Me senté al lado de Lilian y todos los asientos estaban ocupados. De mi otro lado se sentó Marion.
El partido empezó y el equipo de Emeric gano.
Bajé las gradas y me dirigí hacia donde él se encontraba. Lo mire con una sonrisa y el me miro con seriedad.
—Iré a festejar con ellos —dijo como si no le importara nada.
Me dejo allí de pie, volví a llamarlo y nos apartamos.
—Tengo algo para ti —dije sonriendo y sacando el cartoncito de mi mochila.
—¿Qué es esto? —dijo el con cara de molestia— eres ridícula con esto... vete Elise.
Me giré cabizbaja y me di la vuelta el miro el cartelito una vez más y luego lo arrojo a la basura.
¿No le gusto? Tenía brillos y todo, quizás debía mejorar la presentación.
Sentí una mezcla de tristeza y a la vez de enojo, había tirado mi esfuerzo a la basura era un pequeño detalle.
Mala había sido la idea de la abuela de los cartelitos.
Debía insistir camine con el objetivo de ir hacia donde el se encontraba.
Y fue donde entre al vestuario de los chicos.
¿Qué buscaba? No lo sé.
Entre y a mi vista llegaron los glúteos de uno que estaba de espaldas.
Sentí mis mejillas enrojecerse de la vergüenza me gire y me volví a sentir estúpida por pensar que lograría algo.
—¿Elise? —la voz de un chico llamo mi atención.
Mire a Simon y el levanto la ceja mostrando una sonrisa de gracia.
—Yo... me confundí —antes que pudiese decir otra palabra alguien estaba de pie a nuestro lado.
Emeric estaba con la toalla atada a la cintura y con el ceño fruncido, me tomo del brazo dirigiéndome a la puerta.
—¿Qué crees que haces?! —exclamo enojado— ¡Debes detener todo esto!
—Solo quería...
—¡No! ¡Tus mierdas no me interesan! ¿Por qué quieres complicarme la vida? ¡Lárgate de una maldita vez Elise!
Tragué saliva conteniendo las ganas de llorar solo fruncí el ceño y me di la vuelta.
Aprete mis labios sintiendo que en cualquier momento explotaría.
¿Por qué el tenía que ser tan cruel? Regrese a casa porque Lilian me llevo en su auto.
—No dijiste una palabra en todo el camino —dijo ella deteniéndose en frente de mi casa.
La mire dudosa si decirle que me sentía mal por la reacción que había tenido Emeric pero era de esperarse de alguien como el.
—No pasa nada —abrí la puerta del auto.
—Cuentas conmigo Elise —ella me sonrió y yo le respondí con el mismo gesto.
Entre a la casa y me dirigí hacia mi cuarto, tome los materiales que habían sobrado y los que tenía aparte.
Empecé a armas la caja, agregándole los detalles y todo lo que había conseguido.
Quizás ese regalo no lo rechazaría ni tampoco lo botaría a la basura.
Miré el reloj de la mesita de noche y abrí mis ojos sorprendida al darme cuenta de todas las horas que habían pasado.
Por la ventana se veía otra vez el sol saliendo mis parpados pesados por el sueño y solo había dormido media hora.
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Confía en Mí
RomansaDos hijos de unos importantes empresarios están obligados a casarse, pero Elise Fontaine no está dispuesta a casarse con alguien que no se lleva bien, pero hará lo posible para poder acercarse a Emeric Fortier. ¿El lograra enamorase de ella?
