Aina Ivanova
No he logrado encontrar pistas, todo parece estar en mi contra y, lo peor de todo, es estar sola, no hay nadie que me ayude. Todo es un caos.
He tratado de mantenerme tranquila, pero me es imposible sabiendo que mi mejor amiga ha desaparecido desde hace cinco días.
Quiero salir corriendo a la estación de policía y pedir ayuda, pero si hago eso yo seré la primera sospechosa por no avisar desde ese instante.
El miedo regresa y es el que me desestabiliza, es el que me descontrola y hace que mi corazón aumente su velocidad.
Tuve dos momentos a punto de tener una recaída, pero lo controlé. Logré tranquilizarme sin la ayuda de los medicamentos que se me agotaron hace dos días y no he tenido tiempo o noción para ir a comprarlos.
Desteto y odio esto de mí, ser una miedosa.
Me siento inútil pero no puedo hacer algo, tengo demasiado miedo que me es imposible pensar. Lo único que hago es encerrarme y no querer salir. Estoy demasiada cansada, el sueño se ha ido y me siento nefasta, quiero dormir, pero tengo el temor a que me encuentren. No puedo, es desesperante no vivir en paz.
Repentinamente, el alarmado sonido del teléfono de la casa suena desesperadamente, el cual causa que mis nervios se alteren.
Por un momento dudo en contestar, pero con valor me levanto del suelo y voy hacia él teléfono. Temblorosa, lo tomo y atiendo la llamada.
—Hola —el miedo es notorio en mi voz.
—Usted conoce al señor Sebastian Derricks —
Me sorprendo al escuchar su nombre, hace días que no lo recordaba.
— ¡Ah! Si, lo conozco.
La voz me tiembla.
—Es para infórmale sobre su condición. El señor Derricks acaba de sufrir un accidente automovilístico. En estos momentos ha sido transportado a la clínica central con urgencia.
El hombre no dice más ante mi silencio y lo siguiente a escuchar es el pitido constante; la llamada termina y yo sigo sin moverme o parpadear.
De nuevo comienzo a hiperventilar, comienzo a sudar y el corazón se me acelera.
—Sebastian —susurro su nombre.
Las lágrimas salen de mis ojos al imaginar a mi esposo muerto.
Con poca fuerza busco mi bolso. Salgo corriendo de la casa y busco un automóvil publico que me lleve a la clínica.
Todo es un caos en mi cabeza; espontáneamente una silueta se atraviesa en mi camino, atropello a la persona, pero por lo alto que es, caigo al suelo por el impacto.
—Señorita, ¿está bien?
Sin darle importancia intento levantarme, pero las piernas me tiemblan; pierdo la fuerza y caigo de nuevo al suelo. El generoso hombre me extiende su mano y me ayuda a ponerme de pie.
—¿Se encuentra bien?
De un rápido vistazo miro su rostro, tiene un rostro preocupado y puede ser que sea por mi rara actitud.
—No, estoy bien —digo entre lágrimas.
— ¿Necesita ayuda?
—Necesito ir al hospital central —es lo único que pienso en este momento, llegar con Sebastian.
El alto hombre parece comprender la situación en la que me encuentro.
—La puedo llevar, mi auto está ahí estacionado.
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Falsa Identidad: Amores que hieren (2do libro)
Ficción GeneralLa comprensión es el primer paso para la aceptación y sólo aceptando se puede recuperarse. Yo he aceptado mi pasado, soy consciente de lo que fui y lo qué sucedió a pesar del doloroso y fatal destino que pasé. La vida me dio otra oportunidad para am...