Capítulo 38: Brett.

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ISABELLA

La sonrisa no abandona mi rostro al verla. Sus cabellos rubios. Su pequeña estatura, porque si yo me considero enana ella es un duende. No ha cambiado nada. Sus ojos color miel nos mira ambos con asco. Su postura es altanera. Se cree la gran cosa.

Cambiemos eso.

– ¿Y tu eres? – escucho a Brenin con su voz tan fría como un tempano de hielo.

– Ni nombre no importa. – habla Brett colocando amas manos sobre sus caderas. – lo que importa es que no pertenecen aquí y deberían irse.

Una risa sale de mis labios y su atención se concentra en mí.

– ¿Te parece gracioso? – pregunta con el ceño fruncido.

– Sí, bastante.

Miro a Brenin que me mira con confusión y niego mientras sonrió.

– No pertenecen aquí, nadie de su tipo pertenece aquí así que les ordeno que se vayan inmediatamente.

Nuevamente nos miramos rápidamente con Brenin y comenzamos a reír. El rostro de Brett comienza a colocarse rojo y sus brazos caen a sus lados empuñando sus manos.

– ¿Qué es tan gracioso? – gruñe.

Inspiro fuerte para detener las risas, – ¿Tú nos ordenas irnos?

– Sí.

– No eres nadie para ordenarnos algo bonita. – responde Brenin cuando deja de reír.

– Ustedes no son nadie, son solo una aberración de la naturaleza. – comienza a escupir veneno. – no deberían existir, no deberían estar aquí, nadie los quiere, nadie los soporta, así que háganos el favor a todos y lárguense con su asqueroso aroma.

Ágata gruñe en mi interior al escucharla, es evidente que no me reconoce, ya que nunca me mostré pelirroja ante la manada.

Hagamos esto más interesante.

– Sabes. – comienzo a hablar admirando el liquido de mi vaso. – de todos los años que te conozco no has cambiado nada, – la cara de confusión de ella me genera risa, pero me contengo. – sigues igual de estúpida.

Levanto mi vista hacia ella y su rostro esta aún más rojo.

– ¿Disculpa?

– Disculpada. – responde Brenin con una sonrisa burlona.

– ¿Se creen muy graciosos cierto? – gruñe apuntándonos. – veamos que tanto sonríen cuando los guardias los arrastren por los pelos fuera de nuestro territorio.

Ruedo mis ojos, – ¿No me reconoces cierto?

Su mirada recorre mi cuerpo con confusión, una sonrisa ladeada se forma en mis labios y su ceño se frunce.

– ¿Debería?

Me encojo de hombros y doy un paso al frente ocasionando que ella lo retroceda, miro de reojo a Brenin que también avanzo ese paso en mi dirección.

– No, la verdad no – comienzo a hablar y caminar lentamente a su alrededor. – nunca mostré mi verdadera identidad frente a la manada, pero créeme yo te recuerdo muy bien.

Gira su cuerpo cuando el mío se detiene a su espalda, me mira con enojo y curiosidad.

– ¿Quién eres?

Mi vista va más allá de su figura, donde Christopher se encuentra aun rodeado por los cachorros. La calidez inmediatamente se impregna en mi pecho, pero el enojo comienza a correrla al recordar el porque no estamos juntos. Y la razón es la estúpida que tengo frente a mí.

RechazadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora