Capítulo 28: Mientras la luna proyecte su luz, un girasol siempre la mirara

55 13 9
                                        

Cuando todo se oscurece, se descubre el verdadero valor de una promesa

Cuando todo se oscurece, se descubre el verdadero valor de una promesa

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—Hola —dijo el policía con canas—. Perdonen la interrupción, pero necesitamos hablar con ustedes.

Contar con compañía policial fue como un jarro de agua fría sobre la cabeza de ambos.

—Hola —carraspeé, mientras mi corazón latía como un tambor, rápido, duro y fuerte. ¿Y si nos llevaban a la cárcel por conducta inapropiada?, pensé.

—¿Podrían acercarse un poco, por favor? —expresó el policía más joven, protegiéndose los ojos del poco sol que se filtraba con la mano.

Quité de mi cuerpo algunas hojas secas. Los policías intercambiaron miradas recelosas.

—¿Algún problema? —indagué.

—Señorita, este lugar no es seguro para dos jóvenes. En la feria, que no está muy lejos de aquí, se formó un disturbio —me informaron—. Según los testigos, unos maleantes corrieron hacia el bosque. Es mejor que se vayan a casa.

—¿Y hubo algún herido? —me atreví a preguntar. «Y ahora te preocupan los demás, descarada», me reproché.

—Hasta el momento no tenemos información al respecto. Por favor, regresen a sus hogares.

Asentí y miré de reojo a Ryo, que mostraba una expresión indescifrable. Sus ojos se veían dilatados y sus labios fruncidos se movían de un lado a otro. Una ráfaga de viento trajo consigo un peculiar e intenso aroma fácil de reconocer: cítrico y concentrado, con toques de tierra, combustible y especias. Los policías se miraron con recelo y unos escalofríos me recorrieron la espalda.

—Claro, oficial —dije, nerviosa—. Nos iremos a casa.

—Corre —me susurró Ryo con un timbre anormal en la voz.

Su petición me extrañó. ¿Por qué miraba así a los policías? Tomé su mano y lo insté a que me siguiera para salir de ese lugar. Cuando pasamos al lado de uno de ellos, Ryo notó una sonrisa siniestra, ojos fríos y calculadores que trató de esconder sin éxito. De pronto, Ryo me empujó y caí al suelo, raspándome las palmas en la caída, justo cuando un golpe iba dirigido hacia mí.

—¡¿Qué está ocurriendo aquí?! —exclamé, nerviosa.

El otro policía me ayudó a levantarme. Le musité las gracias, aún confundida, y fue en ese momento que sentí una hojilla afilada acariciar mi garganta.

—Te recomiendo que te mantengas quieta —me ordenó el otro policía en voz baja.

—¿Por qué hacen esto? —tartamudeé, alterada. De pronto, la comprensión de lo que ocurría se abrió paso con fuerza—. ¡Ustedes no son policías!

Mi corazón se estrelló demasiado rápido en mi pecho. Mi labio inferior tembló al pensar que nos matarían allí mismo, en el bosque.

—Por favor, no nos hagan daño —supliqué—. No tenemos nada que les pueda interesar.

Mi chico DōpuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora