Imagina estar en Nueva York, en vísperas de navidad... solo.
Adam odia la navidad.
Alissa ama todo lo que tenga que ver con navidad y fiestas.
Adam es serio y tranquilo.
Alissa es energética y feliz
Tan diferentes, pero tan iguales.
¿Serán una buena...
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De la tragedia y otros sufrimientos.
28 de febrero 2021
No me gusta viajar. Bueno, sí me gusta, pero no cuando son por temas de trabajo; me pone de malhumor.
Veo a Ali dormir y respiro hondo armándome de valor para dejarla ahí, la cobija gris de mi cama envuelve todo su cuerpo, sus largas pestañas rozan sus pómulos y sus pecas se notan mucho. Me acerco lentamente a ella y dejo un beso en su mejilla, la muevo un poquito hasta que se despierta.
—Ya me voy, amor—susurro.
—No te vayas—hace un puchero y sus ojos luchan por mantenerse abiertos—. Tengo frío.
—Volveré la próxima semana, estaré al tanto de mi celular para recibir tus llamadas—beso su frente—. Duerme estrellita, tienes que descansar.
—Cuídate mucho, corazón—deja caer su cabeza en la almohada y vuelve a dormir.
Escribo una rápida nota en lo que mi celular vibra con mensajes de Dave, tomo un abrigo y salgo como un rayo de ahí; si continuaba en mi habitación, con el olor de Alissa, vagando por el aire, iba a cancelar el viaje y mi mejor amigo me iba a matar.
—Buenísimos días, Adam Wood—apunta el café que compró—. Ahí está tu pedido, cambia tu humor o te dejo solo.
—Si me dejas solo, menos querré ir—me encojo de hombros y acomodo mi trasero en el asiento—. Tengo mucho sueño y frío.
—¿Noche movida? —sube y baja sus cejas.
—Si tu definición de noche movida es: empacar... entonces sí.
—Que aburridos.
El camino al aeropuerto fue asqueroso, el café no me quitó el sueño, me dio más. Había demasiado tráfico y tenía ganas de tirarme por la ventana, pero Dave había asegurado todo el auto, así que mi plan se vio frustrado por mi mejor amigo.
Una vez hicimos todo el proceso de documentación, el castaño mostró los datos de la empresa que nos contactó, los gastos de hotel y comidas iban por parte de aquella reconocida constructora.
—¿Avión exclusivo? —acomodo mis lentes oscuros.
—No, es primera clase. Son millonarios, amigo—suspira—. Espero que nosotros algún día tengamos algo así.
—Eso sería de puta madre—cubro mi boca por el bostezo—. Lo único que quisiera es dormir y si es con Ali mejor—cierro mis ojos.
—En media hora saldremos, descansa en el sofá.
—A veces me sorprenden las buenas ideas que tienes.
Dormí a lo mucho, 15 minutos, el ruido a mi alrededor no me dejó descansar más, y Dave estaba riendo jugando con su celular. La voz de una mujer resonó por las bocinas de la sala de espera y nos pusimos de pie para ir hacia donde estaba el avión.