Pequeñito extra

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Él hace su camino hasta el hostal de la playa. No es difícil encontrarlo, es el único que hay, tan cerca de la orilla de la playa que tendría que tener cuidado en los días en que la marea sube. Ella era nueva en el pueblo, y aunque la playa recibía una buena cantidad de turistas anualmente, casi nadie se quedaba más de un par de semanas.

Pero ella llevaba un mes, todos la conocían. Se sentaba en las rocas del malecón en la mañana y se pasaba el día dibujando.

Él embarcaba a la misma hora. Cada mañana mientras desamarraba las cuerdas de su lancha junto con sus compañeros de pesca, le veía llegar con un pequeño bolso donde guardaba sus implementos de pintura.

Verla acomodarse en una de las rocas es mejor que ver el amanecer.

La imagen le acompañaba durante el resto del día.

Cuando regresaba al final de la tarde ella ya no estaba en el malecón. Casi siempre la encontraba en algún pequeño kiosco comiendo algo o curioseando en las tiendas de accesorios artesanales. A veces sola, a veces acompañada. Debía estar haciendo amigos porque, por lo que ha escuchado de las esposas de los pescadores, es un encanto.

Y él tiene días reuniendo el valor para volver a hablar con ella.

Nunca se ha considerado tímido, pero, ahora que lo piensa, las personas con las que trata las conoce de toda la vida. Todos sus amigos crecieron con él aquí, en esta misma playa, y los pescadores con los que trabaja trabajaron una vez con su hermano. Incluso los turistas, que siempre van y vienen y con los que es siempre amable, le resultan todos los mismos. Ha hecho algunos amigos de verano y se ha divertido, pero el carácter efímero de estas relaciones le impide sentir un apego verdaderamente profundo por ninguno de ellos.

Ella no debería ser diferente, pero lo es. Le cuesta encontrar explicación para la manera que se siente arrastrado hacia donde está, como si ella fuera la orilla y él olas.

Pasó la jornada del lunes convenciéndose de que le hablaría. (no lo hizo.)

El martes, se prometió a sí mismo que se le acercaría cuando la encontrara en el kiosco y le invitaría una piña colada (cuando llegó, ella ya estaba recogiendo sus cosas de la barra y despidiéndose de Maggie, la bartender tras la barra. Él no fue tras ella, pero la miró marcharse.)

El miércoles su motor se averió en la otra costa y tuvo que pasar la noche en el puerto.

El jueves estaba tan cansado y trasnochado que ni siquiera se fijó en sus propios pies. Se dirigió a casa y durmió diez horas seguidas.

El viernes por la mañana llegó más temprano que de costumbre al puerto. Tenía que recuperar las horas perdidas del día anterior, por lo que le esperaba una jornada pesada. Estuvo desamarrando las redes de pescar y desmantelando las cuerdas que sujetaban su bote.

Eran las seis de la mañana, a lo mucho. Ella llegaba justo cuando él estaba a punto de irse, casi a las siete.

Pero escuchó su voz desde lo alto de una de las rocas del malecón, no ha mucha a distancia de donde él estaba.

—Hey, pescador.

Su voz está hecha de miel, pensó.

—Forastera.

—¿Pescarás flores esta tarde?

Él sonrió.

—De hecho, sí. Es viernes.

Ella sonrió. Por un momento ninguno de los dos dijo nada.

—Deberías tener un convenio con la floristería de acá—ella rompió el silencio—. No tienen las bonitas que tú pescas.

—Laureles—le recuerda y ella asiente—. Sí, desde hace tiempo que no las exportan hasta acá. Por eso las pesco yo.

Le gustaba la idea de que ella se refiriera a él como pescador de flores.

—¿No es un poco temprano para que estés acá? —inquirió entonces, dándose cuenta de que aparte de ellos dos, la playa estaba prácticamente desierta.

Ella se encogió de hombros.

—Supongo que ambos madrugamos—le sonrió y en el pecho de él se agitó la esperanza de ella lo notara a él tanto como él a ella.

Todo el día estuvo acompañado por el tono dulce de su voz reproduciéndose en su cabeza como el murmullo de una canción feliz.

Por eso que, cuando regresó, fue a buscarla. Ella ya no estaba en la playa, ni en los kioscos y tampoco en las tiendas. Sin embargo, había escuchado por las esposas de sus amigos pescadores que se estaba quedando en el hostal, el único hostal de la playa.

Y aquí está.

Toca la puerta y le recibe Meg, la dueña.

—Oh, querido, qué alegría tenerte aquí...¿mi Bob te ha encargado pescado?

—No, no lo ha hecho—sonríe y aprieta las flores contra su pecho. Meg se percata y sonríe, entendiendo—. Vine por...uhm...¿la chica que se mudó hace poco? No puedo creer que aun no sepa su nombre.

La mujer de cincuenta años sonríe y su rostro se rejuvenece como el de una niña pequeña, emocionada.

—Sí, por supuesto. ¡Por supuesto que sí! La llamaré inmediatamente, no hace mucho que llego. Oh, ¡Si supieras! Pasa todo el día en la playa. ¡Todo el día! Sale tan temprano que casi nunca puedo prepararle café. Ella insiste en que no es necesario, ¿pero cómo va a salir tan temprano sin una taza de café?

—Concuerdo—él se ríe un poco. Le tiene mucho cariño a Meg.

—¡Por supuesto que sí! —le mira el ramo de flores y asiente frenéticamente al recordar porqué está ahí—. Oh, sí, sí. La llamaré. Espera aquí, en un momento viene.

—Vale, muchas gracias, Meg.

Ella le sacude la cabellera y desaparece tras la puerta. Él se remueve nervioso y reacomoda los rizos de su cabello. Toma un par de respiraciones y se rueda los ojos por ser tan dramático.

Ha venido a traerle sus flores favoritas. La única mujer a la que le ha llevado laureles antes ha sido a su madre, y ni siquiera pasa con tanta frecuencia porque sabe que Anne prefiere las rosas y él prefiere quedárselas para él mismo de todas formas.

La puerta vuelve a abrirse y es ella. Por supuesto, es ella.

Y luce sorprendida de verlo. De la buena manera (al menos, eso espera él.)

—Pescador—sonríe.

—Forastera—corresponde a su sonrisa. En algun momento tendrán que preguntarse los nombres—. Pesqué algo para ti.

Y ella recibe los laureles con una conmoción que él encuentra adorable.

Después, lo invita a pasar.

Y él piensa sí, soy olas. Ella es la orilla. Nos hemos reencontrado, otra vez.



***

Un pequeñito extra porque a veces pienso en estos dos:') sí, son Laurel y Harry reencontrándose en otra vida

(Btw, estoy escribiendo una nueva fic, se llama Lost Stars y la pueden encontrar en mi perfil) 

Antes de irme [HS]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora