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La caja abierta de pizza yace en la pequeñita mesa de café y el aroma del queso derretido me invita a que tome una rebanada, aunque tengo el estómago cerrado.

Ojos Verdes me observa atento desde el otro lado del sofá, como si estuviera preparado para estudiar cualquier movimiento que esté próxima a hacer. Posiblemente yo esté haciendo lo mismo con él.

―Y bueno...

―¿Quieres un trozo de pizza? ―ofrezco, porque no tengo idea de qué decir o qué hacer.

Él me sonríe amablemente.

―No, gracias, pero tú deberías comer antes de que se enfríe. No es como si yo pudiera comerla, de todos modos.

―Claro, porque eres un producto de mi imaginación.

―No, porque estoy muerto.

―No puedes estar muerto. Es imposible.

―¿Por qué te mentiría con algo sobre eso? ―me mira ofendido― ¿Tu madre nunca te dijo que con esas cosas no se juega?

―Si tú estuvieras muerto, no estarías aquí.

―Pero lo estoy―asegura―. Laurel, el que me estés viendo me asombra tanto como a ti, créeme, pero estoy muerto. Morí hace un año y nueve meses.

Imagen: un fantasma que está tan sorprendido como tú porque puedas verlo.

―¿Pero...? ¿No deberías estar como, en el cielo? ―frunce el ceño―. Ahí es a donde las personas muertas van, ¿no?

―Sí, bueno... no lo sé. Creo que olvidaron recogerme o algo―deja salir un suspiro, como si estuviera de pronto cansado―. ¿Puedes coger un pedazo de pizza y comer? Yo hablo y tú comes, ¿sí? Porque me estoy cansando de estas preguntas sin sentido tuyas.

Já, él cree que yo no tengo sentido. Pero está aquí, diciéndome que es un maldito muerto.

Me sorprendo a mí misma haciéndole caso. Tomo una rebanada y le doy un mordisco bajo su atenta mirada. Decido seguirle la corriente para ver que tan lejos llega todo esto hasta que vuelva a empezar a llorar. O vomitar, lo que venga primero.

―Está bien, empieza de una vez.

―Vale, uhm...―se rasca detrás de su cuello y deja salir una risita temblorosa ¿Está nervioso? ―Vaya, ni siquiera sé por dónde comenzar.

―Podrías empezar por tu nombre, porque ya lo olvidé.

―Harry, ese es mi nombre. No puedo creer que lo hayas olvidado, soy el único ente paranormal en tu casa. Debería ser más memorable.

Me encojo de hombros como quien no quiere la cosa, pero la verdad es que mentí. Claro que no he olvidado su nombre, ¿Cómo podría? Él frunce el ceño, aunque diviso un ápice de diversión en sus ojos.

―¿Cuántos años tienes?

―Veinticuatro. Bueno, eso creo. Se supone que cumpliría veinticinco hace cuatro meses, pero ya sabes.

―Todo el asunto de estar muerto―digo como si fuese lo más natural de mundo―, lo entiendo.

Él me regala una sonrisa―: eres un poco graciosa cuando no estás enloqueciendo.

Vuelvo a encogerme de hombros.

―¿Cuántos años tienes tú? ―cuestiona.

―Veintidós.

El asiente con la cabeza varias veces pero se queda callado. Su vista baja a sus jeans negros y pretende quitar una pelusa invisible. Yo bufo mientras cojo otra rebanada de pizza.

Antes de irme [HS]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora