Cuando terminé de llorar, me subí los pantalones y me acurruqué como si ese fuera mi destino final. Donde me quedé dormida en pocos minutos.
Noté un ruido en la puerta de aquel lugar al cabo de un buen rato y me sobresalté con ello. Me había quedado dormida tras dejar de llorar. Jamás supe la hora en que lo hice, ya que no cogí mi reloj cuando fui a tomar ese último café con mis hermanos.
Levanté mi cabeza de la cama y vi que Luka había entrado de nuevo en aquel horrible lugar.
No le dirigí palabra alguna. Ya que no quería verle la cara al asesino de mi familia.
―Desnúdate ―me dijo, mientras cerraba la puerta con llave.
―No pienso hacerlo ―le respondí.
―Bueno, en este caso te dejaré ahí tirada sin que pruebes el desayuno.
―No tengo hambre, gracias.
Volví a callarme y lo único que pensé es en cómo me humillaría esta vez.
Sentí a Luka sentarse en la cama y comenzó a acariciar mis muslos. Sin embargo, no hice nada.
―Mariella, solo quiero que te desnudes y vengas conmigo al baño. Una ducha de agua caliente te sentara bien y ponerte algo limpio. Como también comer algo.
Mi respuesta fue el silencio.
Noté en pocos segundos que él se volvió a levantar y también sus pasos al caminar. Se había dado por vencido.
Me levanté de la cama y despejando un poco mi mente, le dije:
―Que acepte esa ducha de agua caliente y comer algo, no significa que todo haya vuelto a la normalidad entre tú y yo.
Luka se giró y me dijo en breve:
―Tendré paciencia para cuando eso ocurra.
―Jamás ocurrirá eso. Mataste a mi familia y con ellos me mataste a mí.
Él se acercó a mí y cuando estuvo delante, me eché un poco hacia atrás.
―Olvídate de que haya algún acercamiento entre tú y yo ―le volví a decir―. Si voy a ser tu prisionera eso es lo único que seré.
Luka me cogió enseguida por el brazo y me respondió:
―Jamás voy a dejar que me prives de algo que me gusta tanto.
―Pues busca a quien tirarte. Yo no pienso ser esa fulana que tu creías que era.
Él llevó sus manos a su bolsillo y sacó algo.
Enseguida, Luka me cogió la muñeca y me puso la esposa de nuevo. Lo cual me hizo entender a mí que jamás me escaparía de él.
―Acabo de decidir qué vamos a darnos un baño juntos.
―Ni hablar.
Luka sacó una sonrisa malévola y percibí que tenía algo en mente. Algo que no me gustaba.
Él se puso la otra esposa y después caminó. Arrastrándome a mí a la fuerza hasta el cuarto de baño.
Ahí en pocos segundos, me percaté que era un buen baño. Acondicionado con una ducha demasiado grande y una tina.
Él fue a poner el agua tibia y el tapón para que esta no se marchase. Sin embargo, tiró de mí un poco.
Después, Luka fue hasta el cajón y sacó de ahí unas tijeras.
―¿Qué piensas hacer? ―le pregunté.
―Voy a romper esa vieja ropa que tienes puesta.
―No hace falta romperla ―le dije―. Quítame la esposa y me la quitaré sin más.
―No me fio de ti. Ya que eso me lo dijiste y escapaste.
―¿Qué motivo tengo yo para escapar?
Luka me quitó la esposa y fue a la puerta del baño para cerrarla.
Comencé a quitarme la ropa hasta quedarme desnuda. Fue cuando vi que él también comenzó a quitársela.
Ambos estuvimos desnudos en segundos y oculté mi desnudez ante él. Sin embargo, Luka fue rápido y me quitó las manos. Poniendo de nuevo la esposa en su sitio.
―Déjame entrar a mi primero ―dijo él.
Le cedí el paso y se entró en la tina. Sentándose en breve y haciéndome daño con la esposa.
―Entra rápido y siéntate. No seguirás haciéndote daño.
Le hice caso. Me entré en la tina y enseguida me senté. Notando su miembro debajo de mi trasero.
―Relájate y échate para atrás.
No sé qué es lo que Luka pretendía, pero tenía la intuición de que nada bueno.
Él puso la mano de la esposa encima de mi estómago e hizo que mi mano también lo estuviese.
Él comenzó a echar agua caliente sobre mi cuerpo desnudo y lo único que pensé es en mi familia. Y no me estaba dando importancia que Luka me tocase. Pero quería escapar de nuevo.
Me quedé más relajada de lo que estaba y olvidé que había entrado en la tina. Fueron las imágenes de los disparos a mis padres lo que me hizo abrir de nuevo los ojos y echarme hacia adelante, evitando que Luka me tocase.
―¿Que ocurre? ―me preguntó.
El silencio era mi mejor amigo en esos momentos. Lo único que quería era salir de la tina e irme de ese espantoso lugar.
―Mariella, respóndeme ―volvió a decirme.
―He visto el momento en el que Patrick mató a mis padres y...
Volví a hacer el silencio y Luka me echó hacia atrás para que me relajase.
―Relájate.
―¿Cómo quieres que me relaje sabiendo que mis padres están muertos? ―le pregunté.
―Tienes que hacerlo, Mariella. No quiero que caigas mala de los nervios por culpa de todo lo que ha pasado últimamente. Te quiero bien.
―Tú jamás me quisiste ver bien. Me pusiste mala de los nervios en más de una ocasión.
―Lo recuerdo. Pero ahora las cosas son muy diferentes. Soy al único al que tienes y...
―Estás equivocado. Tengo al resto de mi familia, aunque mis padres y mis hermanos no estén.
―Tú ya sabes lo que soy capaz de hacer. Así que no me tientes a matarlos también.
Con él reloj inteligente que tenía en su mano, le ordenó al altavoz que pusiera algo de música.
―Me gusta la música mientras que me doy un baño de agua caliente ―me dijo.
Hizo una breve pausa.
―¿Por qué lo hiciste? ―le pregunté.
―Ya te dije que quien me desafía, tiene un castigo peor.
―No me refiero a mis padres y a mis hermanos. Si no, a acostarte con Harriet.
―El alcohol y las drogas hablaban y hacían por mí en esos momentos.
―No le eches las culpas al alcohol y a las drogas. ¿Alguien te dijo que te metieras cocaína o que bebieras alcohol mientras que te recuperabas?
―No.
―Ya ves. Todo lo hizo tu cabeza y tu mala forma de actuar. Te enseñé durante el proceso de nuestra relación lo que debías de hacer y lo único que hiciste fue olvidar todo lo bueno que te enseñé. Incluso a amar. Fue de eso por lo que te burlaste de mí.
Sin embargo, no obtuve respuesta de sus labios.
La música continuaba sonando y me quedé tranquila porque supe que le había callado con lo que más dolía.
Tras media hora metidos en la tina, ambos salimos y nos pusimos un albornoz de baño y Luka me llevó hasta la habitación.
En pocos segundos durante el trayecto hasta a ella, observé que el lugar era muy amplio. Más que el departamento en el que estábamos.
―¿Dónde estamos Luka? ―le pregunté.
―Tranquila. Es una casa que le perteneció a mi padre y que está lejos del pueblo.
―¿Él sabe que estamos aquí?
―Si te he dicho que perteneció, es porque ya falleció hace varios años. Esto me tocó a mí por derecho como les tocó a mis hermanos su parte.
Hizo una breve pausa.
―Tranquila. Aquí nadie nos encontrará Mariella. Solo estamos tú y yo. La casa es mi propiedad desde hace dos años ―me aclaró―. Tenía pensado traerte aquí en invierno del mismo año en que lo dejamos, pero no se dio.
―Tan solo por tus malas decisiones.
―Mis decisiones y por qué hubo tres personas que se metieron en la relación ―me aclaró―. Si tus hermanos no se hubieran metido, tú y yo hubiéramos sido felices.
―¡Felices! Dirás que serías tú feliz mientras que me eras infiel con otra mujer ―le dije un poco furiosa.
Nos miramos a los ojos y él me dijo:
―No me enfades Mariella. Ya conoces esa parte oscura de mí que no querrás ver.
Continuamos caminando hasta llegar a una habitación.
Cuando entramos en segundos, me percaté que era muy luminosa y grande. Tenía una cama de matrimonio al lado de una puerta en su lado derecho que parecía ser un armario y en su lado izquierdo otra puerta que parecía ser un baño. Frente a la cama tras entrar, había una cómoda y un tocador. Y justo frente a la puerta un gran ventanal que daba a lo que parecía ser un balcón.
―Ya tendrás tiempo de ver toda la casa más tarde.
Luka empujó de mí y me llevó hacia la puerta del lado derecho. Fue ahí donde mis sospechas se confirmaron. Era un gran closet con ropa. Lo que me sorprendió aún más, fue ver mi ropa y mis cosas ahí. Odiaba cuando planeaba las cosas como él quería y no como yo lo deseaba.
―Escoge algo cómodo para desayunar y estar todo el día en la casa ―me dijo―. Luego vendrá Patrick con algunas cosas que le mandé a comprar para que puedas dormir cómoda.
―Y supongo que tengo que dormir a tu lado.
―Tú misma lo has dicho. Pero ya te diré como van a ser las noches a mi lado.
Un infierno, pensé. Sin embargo, mi silencio se halló y no supe que decir.
Luka fue a cerrar la puerta del tocador con llave mientras tiraba de mí. Eso me dolió.
En segundos, él me quitó la esposa y volvió a decir:
―Vístete. Escoge lo que más te guste.
Fui hasta el armario y me di cuenta que estaba todas mis cosas allí. A Luka se le había ido la cabeza.
Escogí un vaquero y una camisa de lunares junto con unas zapatillas cómodas.
Comencé a ponerme la lencería poco a poco y noté un escalofrío. Uno que me dijo que Luka estaba observando cómo me ponía las prendas en mi cuerpo.
Miré hacia arriba y observé que él estaba mirándome, mientras que él se ponía un pantalón de chándal, una camisa de manga corta y la sudadera del chándal encima. Eso también me dio escalofrío.
En segundos, terminé de vestirme y Luka también lo hizo.
Enseguida, él vino hasta a mí y me puso de nuevo la esposa. Sin embargo, no le dije nada.
Luka abrió la puerta del vestidor y ambos salimos en breve de ahí. Donde él me condujo hacia la cocina.
Él comenzó a preparar poco tiempo después unos desayunos. Donde solo hubo zumo de naranja y tostadas de pan integral.
―Mañana tendré que ir a hacer algunas compras ―dijo de pronto―. Ya sabes cual será el procedimiento contigo.
Pero no le di respuesta.
Tras terminar de preparar los desayunos, probamos bocado y en silencio. Así era mejor tras enfrentar lo que tenía delante ahora.
Cuando terminamos de recoger los platos después de desayunar, Luka me estuvo enseñando la casa en la cual me retenía. Me asombré cuando vi que era una casa de una única planta con vistas a un jardín, con un salón muy amplio y chimenea, ya había visto el sótano donde me tuvo encerrada, la habitación donde dormiría junto a él y sobre todo un despacho que tenía estanterías vacías. El resto de la casa tenía habitación sin ocupar por camas. Según me estuvo diciendo él, quitó las camas del resto de habitaciones para tener algún lugar donde guardar cosas. Pero esas cosas no habían llegado.
Paramos en el jardín tras media hora caminando y me senté en la hierba verde. Al parecer, Luka había cuidado bien ese jardín desde que tiene la casa.
―Hubo un tiempo en que pensé que aquí correrían nuestros hijos Mariella ―me dijo―. Que este seria nuestro hogar, aunque todo fuera de mentira.
―Luka, no te pongas melancólico. No quiero escuchar nada de los planes que hicimos cuando llevamos un cierto tiempo en nuestra relación ―dije bruscamente.
―Entiendo cómo te sientes, pero ahora las cosas van a cambiar.
―Aquí no va a cambiar nada. Mucho menos tú. Que decías que cambiarias y no lo hiciste. Como tampoco lo harás.
―Mariella, no me tientes a hacerte algo mucho peor de lo que le hice a tus padres y a tus hermanos.
―No me da miedo morir, Luka. Así que, adelante.
Sin embargo, él no me dijo nada. Sólo nos miramos mientras que se sentó a mi lado.
―Los hombres como yo jamás cambiaremos ―me dijo.
―Te ofrecieron cambiar para tu salud y bienestar Luka. No entiendo por qué has vuelto al mismo camino.
―Tú no sabes la sensación que es estar drogado Mariella ―me dijo eufórico―. Es como si tuviera el universo a tus pies. Lo malo que cuando se pasa el efecto quieres más y más.
―Por eso tengo una vida sana. Nunca me ha gustado de probar ese tipo de cosas. Y jamás lo haré.
―Lo mejor de todo es que el deseo y el sexo es mucho mejor que cuando estás sin hacerlo.
―Pues no me interesa saber cómo es esa sensación.
Sin embargo, él no me dio ninguna respuesta. Solo el silencio se encontró entre nosotros.
El resto del día transcurrió muy lento. Hasta que casi a las cinco de la tarde, Patrick llegó con algunas bolsas y Luka se las cogió. Dejándolas en el lado donde estaba la habitación en la que dormiría con el asesino de mi familia.
A las nueve de la noche, cenamos algo ligero y tras ello, recogimos muy despacio para asentar bien la comida.
Después de eso, Luka me arrastró con él. Cogiendo por el camino las bolsas que Patrick había llevado.
En pocos minutos, entramos en la habitación y cerrando la puerta con llave; Luka puso las bolsas ante mí y me dijo:
―Todo eso es para ti. Mira lo que hay dentro y ponte el que más te guste.
Tenía miedo de lo que podía encontrarme. Tratándose de él podía ser cualquier cosa.
Luka me arrimó a la cama sin quitarme la esposa y abrí las bolsas.
Ahí me encontré con lencerías que jamás me había puesto. Un camisón muy escotado y con muy poca falda de color rojo y negro, etc. Ahora entendía a cuando se refería a ya te diré como van a ser las noches a mi lado. Se refería a que estuviera lista para cuando él quisiera un orgasmo.
―No pienso ponerme nada de esta mierda ―dije furiosa.
―Lo harás Mariella. O si no dormirás desnuda.
―Prefiero dormir desnuda y en ese sótano oscuro que a tu lado para cumplir tus fantasías eróticas.
Observé enseguida la cara de Luka y supe que se había enfadado. Por lo que me eche un poco hacia atrás. Sin embargo, la esposa me impidió ir más atrás de lo que pensé.
―Esa es la ventaja de la esposa. Jamás te me escaparás.
―Luka no quiero ponerme esto ―le señalé.
―Recuerda que estas bajo mis normas. Recuerda que aun tienes a familia que está viva y aun puedo usar mis últimas balas.
Bajé la mirada y no supe que hacer. Pero estaba claro que tenía que obedecerle o si no mataría a mis tíos.
Cogí un camisón de color negro y lo puse ante mí.
―Quítame la esposa ―le dije rindiéndome.
Luka lo hizo y en segundos, comencé a desnudarme.
En breve, me puse el camisón. Hasta que cuando lo tuve puesto, me di cuenta que era un picardías demasiado ceñido a mi cuerpo.
―Mariella, quítate las bragas. Al picardías no le pega que lleves ropa interior ―me dijo.
Y me hice caso.
En breve, vi como Luka se quitaba la ropa y se quedaba en calzoncillos.
Pocos segundos después, él volvió ante mí y me puso de nuevo aquella esposa. Y sin pensarlo, Luka me giró y puso mi espalda en su torso desnudo.
―Me dan ganas de follarte Mariella ―me dijo en un susurro.
Él bajó su mano muy despacio hasta llegar a mi sexo. Donde en segundos, tocó mi clítoris muy lentamente.
―Luka, para por favor.
―Sabes que no voy a hacerlo.
Llevé mi espalda un poco hacia abajo y él me agarró muy fuerte para que no me cállese.
Solté un gemido cuando Luka comenzó a ir más rápido en sus movimientos. Tanto que escuché una sonrisa malévola en mi oído derecho.
Él paró en segundos y no supe cómo actuar. Ya que me había dejado exhausta.
―Vamos a dormir Mariella ―me dijo tras dejar de tocarme―. Mañana quiero ir a hacer algunas compras para que podamos sobrevivir aquí un tiempo.
Sin embargo, no le dije nada. Pues había tocado un poco la erección que tenía en su entre pierna.
Ambos caminamos hasta la cama. Primero me metí yo y después lo hizo Luka. Donde no tardó en apagar la luz.
Él se giró y yo me quedé boca arriba. Ya que necesitaba pensar.
Para mi sorpresa, Luka puso su mano en mi estómago y se quedó así por un buen rato. Por lo que no dije nada.
―Mariella ―dijo.
―¡Qué quieres!
―Te queda muy bien esta lencería. Se me puso dura al instante cuando te vi con ella puesta.
―Te odio.
Luka se río por lo bajo y después no escuché nada más.
Mi vida a su lado sería una pesadilla si no lograba escapar de él. Estaba claro que sería su muñeca en momentos de que tuviera una erección. Y no sería capaz de aguantar esto como tampoco supe aguantar nuestra ruptura hace un mes.
ESTÁS LEYENDO
Simplemente Mía
Historical FictionLa vida a veces no se trata de disfrutarla. Se trata de vivirla. Mariella Sanz pensó que lo tenia todo con su libertad tras dejar su última relación. Sin embargo, Luka Wood no se había marchado del todo de su vida. Sin embargo, será las malas deci...
