Capítulo 13: Olor.

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CHRISTOPHER

Gris.

Ese es el color que he visto desde la mañana.

El color del techo de mi habitación.

No tengo intenciones de ir a clases y la verdad no quiero hacerlo.

No quiero estar cerca de ella

De su olor.

Ese exquisito olor a lavanda que será capaz de volverme loco en segundos.

– Vamos, quiero verla.

Vuelve a decir Zeus como por millonésima vez desde que desperté, no me ha dado tregua. Suelto un suspiro pasando mis manos por mi cara y me siento en el borde de mi cama.

– No quiero.

– Oh vamos, quiero verla además debemos ir clases, es una responsabilidad.

Ruedo los ojos.

– Solo lo dices para convencerme.

– ¿Funciono?

– No.

– Pf aburrido. – responde con gruñido cerrando el link.

Me levanto para caminar hacia mi baño y darme una ducha para poder alejar estas ganas en mi pecho de verla, de tenerla junto a mí, tocarla, besarla, nuevamente suelto un suspiro y me adentro en el baño, el agua fría deberá ayudar.

∞∞∞∞  ∞∞∞∞

La mañana pasa volando y la hora de almuerzo ya nos alcanza, me dispongo a ir hacia la cocina para buscar algo de comer, pero la voz de mi padre me detiene antes de ingresar en ella.

– No deberías estar en clases jovencito.

Volteo sobre mis talones para mirarlo y darle una sonrisa inocente.

– Me sentía un poco cansado, por la transformación y eso.

Me mira serio sin despegar sus ojos verdes de los míos.

– Hablando de transformación ¿lo has hecho otra vez?

Niego con la cabeza mientras meto mis manos en los bolsillos de mi pantalón.

– Deberías. – dice volteándose para mirar hacia el gran ventanal – mientras más practiques menos dolerá.

– Está bien, iré ahora.

Camino hacia el ventanal, abriéndolo para salir hacia el patio trasero. El aroma de la naturaleza llega hacia mi nariz e inhalo profundamente llenándome de la tranquilidad que me otorga ese aroma.

– Vamos, déjame salir. – se impacienta Zeus – quiero estirar las patas.

– Okey, Okey, dame un segundo.

Cierro mis ojos concentrándome en su forma, sintiendo como mis huesos comienzan a cambiar mandándome de rodillas al suelo por el dolor. Mi respiración se acelera debido al esfuerzo y en un par de minutos ya me encuentro en cuatro patas negras.

– Joder, deberemos practicar más para que duela menos.

– Como tu digas, ahora yo tomare el control.

Comenzamos a correr en dirección hacia el bosque, con los arboles pasando a nuestros costados y unos cuantos animales pequeños que viven aquí. Puedo distinguir que este es el camino hacia el instituto y maldigo en mi cabeza por haberse cedido el control.

– Dije que no quería venir. – comento enojado.

– Me vale lo que quieras. – exclama con un toque de humor.

RechazadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora