💋Final💋

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Cuando la señora Choi llegó de casa de su hermana, se cubrió la nariz con la mano, apenas abría la puerta y un potente olor a chocolate con menta la recibía.

Como todo estaba cerrado en la casa, el olor se había concentrado aún más, por lo que cerró la puerta para ir abriendo las ventanas y que el sobrecargado aroma fuera saliendo.

—Uhm, debe ser que MinGi se quedó aquí con San, pero por qué huele tan fuerte. Nunca antes había sucedido.

Subió las escaleras con la intención de ir hasta la habitación de su hijo, cada paso que daba se marcaba todavía más el olor de MinGi y San, pero el de MinGi tenía un toque más... ¿Protector?

Abrió de par en par sus ojos y bajó las escaleras que acababa de subir para ir en busca de su esposo, el cual acababa de poner seguro al coche mientras cargaba algunas bolsas.

—¿Umm? Estás pálida, ¿qué sucede?

—Tienes que oler esto.

Con prisa, el señor Choi dejó las bolsas en el sofá más cercano y subió las escaleras con su esposa.

Olía a chocolate de menta, sí, pero...

Era menta fuerte, si ese aroma pertenecía a MinGi, que probablemente sí, ese aroma tan fuerte lo dejaba salir para... marcar territorio...

Tocó la puerta de la habitación de San, pero no tuvo respuesta, intentó entrar pero la puerta tenía seguro.

El olor tan fuerte comenzaba a darle dolor de cabeza, por lo que tuvo que bajar en compañia de su esposa.

—Esperemos a que despierten — Dijo la señora Choi.

Dos horas después, San recién despertaba.

Estaba agotado, quería dormir por más tiempo, estaba tan cómodo con el calorcito que le daba MinGi que no quería...

¿MinGi?

Miró bien dónde estaba, en su cuarto, en su cama, usando el pecho de MinGi como almohada mientras el alfa lo usaba como peluche abrazable.

¿Un MinGi sin camisa en su cama?

Al tratar de moverse un poco, sintió una pequeña molestia en su cadera y parte baja, una clara señal de “No, no, ni intentes moverte”, acompañado de una sensación extraña en su cuello.

Oh...

—¿Minnie?

El alfa se removió cuando trató de moverse de nuevo, afirmando el agarre que tenía sobre él hasta sacarle el oxígeno de los pulmones.

—¡MinGi, me dejas sin aire!

MinGi abrió los ojos al escuchar tal quejido, aflojando ligeramente el agarre que tenía sobre San para permitirle respirar.

—Perdón, entre sueños creí que te apartaban de mí y fue inconsciente.

—Uhm, estoy bien, tranquilo — Se acomodó de nuevo —. Honestamente no quiero que te apartes mucho tampoco... — Murmuró con vergüenza.

Dios mío, qué le pasaba, ¿desde cuándo tenía pena al hablar con un chico a la mañana siguiente de haberse enrollado con él?

Aunque si se ponía a pensar, este no era cualquier día después, a juzgar por todo lo que estaba sintiendo física y emocionalmente, no sólo había tenido relaciones con MinGi, sino que el alfa lo había mordido; lo había marcado como su omega, de su propiedad.

Una sonrisita salió de sus labios.

—¿San? ¿Cómo te sientes?

—Me duele un poco, pero estoy bien.

—Lo siento, perdí parte de mi autocontrol, espero no haberte hecho daño.

—No, no, estoy bien, en serio — Algo tímido pero feliz, San alzó la mirada para ver a los ojos al alfa —, y de todos modos, me gustó...

Una sonrisa socarrona se instaló en los labios de MinGi para atraer al omega hacia él, trepando encima del más pequeño para apresarlo contra su cuerpo y poder besarlo.

Cuando era niño pensó docenas de veces en qué se sentiría besar a San, tanto que quiso hacerlo, y por fin podía saber qué se sentía.

Era como un paraíso, un bendito sueño finalmente hecho realidad.

Por Dios, cómo había esperado por esto, en el fondo sabía que nunca habría un omega que pudiera hacerle sentir todo lo que San le hacía sentir, era imposible, y la respuesta a por qué sucedía esto era más que obvia.

Porque estaban destinados a estar juntos, como dos piezas de porcelana que encajaban a la perfección.

Porque él le pertenecía en alma y carne a San y San a él.

Y no podía seguir encerrando ese sentimiento afectivo por más tiempo, ni él ni mucho menos su lobo.

Se separó para poder ver con atención la marca de su dentadura grabada en la piel del cuello de San. La marca se veía fresca, rojiza y la sangre que brotó de allí estaba seca, sin embargo, esa marca se veía preciosa en la blanquecina piel de San.

Quería presumirla al mundo y gritarle a este que no le importaba más nada, que tenía finalmente lo que tanto había anhelado y que no pensaba dejarlo ir jamás.

—¿Se puede saber qué tanto piensas? — San puchereó.

—Esperé tanto por esto... — Juntó su nariz con la de San.

—¿Estar con tu omega?

—No, tener la confirmación de que mi omega eras tú y poder estar contigo.

San abrió ligeramente su boca, pero decir que estaba sorprendido era exagerar. Los alfas, pese a que se supone que eran más fríos en cuanto al amor, no podían ocultar cuando un omega les atraía sentimentalmente, mucho menos cuando se trataba de alguien tan importante como lo era un destinado, y MinGi siempre había demostrado que lo adoraba de la cabeza a los pies como si fuera una deidad.

MinGi siempre había demostrado que lo quería.

Cielos, MinGi era lo mejor que tenía en su vida, no había nada que le hiciera sentir lo mismo que MinGi.

—Me hacía tanta ilusión cuando creía que sería tu omega... — Cerró los ojos, llenando sus fosas nasales de las feromonas del alfa —, y que eso al final se hiciera realidad... Me pregunto qué hice de bien como para merecerme esto.

—Aquí la cuestión no es eso, sino lo agradecido que estoy por estar con un angelito tan precioso como tú.

Delicadamente, MinGi dejó un beso en los labios del menor, quien se sentía conmovido y con ganas de llorar.

—Quisiera repetirlo, pero me llega el olor de que tus padres ya llegaron.

—Oh, ¿en serio? Yo no huelo ahorita más que tu olor y el mío.

—Yo estoy más alerta de que nadie se acerque, ya sabes que los primeros días es así.

—No me molesta, me gusta cuando me proteges — Sonrió —. Luego le podemos dar las explicaciones a mis padres, ahora quiero dormir contigo, mi alfa~.

—Lo que tú quieras, precioso omega.









💕Fin💕

Kiss Kiss~ Extended Version (MinSan) ATEEZHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora