. Aparte, no iba a estar a gusto en mi casa sabiendo que podías empeorar.
-Pudiste haberte zafado y dejar a Dave a cargo -me acerco a la encimera de la cocina y me siento en un taburete alto.
-Pude hacerlo -sonríe-, pero no, así que aquí estoy. Cumpliendo el sueño de alguien muy enfermo, acabo de hacer la primera buena obra del día.
Frunzo el ceño -. Oye, hablas de mí como si tuviera una enfermedad muy severa, es una gripa. Para el domingo estaré mejor.
Y me lo repito mentalmente, el domingo estaré mejor y podré hablar con ella sobre lo que necesito y que tengo atorado en la garganta desde el día que regresó de Chicago.
-¿Dormiste bien? No quisimos despertarte cuando Dave llegó con la medicina y las cosas de la tienda, te veías muy relajado.
-Se puede decir que dormí bien, ¿y tú?
-No tanto, estuve casi cada hora despertándome para checar tu temperatura y que no te diera otro subidón.
Hago una mueca -. Lo siento mucho Alissa, no debí preocuparte tanto -abro los ojos cayendo en cuenta de que es media mañana y no está en su trabajo ni yo en el mío-. Al, no estamos en el trabajo.