Una chica que odia las drogas. Una planta de marihuana que habla. Y un dios japonés imposible de ignorar.
Scarlett juró nunca tocar nada que alterara su mente... hasta que esa planta se convirtió en su única conexión con un dios atrapado en el tiemp...
Viví un cliché de película...besarme mientras todo se desmorona...
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POV ASUMI
Me sentí como una bola de nieve rodando por la pendiente de una montaña. Desde donde me encontraba, el horizonte se mostraba como una inmensa extensión de árboles. Un viento frío me acarició el rostro y alcé la vista con gesto preocupado.
Todo lo que temía estaba a punto de ocurrir.
Entré al bosque cuando detecté una presencia maligna, apenas perceptible, que se movía como una sombra. Juré que Scarlett no sería tan tonta para exponerlo, pero al parecer, me equivoqué. El tiempo se me estaba agotando; si no me daba prisa, la puerta que separaba a los dioses de los mortales acabaría por abrirse. Nuestros mundos no debían mezclarse. Sería un completo desastre.
Miré mi reloj: estaba a mitad de la hora del Mono. Caminé sintiendo el chasquido de las hojas bajo mis pies; unos pequeños ruidos delataron la vida del bosque. Me topé con un grupo de rocas y decidí sentarme sobre una de ellas.
—¿Creen que no me he dado cuenta de que me siguen? —pregunté en voz alta.
Al no escuchar respuesta, solté un sonoro bostezo y fingí que continuaría mi camino. Los rayos del sol apenas lograban traspasar las ramas; el rumor de las hojas sobre mi cabeza era como un murmullo de bienvenida. No todos los días tenía el privilegio de ver kodamas, esos espíritus que habitaban en los bosques.
Su apariencia era aún todo un misterio para mí. No eran seres con cuerpo de ancianos de piel traslúcida y largas barbas, ni pequeñas criaturas de cabezas amorfas y cuerpos blanquecinos como en aquella película de Studio Ghibli que había visto.
Un rollo de papel cabalgó veloz sobre el viento. Cayó en mis manos, lo desenrollé y leí la delicada caligrafía:
Eres la pequeña chispa nacida de la que brilla en el cielo. Permite que las luciérnagas te guíen, y cuando un arcoíris aparezca en la noche, cuidado con Antares. Deja que la mangata te muestre los peldaños que te llevarán de vuelta a donde todo comenzó, antes de que el escondido termine su ciclo. No temas a la reina ni al amante enfurecido. Recuerda que tu poder reside en algo que quizás crees no poseer. No olvides que cuando los dioses se inclinen a observar, debes entregar una dádiva para que puedan regresar.
Intuí que el kodama había sido enviado por alguien inusual. Tuve que ocultarme desde la batalla que sostuve con el Tengu. El escozor de mis heridas me hizo revivir ese suceso. Esa noche me dirigí a ese almacén buscando una pista que resultó ser falsa. De inmediato, me percaté de que había caído en una trampa. Rugí poderosamente, haciendo temblar el suelo a mi alrededor.
Soy el guardián sagrado del oeste y no permitiría que ninguna criatura le hiciera daño al príncipe Ryo. Alcé la vista y vi al Tengu manteniéndose en el aire, con sus alas extendidas y mirada desafiante. Desató una ráfaga de viento afilado que se precipitó hacia mí con fuerza.