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Un año después.

Ruggero reparte pequeños besos desde la parte trasera de mi cuello hasta mi espalda haciéndome reír en el proceso.

Odio que me despierte, no importa si es de una manera tierna, el hombre no respeta mi sueño nunca. Y le golpearía si no fuese su cumpleaños.

Y sí, me cuesta entender que somos reales, que hemos llegado hasta este punto.

Hay que ponernos en contexto...

Después del viaje de hace un año con su familia, pasé los mejores días de mi vida, la noche de su cumpleaños, justo después de soplar sus veintiocho velas, bailamos una romántica balada y todo eso, y fue jodidamente perfecto, claro que sí.

Volvimos a Los Ángeles, hicimos promoción para la serie, nos escapamos juntos unos días, tuvimos un muy candente Halloween, en mi cumpleaños me regaló un tatuaje, sí, uno de pareja que llevamos en nuestras muñecas. Pasamos la navidad con mi familia y el año nuevo con la suya. 

Para enero, fuimos juntos a la gala de estreno de la serie, en febrero me llevó al Van Gogh Museum en Ámsterdam, fuimos jodidamente felices, visitamos a su madre en el día de las madres, y nos llevamos a la mía para que su familia y la mía se conozcan.

Y llegamos a septiembre, una vez más. Todo, sin ser novios oficiales todavía.

Sí todo un reto.

Este año, le tengo un regalo diferente. Este año, voy a dejar de ser la amiga con derechos.

Y no, no es una suposición o una esperanza. Es una realidad.

Estoy cansada de ser la amiga con secretos, aunque en realidad sí me ha dado exclusividad, quiero el título. Y punto.

Aunque también sé que él también quiere, solo le voy a dar un pequeño empujón.

Uno muy chiquito.

—Amor, odio que me despiertes. —lloriqueo mirándole. Él sonríe.— Respeta mis horas de sueño.

—Sí, señora. —deja un beso en mi hombro desnudo.— Buenos días.

—Buenos días. —respondo al final.— Y, feliz cumpleaños.

—¿Podemos celebrar? —pregunta como un niño y tengo que reír.

—Claro que vamos a celebrar. —dejo un beso en sus labios.— Pero, querido. Para eso tenemos que salir de la cama.

—No, no debemos.

Apenas y puedo procesar sus palabras cuando termino quedando debajo de él, me río en cuanto sus labios toman los míos.

Y sin ganas de negarme a lo que sé que quiere, entierro mi mano en su cabello.

Su mano me hacer abrir las piernas colocándose entre ellas y sonrío mientras baja sus besos por mi mentón hasta mi cuello llegando a mi pecho.

Gimo cuando su lengua envuelve mi pezón. Jamás me voy a cansar de él, lo he comprobado ya.

Enredo mis dedos en su cabello conforme va bajando con besos por todo mi cuerpo. Sonrío jadeante. Se siente tan bien...

Pero entonces llega a mi expuesta vagina, siento su aliento muy cerca y no puedo evitar jadear sintiendo mi pesada respiración.

Comenzó a lamer a conciencia, a jugar con mi feminidad haciéndome sentir que toco el jodido cielo.

El momento de la gloria se acercaba, no hay nada como ese momento previo al orgasmo cuando sientes que todas tus sensaciones se acomodan permitiéndote disfrutar, y te hace llegar a querer que ese momento fuera eterno.

Sweet Paradise.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora