31. Lo inevitable.

145 16 3
                                        

— ¿Que es lo que más aman esos dos?

— ¿A Sofía y a Miranda? - preguntó dudosa la ojiverde.

— Exacto, debemos hablar con los niños, a ellos seguramente no les gustará que sus papás se separen — el viejo parecía haber olvidado lo que su casi ex esposa le dijo en la mañana.

— Está bien, cualquier cosa te llamo — la ojiverde cerró la llamada aun dudando si meter a su pequeña hija en todo este conflicto.

Alicia y Martin estaban felices y a la vez un poco nerviosos por lo que habían publicado, ya que les preocupaba cómo iban a reaccionar sus hijos.

— Me alegra tanto que poco a poco las cosas se vayan acomodando para que tú y yo podamos vivir nuestro amor.— dijo Martin con entusiasmo.

— Si mi amor, pronto podremos contarle a todo el mundo el inmenso amor que nos tenemos — dijo Alicia feliz.

— Ven acá amor mío, te he echado mucho de menos — dijo acercándose a ella muy sutilmente.

— Amor, acuérdate que estoy fracturada de una pierna... — dijo ella con picardía.

— Prometo tratarte con mucho amor. — empezando a darle besos en el cuello.

Los besos pasaron de lentos a apasionados, una pasión que ninguno de los dos antes había sentido.

— Dicen que el silencio dice más que mil palabras, pero, ni el silencio llega a explicar lo que siento por ti. —dijo Martin mirando a los ojos a su amada.

— Quien diría que lo que empezó como una actuación terminó siendo un amor bonito e infinito — pensó una Alicia enamorada, dejándose llevar por las caricias que le estaba proporcionando su hombre.

Los besos empezaron a subir más y más de tono, ambos no se podían aguantar más las ganas que tenían de estar juntos, se necesitaban y se extrañaban.

Con mucho cuidado él la cargo a la cama y la recostó en ella, comenzó desabrochando el jean de la morena y fue depositándole besos húmedos desde el tobillo hasta su entre pierna, le quito su ropa interior y comenzó a acariciar cada rincón de su piel, aumentando más las ganas, él se desvistió y se subió arriba de ella con mucho cuidado y empezó a hacerle el amor con pasión, con cada penetración liberaba un gemido aumentando las ganas de más, él succionaba sus pechos pasando la lengua por todo el pezón haciéndola perder la cabeza, aumentó la velocidad y con cada embestida los gemidos se hacían más fuertes, terminó en un intenso orgasmo que le hizo temblar todo el cuerpo, se recostó alado de ella y continuó besándola.

— ¿Estás bien? ¿No te lastimé? — preguntó el ojiazul preocupado.

— Estoy perfectamente bien — le dio un corto beso en los labios — pero amo que seas tan atento conmigo, cada día me siento más contenta de haberte encontrado. ¿Dónde estuviste tanto tiempo? — bromeó.

— Dicen que el tiempo de Dios es perfecto, así que me gusta pensar que nos encontramos en el momento exacto. - respondió con una sonrisa.

...

Mientras tanto, Sergio había decidido hablar con Miranda. La niña ahora era su única arma en contra de su casi ex esposa, así que fue a buscar a su hija en el colegio.

— Papi, ¿Qué haces aquí? — pregunto Miranda sorprendida, ya que era muy poco común que su papá fuera por ella a la escuela.

— Quise pasar por ti, tengo algo que contarte. — dijo Sergio hipócritamente.

— ¿Contarme algo?

— Si, hija. Se trata de tu mamá.

— ¿Que le pasó a mi mamá? — preguntó Miranda poniéndose un tanto nerviosa, pensando que algo grave le pudo pasar a su madre.

— Descuida, ella está bien, se trata de la relación entre tú mamá y yo.

— ¿Qué pasa, papá? ¿Se van a separar?

— Sí hija, tú mamá tiene una relación con otro hombre. — dijo Sergio tratando de victimizarse.

— ¿Relación con otro hombre? No te creo, papá — dijo la niña sorprendida por lo que su papá acababa de decirle.

— Así es Miranda, tu mamá me engaño con otro hombre.

— ¿Como pudo mi mamá hacerte eso? ¿Cómo pudo hacernos esto? — exclamo la pequeña bastante indignada.

— Ni yo mismo lo sé, yo le di los mejores años y ella así me pago.

— Tranquilo papi, no estés triste sabes que yo te amo y te apoyo en lo que decidas.

— Yo quiero que tu mamá recapacite y deje a ese hombre corazón, y creo que tu podrías hablar con ella para que no acabe con nuestra familia.

— Sí papá, voy a hablar con ella.

Miranda se quedó callada, estaba muy sorprendida por lo que su papá le había contado. Cuando Sergio la dejó en casa y se fue al hotel donde se estaba quedando, la niña se despidió de él y se fue a su cuarto.

Yuri estaba en casa y se le hizo raro cuando vio que su hermanita había llegado más temprano del colegio, iba a preguntar si le pasaba algo, pero no tuvo tiempo, porque Miranda se fue corriendo a su habitación.

— Enana, ¿estás bien? - Yuri tocó la puerta, pero no pudo entrar porque estaba cerrada.

— Sí, ¿puedes dejarme sola un ratito? — contestó del otro lado.

— Está bien, si necesitas algo avísame.

Yuri decidió darle espacio a su hermana, pero no tardó en darse cuenta que si ella estaba así es porque ya se había enterado del divorcio de Alicia y Sergio. Pensó en llamar a su mamá, pero prefirió dejar que las cosas se calmaran.

Miranda lloró un buen rato acostada en su cama. Estaba enojada con su mamá, no quería que ese divorcio sucediera, y le dolía pensar que Alicia había engañado a su padre.

Pero a la vez empezó a acordarse de las veces que los había escuchado discutir. Recordó una en específico, cuando se escondió y escuchó claramente de boca de su mamá que su padre había sido infiel.

Todo eso la confundía mucho.

El arte del amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora