Parte 5-1

8 1 2
                                    


Ken siguió los pasos de su hermano, con más preguntas que respuesta. Si algo sabía era que Okkas no tenía ninguna otra debilidad que no fuera la bruja... ¿Ahora aparece un arma? Algo estaba mal aquí.

-¿No que la debilidad de él es Skye? -Ken rompió el silencio, negándose a quedarse sin respuestas.

-¿Crees que todo es tan simple?- N arqueó una ceja en su dirección, haciéndolo bufar. ¿Por qué sus hermanos no pueden contestar una simple pregunta?

-No... pero tú estás haciendo todo más complicado.

-La idea de que su hermana es su única debilidad no es mentira... –Baise lo pensó por un rato, mientras se hacía paso por el laberinto-. Digamos que Azure es su escudo y el Ragtanar es la única arma que pude matarlo de una. Una vez el escudo desaparezca, cualquier arma puede herirlo e incluso matarlo, pero...

-¿Me estas queriendo decir que estamos haciendo esto de puro vicio? –Interrumpió Ken. Baise suspiró exasperadamente.

-¿Cómo es que has vivido todo este tiempo?

-Porque soy lindo y talentoso, obviamente –La sirena decidió ignorarlo solo por conservar su salud mental, y porque ella realmente valoraba a N y sabía que sus hermanos eran una parte importante para él.

-Como dije anteriormente, Okkas tiene muchas cualidades. Antes de poder hacerle daño con cualquier otra arma, muchas cosas habrán pasado y seguramente estarías en tu peor condición. Si valoras tu vida, lo más sensato es hacerte del Ragtanar. De todos modos, la única persona que puede usarla es Skye.


Ahora que él lo pensaba, hacerse del Ragtanar no era tan mala idea. Si ellos podían equipar a la bruja de todo lo que ella necesitaba para acabar con Okkas, cualquier cosa es importante. Independientemente de cuantos peligros ellos podrían enfrentar en este lugar, ellos debían encontrar el Ragtanar. Exactamente eso era a lo que todos le estaban apostando. Después de tanto tiempo en manos de Okkas y de haber escapado por pura suerte, ellos sabían que nunca se podría ser muy prevenido. Mejor precaver que tener que lamentar.

Las horas que caminaron pudieron haber hecho a cualquier humano morir de cansancio. Para los efectos, Augur estaba maldiciendo por todo el camino y Baise estaba lamentando su decisión. Los vampiros pocas debilidades, muy al contrario de la Sirena y el Otwoosu. Ellos dos no tenían las mismas características que los humanos, pero tampoco eran tan parecidos a los vampiros. Ambos eran de la clase de criaturas que estaban entre medio... no demasiado débiles, pero su cuerpo tenía un límite. Sabiendo esto, ¡N los hizo caminar sin ningún tipo de descanso! La Sirena estaba a punto de perder la cabeza por la poca consideración, mas Augur negó con la cabeza frenando la queja. Pasar por esto no era nada en comparación a todo lo que tenían que esperar para conseguir lo que ellos necesitaban si no aprovechan esta oportunidad.

No fue sorprendente encontrar a tantos guerreros protegiendo el lugar, tampoco lo fue como los vampiros hicieron de esos esfuerzos un chiste. Acostumbrados a la táctica de Okkas, ellos supieron exactamente qué hacer y cómo hacerlo.

-Esto fue inesperadamente fácil –Dijo Ken por lo bajo.


Incluso aunque ellos estuvieran familiarizados con Okkas, es imposible que él siguiera usando la táctica de siempre. Esto dejaba un mal sabor. Es como si se le hubiese olvidado que uno de los vampiros sabía del arma... o como si él estuviera lo suficientemente preparado como para pensar que no era necesario proteger el Ragtanar.

Una vez paso estuvo libre, N y Ken decidieron adentrarse en el pequeño edificio. Luego de haber caminado por los laberintos de Atharey, ellos llegaron a la pequeña isla. Ken nunca había estado en estos previos y estaba maravillado con el paisaje. Para N esto era parte de su infierno.

Los Reyes de la NocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora