Imagina estar en Nueva York, en vísperas de navidad... solo.
Adam odia la navidad.
Alissa ama todo lo que tenga que ver con navidad y fiestas.
Adam es serio y tranquilo.
Alissa es energética y feliz
Tan diferentes, pero tan iguales.
¿Serán una buena...
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Besos y libertad en la estatua de la libertad.
Chicago, Illinois.
23 de marzo 2020
Mi llegada fue a la 1 de la madrugada, Melanie me estaba esperando y nos dirigimos a su departamento, hablamos un poco, no me quiso contar nada de sus extrañas conversaciones con Dave y luego fuimos a dormir.
Hoy en la mañana me desperté con cero ganas de ir a la casa de mis padres, pero si no voy, se pondrán peor y mandarán a buscar a la casa de la pelirroja y no quiero que eso suceda.
—Estaré aquí en la tarde, tal vez. Espero que todo salga bien—acomodo mi bolsa—. Adiós, Mel.
—Que te vaya bien, si quieres irte, no dudes en llamarme.
Asentí y salí de su departamento, tomé un taxi y en el camino estuve pensando e imaginando qué era lo que mis papás harían para enmendar su ausencia. Espero que les echen más ganas a sus disculpas, que un simple "lo sentimos" no arregla nada. Más cuando estoy segura, con lo que me llamo Alissa Jones, de que no sienten absolutamente nada el no haber ido a mi cumpleaños.
Cuando llego a la casa de mis padres, camino por el gran jardín que parece recién cortado y toco la gran puerta de madera oscura. Viví aquí toda mi vida, pero justo ahora me siento como una desconocida y no quiero entrar así como si nada. Luego de un minuto esperando, abre la puerta el chofer que reconozco como el de mis papás.
—Señorita Jones, que bueno es volverla a ver —me da un vistazo rápido—. ¿Y sus maletas?
—Hola Richard —sonrío poquito—. Están en la casa de Melanie, me quedaré con ella estos días.
—Oh, sus padres pensaron que se quedaría aquí, ya habían mandado a ordenar su habitación.
Mi estomago se removió nervioso al imaginar a mis padres dando tal orden, no me importa desilusionarlos, no después de lo que ellos me hicieron. Richard me deja pasar y cuando pongo un pie dentro me arrepiento de haber venido, todo el lugar sigue igual, altas paredes color gris marfil con cuadros de nuestra pequeña familia en los pasillos, en la sala están los largos sillones gris claro y en el centro una mesita. Aquel salón donde pasaba mis tardes haciendo tareas, donde me pasaba las noches esperando a mis padres, que nunca llegaban temprano y yo terminaba dormida en los sillones para después despertar en mi habitación, arropada hasta el cuello.
Escucho unos tacones resonar por las escaleras junto a otros pasos, me sudan las manos y el corazón se me acelera al reconocerlos. Mis padres, los inigualables Anastasia y Phillip Jones, la primera en llegar es mamá, quien se acerca a paso acelerado a donde estoy, su cabello rubio está suelto y sus ojos grises me ven con emoción, cuando menos me lo espero ya me está abrazando fuertemente. Ah, de ahí saque la fuerza al abrazar, que agobiante es.