"Utopía, sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, dónde todo discurre sin conflictos y en armonía"
─ Llevaba días pensando en cómo se sentiría ser besado por ti. ─ responde Wooyoung. Esa respuesta le sorprendió a...
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Una semana después.
Durante toda esa semana, Wooyoung ha despertado a media noche entre gritos y sollozos. San sin poder hacer nada más que abrazarlo, sufre en silencio ante lo mal que se siente el menor.
─ No se cómo ayudarlo. ─ había dicho una mañana frente a su doctor de confianza. ─ Duele verlo así. Grita con tanto dolor, que es como si lo estuviera reviviendo en ese momento.
─ ¿Wooyoung rehúye de su tacto? ─ pregunta el doctor mientras anota un par de cosas en su vieja libreta de hojas amarillentas.
─ N-no, no lo hace. ─ responde en un suspiro. ─Cuando se siente mal, pide que lo abrace. Pero siento que se está forzando a hacerlo.
─ ¿Por qué cree eso?
─ Porque él, cada que no lo toco, siente que ya no lo quiero. Piensa que con lo que le sucedió, yo dejaré de verlo de la misma forma que antes. Pero no es así, lo único que quiero es que no se sienta incomodo conmigo, que pueda decir lo que piensa y que no se encierre en sí mismo.
El doctor baja sus lentes mientras suspira con pesadez.
─ Príncipe San, no ha pasado mucho desde ese atroz incidente. Es normal que él se sienta así, porque alguien más se aprovechó de él, alguien más lo toco sin su consentimiento, y no es algo que se olvide de la noche a la mañana. Wooyoung necesita ayuda para poder supera todo eso, pero llevara tiempo para que recomponga. Debemos ir poco a poco.
Desde ese día San seguía las recomendaciones y consejos que él doctor le había dado, el primero de todos, fue hablar con el menor y hacerle entender que él aun lo amaba igual o más antes.
Y aunque fue difícil hacerle entender, al parecer Wooyoung empezaba a entenderlo.
─ San...─ llamó el menor a su amado una vez hubo entrado a la pequeña sala de la cabaña.
Aún seguían en ese lugar. No se sentía seguro de volver y menos de entrar a su antigua habitación.
─ Bonito...─ respondió de la misma forma.
─ En la mañana, estaba pensando en algo.
─ Ajá...
─ ¿Dónde está Jiwoo?
Esa pregunta lo deja sorprendido. San se había olvidado de ella, ni por la mente le paso la existencia de aquella desagradable princesa.
─ Antes de escaparnos, ella se había ido, pero nunca supe a donde.
─ Eh...yo... la verdad es que no tengo idea bonito. ─ responde con sinceridad. ─ Había olvidado su existencia.
─ San. ─ regaña con un puchero. ─ Es mi hermana...
─ Sí, la misma que te ha hecho llorar desde quien sabe cuánto tiempo. ─ responde tenso.
─ Pero yo la quiero.
─ Tú tienes un buen corazón bonito, pero dudo que ella sienta lo mismo.
Ignorando lo que dice, pregunta. ─ ¿Pu-puedes buscarla?
─ ¿Estás hablando de verdad? ─ pregunta incrédulo. ─ Woonie, ella no se merece ni que recuerdes su nombre. Y lo siento, pero por mí, que siga perdida.
San sin poder creerlo, observa al menos sentarse sobre su regazo con las piernas a cada lado de su cintura. Era la primera vez que Wooyoung realizaba una acción como esa.
Sorprendido y con nervios coloca sus manos en las caderas del menor. ─ Por favor Sannie. Solo quiero saber cómo está.
Observa al menor pestañear coquetamente y le es imposible negarle algo. Y con un suspiro muestra que se ha rendido.
─ Bien, lo haré. ─ responde mirándolo directamente a los ojos. ─ Pero a la primer cosa mala que sale de su asquerosa boca, la saco de este lugar, y no quiero quejas.
─ Lo prometo. ─ responde el menor mientras coloca la palma de su mano frente a San, quien sin poder evitarlo se inclina y besa con ternura la palma de esa mano pequeña.
⚜
Un día le costó a San encontrarla...bueno, en realidad él justo estaba empezando con la búsqueda cuando ella misma apareció frente a la cabaña en la que se estaban quedando.
Y no estaba para nada contenta.
No sabían cómo, pero ella había dado justo en lugar correcto. Alguien tuvo que haberle dado las indicaciones, o tal vez, estuvo investigando.
Pero lo único que ellos no sabían era que ella, solo buscaba a Wooyoung para reclamarle un par de cosas. Y vaya sorpresa que se llevó al final.
Jiwoo había estado al norte del país, algo alejada de Utopía. Había sido enviada por su padre unos días antes de que todo explotara. Al parecer no quería que su hija se enterada de todos sus planes y menos de los trapos sucios en el que estaba metido.
─ ¿Dónde está mi padre? ─ fue lo primero que pregunto cuando tuvo a Wooyoung frente a ella. Y después de que terminara su visita con él, seguiría con la búsqueda del príncipe San. ─ Maldito imbécil...¿Qué has hecho?
Una voz a sus espaldas la sobresalta.
─ Vaya boca que tiene princesa Jiwoo. ─ comenta resaltando el título que tenía. ─ Al parecer las clases de ética no sirvieron de mucho.
─ Príncipe San. ─ dice sorprendida cuando lo tiene frente a ella. Nadie le había dicho que su hermano se encontraba en ese lugar junto con el que sería su esposo. ─ Estuve buscándolo. Debemos seguir con los arreglos para la boda y...
─ Ya no es necesario princesa Jiwoo. ─ responde con calma dejándola confundida.
Se supone que se casarían, para así poder tener el trono en sus manos, más específicamente en las manos del que sería su esposo.
─ ¿Qué?
─ Me encargué de romper ese compromiso.
Jiwoo niega lentamente. ─ No puede hacerlo...yo...yo... estoy embarazada.
Estoy embarazada.
Estoy embarazada.
Estoy embarazada.
Aquellas dos palabras se repitieron en la cabeza de ambos.
Pero el más ha afectado de ellos, fue Wooyoung. Quien aún mantenía la esperanza de que ella no lo estuviera.
De que su hermana no estuviera esperando un hijo de la persona que amaba.