Capítulo 21: Mi princesa hermosa

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¿Quien no quiere escuchar una propuesta? Al parecer...yo.

Abandoné el baño con más rapidez que un ratón al ver a un gato; el agua estaba tan gélida que no dudé que fuera extraída directamente desde Siberia

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Abandoné el baño con más rapidez que un ratón al ver a un gato; el agua estaba tan gélida que no dudé que fuera extraída directamente desde Siberia. Entré en mi habitación y ni siquiera me molesté en cerrar las ventanas. Tras llorar un poco al pensar en la señora Tasya, recordé la gran negociación que tuve con mi hermano por su silencio. Aunque era cierto que no nos vio besándonos, conociéndolo, podría elaborar un guion junto con Héctor y venderlo a Televisa por una suma enorme, y podía asegurar mi vida de que no vería ninguna de las recompensas.

La luna brilló a través de mi ventana, pintando las paredes con una notoriedad plateada. La noche se sintió cálida. Suspiré y me recosté en la cama, encendí la lámpara de mi mesita y tomé mi diario. Le eché una hojeada a mis últimos apuntes. Los primeros, a Máximo, quien, para mi sorpresa, había manifestado su interés en mí, aunque noté que al final siempre mencionaba alguna actividad relacionada con Ryo. Sin embargo, en las diez últimas hojas, se encontraban exclusivas para él.

—¿Puedo dormir contigo? —preguntó Ryo desde el marco de la puerta.

Mi corazón se aceleró de tal manera que toda la sangre se me drenó del rostro.

—¿Por qué? —repliqué nerviosa y me arriesgué a levantar la mirada.

—Me cuesta descansar allá, solo —me contestó Ryo, entrando en la habitación y cerrando la puerta, pero sin seguro.

—No es correcto que hagamos eso —objeté, colocando mi diario sobre la mesita.

—Esta sería nuestra segunda vez —replicó Ryo, poniendo los ojos como corderito triste y haciendo un puchero—. Me portaré bien.

El tono de voz tan dulce de Ryo medio me ablandó. Tragué saliva, pero reafirmé mi decisión.

—No estuvo bien que yo fuera a tu habitación esa vez. Sabías que solo las personas casadas pueden hacer eso —le dije, frunciendo los labios para no reírme.

Las cejas de Ryo se juntaron con confusión.

—Pues cásate conmigo —soltó Ryo, afirmando con la cabeza.

Mis ojos se abrieron sorprendidos y la respiración se me atrapó en la garganta. No era una propuesta real, lo sabía. Era la lógica simple y adorable de alguien que no entendía nuestras convenciones. Pero por un instante, un latido loco y esperanzado, mi corazón imaginó qué se sentiría que lo fuera. Tragué saliva, y después de un momento de vacilación, palmoteé el colchón a mi lado con el corazón acelerado. Cedí, sin embargo, le hice saber que esa sería la última vez que lo haríamos. Nos acurrucamos en la cama. Afuera, comenzó a caer una lluvia suave, como una melodía de fondo.

Ryo me acarició la mejilla con el pulgar cuando se recostó, quedando frente a mí.

—Gracias —dijo en voz baja.

Mi chico DōpuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora