Una chica que odia las drogas. Una planta de marihuana que habla. Y un dios japonés imposible de ignorar.
Scarlett juró nunca tocar nada que alterara su mente... hasta que esa planta se convirtió en su única conexión con un dios atrapado en el tiemp...
Los fantasmas del pasado quieren apoderarse de mi presente
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POV Jia Ling
Los alaridos de dolor y el sonido de golpes resonaban en los pasadizos del Reino de los Narakas mientras bajaba por las escaleras de piedra. Un vapor espeso se mezclaba con el hedor a carne quemada y tejidos putrefactos, creando una atmósfera que helaba la sangre.
Mi estómago se encogió cuando me detuve frente a su celda. Allí estaba, encadenado como un animal, bebiendo el agua de Benzaiten para recuperar lo que yo le había robado. Débil pero furioso, su odio hacia mí palpitaba en el aire como una herida abierta.
—¡Libérame! —rugió Akio, sacudiendo las cadenas forjadas por el mismo ChiYou.
—Nunca —respondí, luchando contra las lágrimas que quemaban mis ojos—. Nunca te dejaré ser libre.
—¿Por qué, Jia Ling? Siempre te traté con respeto. Te brindé mi amistad.
—¡Pero no me diste tu amor! —estallé, el resentimiento brotando después de siglos de contención—. Tú fuiste lo único que me sostuvo entre tanto rechazo. Merecía tenerte, pero me cambiaste por ella. Ahora Narumi pagará por lo que me quitaste.
Ordené al yokai con forma de serpiente que lo azotara. El sonido del látigo sobre su piel me atravesó como un cuchillo, pero no me arrepentía. Todo lo había hecho por amor, aunque ese amor se hubiera convertido en obsesión. Antes de que desfalleciera, oí el nombre que más odiaba susurrar entre sus labios ensangrentados.
—Narumi.
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POV Scarlett
Mis uñas sangraban de tanto rasguñar el suelo de madera. El dolor era tan intenso que mi visión se nublaba y apenas podía respirar. A nuestro alrededor, las estatuas samurái avanzaban con sus naginatas, mientras los gritos de mis amigos llenaban el aire cargado de polvo y terror.
El suelo volvió a temblar. Máximo me tomó entre sus brazos justo cuando una puerta salió disparada por los aires, revelando a un león monstruoso con garras afiladas que rugió con tal fuerza que sentí que mis huesos se estremecían.