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Un largo suspiro, después de tomarse un tiempo para sí mismo en la entrada de su departamento, fue suficiente para calmarse de su mal ánimo por el reencuentro con Francisco.

Manuel y Pedro seguían jugando en el televisor de la sala, dándoles una corta mirada, Miguel avanzó hacia la cocina donde se encontraba Julio preparándose unos sándwiches. Volvió a animarse mentalmente, dejando las compras sobre la mesa, y las fue sacando con el fin de acomodarlas.

—¿Pasó algo?—empezó el más bajo viendo suspicaz a su amigo.

—¿Uh? —no le dio la cara, no quería que su mirada lo delatara— ¿Por qué lo dices?

—Pues normalmente siempre llegas saludando o diciendo una que otra cosa, ahora en cambio estás muy callado,  eso no es propio de un chico extrovertido como tú.

Miguel esbozó una sonrisa nerviosa, y siguiendo con lo suyo, no dejó de acomodar algunas cosas, mientras utilizaba otras para preparar la cena. Julio frunció ligeramente su ceño e insistió.

—¿Miguel?

Unos segundos después de su llamado y de quedarse de pie con un tomate en la mano, suspiró derrotado.

—Me encontré con Francisco en la calle.

Julio que yacía sereno esperando por la respuesta, expandió sus ojos por la sorpresa.

—¿Qué? ¿Regresó? —susurró para ambos.

—Pues parece que sí, aunque no sé si es de manera momentánea o permanente. Solo sé que me jodió el estupendo día que tenía.

—¿Habló contigo? ¿Qué te dijo?

—Pues básicamente quería hablar sobre nuestra antigua relación, y no sé qué mas quería. No es como si le diera la oportunidad de hablar. Lo mandé a rodar y ya.

Un corto silencio llenó la habitación, luego Julio habló.

—¿Se lo vas a contar a él? —con la mirada señaló el cuarto de la sala.

—¿A Manuel? Claro que sí, quiero que comience lo nuestro de la manera correcta, pero aún no sé cómo empezar con el tema.

Julio frunció aún más su ceño.

—¿Y quién rayos habla de ese jodido chileno aprovechador de jóvenes inocentes? Yo me refiero, a nuestro pendejo que tenemos como amigo.

—Ah... ¿Se lo puedes decir tú? —prácticamente le rogó con la mirada suplicante.

—Oh, ni me mires. —se encogió de hombros ya calmándose— Sabes que si no se lo cuentas tú mismo, él hará un berrinche y quizás hasta un drama de varios días.

Miguel rodó los ojos lamentándose su mala suerte.

—¿Por qué me tiene que pasar esto mí?

—Sabes que puedes decírselos ahora mismo, ¿no? Creo que estando en mayoría no habrá tanto problema.

Miguel lo meditó hasta asentir con su cabeza.

—Tienes mucha razón. —acto seguido los llamó para que los restantes fueran al cuarto de cocina.

Pedro y Manuel llegaron sonriendo, jactándose de sus partidas en el juego.

—¿Para qué nos llaman, pendejos? —empezó Pedro.

Miguel les dedicó una sonrisa estática al tenerlos en frente. Pasaron unos segundos y al final se decidió por hablar.

—Julito les tiene algo qué decir. —lo señaló haciéndose el desentendido.

Only One  || Chirú ||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora