Capítulo 17: El Espejo del Alma

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Enfrentar mis miedos fue fácil comparado con enfrentarme a mí misma.

Tuve que caminar o en su defecto cojear un poco para despejar mi mente

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Tuve que caminar o en su defecto cojear un poco para despejar mi mente. Me detuve frente a la floristería del señor Tanaka; aún se mantenía cerrada. Sentí un pellizco en el corazón al saber la verdadera razón del cierre, una culpa que siempre me acechaba.

—Eres la única culpable de que todos estemos aquí.

Me giré al escuchar un susurro con una frialdad que me heló la sangre. Una chica de rostro pequeño, piel pálida y cutis perfecto se colocó a mi lado. Sus ojos chispearon igual que los rubíes.

—Te has vuelto débil, y lo detesto.

—Disculpe —gemí con voz estrangulada, completamente desconcertada.

—Aprende de tus errores, Narumi —expresó la mujer mientras tiraba su largo cabello negro hacia atrás.

Me observó como si pudiera leer mis pensamientos, y por solo un instante, su mirada cambió de una dureza fría a una dulce con tintes de tristeza. Me sonrió y desapareció delante de mis ojos. Mi corazón se saltó unos cuantos latidos. Me fuí a mi casa, segura de que había sufrido otra de mis alucinaciones. Pero una parte de mí, la que aún temblaba, se preguntaba si "Narumi" era solo un nombre al azar o un eco de algo que había olvidado.

Cuando me tranquilicé, llamé a Carolina, una compañera de estudio, e inventé la excusa de que no podría ir a tomar clases de Física y que más tarde pasaría por su casa por los apuntes.

Me sentí mal por haber mentido. Así que decidí buscar el consuelo de mi abuela para acallar mi conciencia. Necesitaba distraerme. Fui a la habitación de Leticia y allí encontré a Tito y a Ryo sentados viendo la televisión. Me tiré en la cama y solté algunos chillidos lastimeros para llamar su atención. Transcurrieron varios minutos y ninguno de ellos indagó qué me pasaba; ni siquiera voltearon a verme. Elevé la voz y mi hermano subió el volumen de la televisión.

Estaban viendo capítulos de Kimetsu no Yaiba. Tomé el control y cambié el canal. Lo único que conseguí fue que Tito pusiera mala cara y defendiera sus derechos como integrante de esta casa. La acción de fastidiar a mi hermano resultó beneficiosa para distraerme. Sin embargo, nuestra dinámica consistía en enfrentarnos en público y compartir amor con locura en silencio. Al final, volví a colocar el anime y los acompañé por un buen rato.

A las diez de la noche recibí el mensaje de Carolina. Como no quería ir, le solicité que me enviara capturas con los apuntes, a lo que se negó porque tenía que decirme algo de manera personal. Le pedí a Tito que me acompañara, a lo que mi hermano se rehusó. Ryo se ofreció, pero recordé las palabras de Asumi; no me sirvió de nada decirle que iría sola. Al final, se impuso y me vi obligada a acceder.

En el camino, le pregunté por su albacea y percibí la preocupación en el rostro de Ryo. Indagué si este le había comentado algo acerca de la conversación que sostuvimos y, para mi asombro, él no tenía idea de nada. Me pareció irracional y poco práctico tanto hermetismo por parte de Asumi; la buena comunicación era vital en casos como esos.

Mi chico DōpuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora