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-Y bueno... eso. Feliz cumpleaños.

-¡¿Obtuviste el protagónico y no me lo dijiste?!

-También te dije feliz cumpleaños -le di un zape-. ¡Oye!

-¡Tienes el protagónico!

-¡Es tu cumpleaños!

-William.

-¡No me digas así! -me miró con el ceño fruncido-. No te lo había dicho porque no es algo que me enorgullezca.

-Pero si eso significa que eres buenísimo.

-Sí, en algo que no quiero ser. Yo soy para el teatro, por lo visto, pero el teatro no es para mí.

-Bueno... tienes razón. ¿Ya le dijiste a tus papás?

-No, ¿por qué crees que vine contigo?

-¿Porque es mi cumpleaños?

-Ah, cierto, te compré algo pero lo dejé en mi habitación. En realidad el "feliz cumpleaños" al final de la noticia fue más bien improvisado.

Lo miré con los ojos entrecerrados. Faltaba un mes para las vacaciones de verano.

¿Cómo fue que casi un año pasó tan tan rápido? Ni idea, pero en un mes iba a tener que regresar a mi casa.

Además, en un mes, los papás de tooodos los alumnos del instituto venían a ver lo que había resultado de nuestros cursos extracurriculares.
En mi caso, verían un robot pequeñito y casi inservible. O bueno, esperaba que para ese momento ya hubiera mejorado un poco.

Retomando lo de Bill, se supone que para ese entonces, ya sólo se estarían afinando los últimos detalles, o sea: ensayarían tres veces por semana hasta que llegara el día de presentar la obra.

-Tienes que decirle a tus papás que serás el protagonista.

-No se los voy a decir, que se enteren en un mes.

-Bill, es importante que lo sepan.

-¿Para qué? Se llevarán una grata sorpresa y yo me ahorraré escuchar un mes sus comentarios estúpidos e inservibles. Todos ganamos. ¿Vamos por tu regalo?

No tenía sentido seguir discutiendo así que asentí y caminamos a su habitación por mi regalo.

Como supongo que era de esperarse, Dylan abrió la puerta y gritó "¡Sorpresa!" Así que tuve que fingir sorpresa.

-¡Dylan, ¿qué es esto?!

-Yo lo organicé -dijo Bill, muy orgulloso, al parecer-. Aunque fue una buena oportunidad para contarte.

-¿Para contarle qué? -preguntó Dylan.

-Nada, adentro -dijo Bill y me hizo pasar.

Eso me puso a pensar, no le contaba muchas cosas a Amanda y Dylan pero sí me las contaba a mí, me hacía sentir especial.

-Me quedé sin ideas para tu regalo, pero espero que esto te guste -dijo Dylan. Me regaló un libro de Harry Potter porque dije que quería comenzar a leerlos.

-Amanda no debe tardar en...

-Ya llegué -Mandy entró y me dio un abrazo muy fuerte-. Feliz cumpleaños, terroncito de azúcar, te quiero. Toma.

Me dio una bolsa de regalo que adentro tenía un hoodie negro, cosa que había dicho que quería.

-¡Ah, Mandy, gracias! -volví abrazarla y le di un beso en la mejilla.

Mi relación con ella se había vuelto mucho más cercana, la sentía como mi mejor amiga.

-Es mi turno. Pero cierra los ojos -obedecí y Bill puso algo en mis manos-. Ábrelos.

SummeryDonde viven las historias. Descúbrelo ahora