3. Reencuentros imprevistos

71 6 0
                                        

Capítulo 3

Tiempo atrás en una de las clases escuché al expositor decir que todos nos levantábamos con depresión por la carencia de serotonina en el cerebro debido a que aún no hemos desayunado. Tiempo después leí un artículo donde se explicaba por medio de una revisión sistemática que la deficiencia de la serotonina no es causante de la depresión.

Desde que perdí la pulsera esa información está latente en mi mente ¿Podría eso producirme depresión, solo perder algo significativo que me lleva a recordar las situaciones que me llevaron a padecer el trastorno?.

Me agradaría pensar que esa pregunta está formulada en broma, pero no lo está. Lo único que me calma es saber que la depresión es multicausal y tengo suficientes factores protectores.

Busqué la manilla en toda la casa, en el lugar de objetos perdidos de ambas universidades y pregunté a todos mis conocidos, finalmente me di por vencida, lloré algunas noches por haberla perdido y el resto de la semana estuve de mal humor por el mismo motivo.

Ya es sábado, así que estoy casi obligada ayudando a Justin a preparar los bocadillos para los invitados. Aprovecho para robar cortes de carne y queso en cuanto nos actualizamos de lo que ha pasado en nuestras vidas. Terminando me siento en la habitación de invitados revisando redes sociales y bloqueando a cierta persona que ha creado otro usuario para seguirme.

Aunque no quiero saludar el hambre ya no me deja concentrarme así que me sacrifico usando una sonrisa fingida cruzando la sala para llegar a la comida.

—Luciana, pensé que no ibas a venir, eres la única dama de honor que falta. Espero que no te hayas molestado porque tu hermana me eligió a mí como su madrina, obviamente necesita a una persona más madura, característica que parece que nunca vas alcanzar —Maggie se acerca junto a las tres damas de honor.

No logro entender como mi hermana es amiga de alguien como ella, luce perfecta o es perfecta mejor dicho, es inteligente, agradable de ver, seguramente es el tipo de personas que acapara las miradas de las personas. Tiene el cabello claro al nivel de sus orejas rodeando los pómulos iluminados con su bronceado de verano, sus labios delgados hacen juego con la nariz fina y sus ojos oscuros resaltan por lo grande y almendrados, pero su actitud pudre todo lo bonito, en algún momento la llegue admirar de hecho aún lo hago, pero me lastimó.

—Al parecer también necesita a una persona engreída ¿No? —Mi sarcasmo protagoniza la semana y parece que mi encuentro con Maggie lo ha potenciado.

—Con esa actitud nadie te va aguantar linda —Sonríe, es que es tan linda como molesta— Eso me recuerda, ¿Cómo está John? Hace mucho que no sé de él.

Maggie es la persona más cínica que podría encontrarme hoy.

—No lo sé, no lo veo desde que nos separamos, justo después de que te acostaras con él —Le contesto crudamente.

Su cara se pone roja mientras las demás chicas ahogan sus risas.

—Podrías callarte, por favor.

—¿Por qué tanto secretismo?, ah ya lo recuerdo, después de casi dos años tu mejor amiga aún no sabe que te acostaste con el entonces esposo de su hermana ¿Cierto?

Me mira como si quisiera abalanzarse sobre mí.

—¡Luciana!, ven prueba los deliciosos postres que traje —Alec abraza mi hombro jalandome con delicadeza.

—Bueno, luego seguimos con nuestra encantadora charla dulce Maggie. —Tomo la mano de Alec dirigiendo nos hacía la mesa de bocadillos que está en el jardín.

—Acaba de dañarte más el humor hablando del idiota de John. Pero ya está, mejor come antes de que tu cuerpo forme una úlcera por tu amargura —Se atraganta con dos pastelillos y me ofrece el tercero.

EfímeroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora