PALACIO TOPKAPI 1527.
Un mensajero se dirigía a toda prisa hacia los aposentos de la madre sultana, en sus manos una carta totalmente inesperada, que sin duda alguna cambiaría el rumbo de las cosas.
Llegó a los aposentos de la madre los cuales eran custodiados por dos Aghas.
-Buenas tardes, tengo que entregarle esta carta directamente a su majestad, la madre sultana- Los Aghas se miraron con duda.- Está carta viene desde el palacio de Çırağan.- Con solo los guardias escuchar de donde era la carta dejaron pasar al pobre mensajero que parecía a punto de sufrir con colapso de los nervios.
Un guardia entró a los aposentos avisándole a la madre sultana de la situación, obviando el lugar de emisión de dicha carta.
El pobre mensajero entraba a los aposentos con las piernas temblando, pues sabía que el contenido de dicha carta no era buenas noticias.-Su… su majestad.- pronunció el pobre mensajero con la voz entrecortada.- Eh venido directamente del palacio de Çırağan, me dieron órdenes estrictas de entregarle esta carta a usted.- En ese momento con su mano temblorosa extiende la carta a una muy impresionada madre sultana, ya que ese lugar casi ni se mencionaba por los pasillos del palacio.
-Gracias, puedes retirarte.- le digo la madre sultana al salir de su sorpresa.
La madre sultana iba a proceder a leer la carta a que la tenía de los nervios cuando fue interrumpida por su hija menor, la sultana Hatice.
-Madre.- digo haciendo reverencia.- ¿Como te encuentras hoy?.- al ver la falta de respuesta de si madre la sultana siguió insistiendo.- ¿Madre? ¿Le sucede algo?.- la madre sultana solo posó los ojos en su hija y con voz temblorosa mencionó la palabra que hizo que su hija quedara en el mismo estado que su madre.
-Çırağan.- pronunció levantando la carta que continuaba sellada en su mano, automáticamente su hija se sentó a su lado.
-¿Que dice madre?.- preguntó un poco ansiosa.
-Aún no la he visto.- pronunció quitando el sello.- Pero presiento que no son buenas noticias.
La madre sultana procedió a acabar de abrir la dichosa carta, leyendo su contenido en voz alta logrando así que las lágrimas salieran tanto de sus ojos como de los de su hija que se encontraba escuchando atentamente aquel contenido.
-No…- pronunció la madre en un susurro.- Esto no puede ser…- pronunció un poco más alto para luego salir a paso apresurado de sus aposentos logrando así que su hija saliera del estado de conmoción que le había provocado el contenido de aquella carta.
Todos en el harem veían extraño a la madre sultana, pues no era muy normal ver a la mujer prácticamente corriendo por los pasillos con su rostro bañado en lágrimas y su hija histérica detrás , la madre recorrió los pasillos hasta llegar a las puertas de la habitación de su hijo, El gran Sultán Suleiman.Los guardias que custodiaban las puertas de los aposentos del sultán la observaron con rareza por su estado.
-Habrán las puertas.- Ordenó con voz neutra.
-Lo sentimos sultana, pero en estos momentos su majestad se encuentra con su harem.- Contestó temeroso uno de los guardias.
-¡Abran las puertas!.- Ordenó con voz dura.- ¡Abran o les mandaré a cortar la cabeza!.- a tal amenza los guardias temblaron, y bajo la mirada dura de la madre sultana abrieron las puertas.
Al entrar en los aposentos la madre sultana se topó con la escena para nada agradable a su vista, pues se encontraba Hurrem Hatun cenando con su hijo. Oh esa pelirroja que le había causado tantos dolores de cabeza, se encontraba plácidamente sentada junto al sultán degustando unas delicias turcas.
El sultán a ver dicha interrupción se paró enojado y a paso firme y con voz dura se dirigió hacia su madre.-¡¿Como te atreves a interrumpir de ese modo en mis aposentos?!.- dijo con voz fuerte logrando así un poco de satisfacción a su concubina que se encontraba aún degustando los postres que previamente les habían traído.
La madre sultana no habló, ni mostró alguna emoción hacía su hijo, simplemente lo observo por unos largos segundos y le extendió la carta que continuaba en su mano.
El sultán observó extrañando dicho papel, pero aún así procedió a leer, solo bastó con leer el lugar del cual había sido enviada la carta para ordenarle a su concubina que se me marchara.-Hurrem sal…- mencionó como voz neutra aún observando la carta, al ver que la concubina aún seguía en el mismo puesto alzó la voz.- ¡Que salgas te digo!.- logrando así que su favorita respingará en su lugar, ella solo lo miro extraño, pero al ver las facciones del sultán las cuales se encontraba en una mezcla de enojo, intriga y algo que ella pudo distinguir como tristeza, no le quedó de otra más que marcharse totalmente indignada ya que su majestad nunca le había hablando en ese tono.
Cuando su favorita se marchó el sultán procedió a leer la carta, mientras más leía más su corazón se iba rompiendo, al terminar de leer la carta las lágrimas ya eran presente en los ojos del sultán negándose a soltar alguna, sus piernas fallaron y calló de rodillas en el suelo. Su madre fue a su encuentro abrazando a su hijo, pues ambos compartían el mismo dolor. En los brazos de su madre el sultán se dejó dominar de los sentimientos, varios minutos después el sultán se separó de los brazos de su madre.
-¡Aghas!.- llamó el sultán con voz firme, al instante entraron dos guardias haciendo la debida reverencia.- Quiero que preparen un carruaje partimos en 30 minutos.- Mencionó parándose del suelo.- Y avísenle a Ibrahim Pasha.- Ambos guardas asintieron y salieron de los aposentos del sultán.
-Me iré a alistar.- Mencionó la madre sultana logrando que el sultán la observara extraño.- Voy a ir aunque me lo prohíbas, Ten… tengo que ver con mis ojos si lo que dice esa carta es cierto.- mencionó con voz temblorosa, el Sultán solo se limitó a asentir, pronto su madre abandonó sus aposentos dejando al sultán solo, el cual se encontraba arreglando todo para macharse.
El sultán estaba acomodando unos documentos en su escritorio cuando se topó con un hermoso pero sencillo collar, dicha prenda logró remover el corazón del sultan a tal punto de casi soltar una cuántas lágrimas, acarició la prenda con una sonrisa nostálgica en su rostros.-Oh mi Rosa… mi amada… la luz de mi vida… mi amor…-dijo como voz entrecortada.- Allah me está castigando por haberte olvidado amada mía.- siguió hablando acariciando la joya.- Pero Allah no puede quitarte de mi lado porque no lo soportaría.- dirigió sus ojos a la hermosa vista que tenía.- Pero se que eres una mujer fuerte y por nuestros hijos se que lucharás…Mi amada Melek.
Esta historia no es mía, la autora me dio el permiso de subirla, espero que les valla gustando.
Créditos: Lissette411 (Autora)❤
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La Sultana Melek
FanfictionSoy la sultana que el sultán Suleiman olvidó por un tiempo, pero después volví, en frente de mis enemigos y de todos mucho más fuerte y poderosa. ¡ATENCIÓN SU EXCELENCIA HASEKI MELEK SULTAN ESTÁ AQUÍ! Soy la sultana más poderosa de este imperio...