CHRISTOPHER
Gris.
Ese es el color que he visto desde la mañana.
El color del techo de mi habitación.
No tengo intenciones de ir a clases y la verdad no quiero hacerlo.
No quiero estar cerca de ella
De su olor.
Ese exquisito olor a lavanda que será capaz de volverme loco en segundos.
– Vamos, quiero verla.
Vuelve a decir Zeus como por millonésima vez desde que desperté, no me ha dado tregua. Suelto un suspiro pasando mis manos por mi cara y me siento en el borde de mi cama.
– No quiero.
– Oh vamos, quiero verla además debemos ir clases, es una responsabilidad.
Ruedo los ojos.
– Solo lo dices para convencerme.
– ¿Funciono?
– No.
– Pf aburrido. – responde con gruñido cerrando el link.
Me levanto para caminar hacia mi baño y darme una ducha para poder alejar estas ganas en mi pecho de verla, de tenerla junto a mí, tocarla, besarla, nuevamente suelto un suspiro y me adentro en el baño, el agua fría deberá ayudar.
∞∞∞∞ ∞∞∞∞
La mañana pasa volando y la hora de almuerzo ya nos alcanza, me dispongo a ir hacia la cocina para buscar algo de comer, pero la voz de mi padre me detiene antes de ingresar en ella.
– No deberías estar en clases jovencito.
Volteo sobre mis talones para mirarlo y darle una sonrisa inocente.
– Me sentía un poco cansado, por la transformación y eso.
Me mira serio sin despegar sus ojos verdes de los míos.
– Hablando de transformación ¿lo has hecho otra vez?
Niego con la cabeza mientras meto mis manos en los bolsillos de mi pantalón.
– Deberías. – dice volteándose para mirar hacia el gran ventanal – mientras más practiques menos dolerá.
– Está bien, iré ahora.
Camino hacia el ventanal, abriéndolo para salir hacia el patio trasero. El aroma de la naturaleza llega hacia mi nariz e inhalo profundamente llenándome de la tranquilidad que me otorga ese aroma.
– Vamos, déjame salir. – se impacienta Zeus – quiero estirar las patas.
– Okey, Okey, dame un segundo.
Cierro mis ojos concentrándome en su forma, sintiendo como mis huesos comienzan a cambiar mandándome de rodillas al suelo por el dolor. Mi respiración se acelera debido al esfuerzo y en un par de minutos ya me encuentro en cuatro patas negras.
– Joder, deberemos practicar más para que duela menos.
– Como tu digas, ahora yo tomare el control.
Comenzamos a correr en dirección hacia el bosque, con los arboles pasando a nuestros costados y unos cuantos animales pequeños que viven aquí. Puedo distinguir que este es el camino hacia el instituto y maldigo en mi cabeza por haberse cedido el control.
– Dije que no quería venir. – comento enojado.
– Me vale lo que quieras. – exclama con un toque de humor.
ESTÁS LEYENDO
Rechazada
Lobisomem¿Qué se hace cuando aquella persona que debía amarte, apoyarte y defender de todos, decide que no quiere hacerlo? En mí caso, velare por m misma, ya mucho he sufrido como para desmoronarme por él. Ya tuve suficiente dolor, así que buscare mi sitio e...
