Imagina estar en Nueva York, en vísperas de navidad... solo.
Adam odia la navidad.
Alissa ama todo lo que tenga que ver con navidad y fiestas.
Adam es serio y tranquilo.
Alissa es energética y feliz
Tan diferentes, pero tan iguales.
¿Serán una buena...
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Drunk and in love.
3 de mayo 2020
Alissa J: ¿puedo hablar contigo sobre algo?
Yo: claro, nos vemos en el Mc Donalds que está cerca de mi casa en 30 minutos.
Alissa J: ganas el premio para la persona más seria.
Yo: oye, nunca se le dice que no a una buena hamburguesa.
Alissa J: idiota.
Chasqueo mi lengua al leer el último mensaje, a eso se ha dedicado estos últimos días, a insultarme cada que puede. Convivir tanto con Dave hizo que se le pegara lo grosero.
—Uy, esa sonrisita la he visto antes —hablando del rey de Roma.
—¿No tienes trabajo que hacer?
El castaño se recuesta en el sofá de mi oficina, mantiene sus ojos en el techo blanco para después observarme con burla.
—Se supone que sí, pero prefiero venir a molestarte.
—No tengo tiempo para tus idioteces —hago un gesto con mi mano.
—¿No tienes tiempo para mí? Eso me hace sentir muy mal, cariño. Desde hace mucho ya no me consientes como antes —hace un puchero y pestañea muchas veces.
—Te voy a dar una patada en el culo, que no volverás a regresar aquí, jamás —recalco la última palabra con fuerza.
El idiota se ríe, como si le hubiera contado un chiste. Resoplo y veo la hora en mi reloj, debo irme de una vez; me levanto y camino hacia la puerta.
—Ya no me invitan a comer, ustedes se traen algo entre manos —volteo a verlo, tiene sus ojos entrecerrados y el ceño fruncido.
—Tú también ocultas cosas y no te reclamo—me encojo de hombros—, ya te lo recompensaremos después. Aprende a vivir con ello, Smith.
Salgo de la oficina y camino hacia el ascensor, me encuentro con varios trabajadores una vez estoy dentro, me miran con respeto y hablan poco, lo cual agradezco. No me gusta la imagen de "jefe serio" pero es lo mejor que puedo hacer, no quiero que nadie se tome la libertad de hablarme con confianza y después venga a pedirme algo.
Llego hasta el estacionamiento subterráneo y busco mi camioneta, una vez estoy en ella, suelto un suspiro y sin querer sonrío como un idiota. Veré a Ali.
La incertidumbre me arrasa y hace que frunza mi gesto con curiosidad al caer en cuenta que estoy sonriendo como un completo imbécil cuando pienso en ella. ¿Qué mierda me pasa?
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Abro la puerta del establecimiento y busco entre la multitud a la pequeña rubia, no tardo mucho en hacerlo, está sentada en una mesa que queda al lado de una gran ventana, mira con mucha atención la calle y la gente que pasa por ahí.