Capítulo 20

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Después de que saliera dos semanas después del hospital, me reuní con el abogado de mis padres para saber qué es lo que me tocaba de herencia. Al parecer le había dado un veinticinco por ciento a cada hijo de la herencia y de la empresa. Salvo que mis hermanos no estaban y tuvimos que solucionar ese tema. El cual mi tío no dudó en salir por mi para que me quedase con la parte de mis hermanos.
Una semana después de leer la herencia, me encontré en el hospital con la madre de Luka y me dijo que estaba un poco mejor gracias a mí. Como también me dijo que él había reconocido que había recaído y se había metido en un centro de desintoxicación. Entonces supe que ya había dado el primer paso.
Ese mismo día fui a ver a mis padres y a mis hermanos para despedirme de ellos, para emprender un viaje para meditar.
Al día siguiente de hacerme esa última revisión, me marché a Italia donde me recibieron en el refugio de niños abandonados con mucha ilusión.
Ahí conocí a un niño que apenas hablaba. Se llamaba Leandro. Tenía ocho años y su madre murió en un accidente de coche junto a su padrastro. Este dio positivo en alcohol. Me hice buena amiga de él sin dudarlo y con lo poco que sabía de italiano le enseñé a hablar, leer y escribir.
Trascurrió un año y decidí quedarme más tiempo en Italia. En ese tiempo Leandro me acompañó hasta todos los lugares de meditación a los que fui y él me dio un poco de vida tras lo que pasó con mi bebé. Tanto que, alquilé por un tiempo un departamento en el centro de la ciudad y me quedé a vivir por decisión propia lejos de la vida que tuve hace un año en España. Eso también implicaba olvidarme por fin de todo el daño que me había causado Luka antes de marcharme del país.
Tres semanas después, pedí la adopción de Leandro y sin lugar a duda, me la concedieron. Ya que el refugio sabía que estaba en buenas manos.
La semana antes de cumplir los treinta y un años, Leandro y yo regresamos a España para hacer nuestra vida en la casa de mis padres. Aunque me trajesen amargos recuerdos.
Cuando nos instalamos en la casa de mis padres, celebramos junto a mis tíos mi nueva edad con una pequeña fiesta familiar. Donde la felicidad se obtuvo en el lugar donde me crie por muchos años junto a mis padres y mis tíos aceptaron a Leandro como uno más de la familia.
La mañana siguiente del día de mi cumpleaños, me di una ducha, quedé a Leandro con una mujer que lo cuidase y después fui a visitar las instalaciones de la empresa que mi padre había construido para sacarnos hacia adelante. Tenía que intentar adaptarme a la empresa y trabajar para mantener el imperio que me dejó. Como sé que tendría la mejor ayuda y autoestima con Leandro.
Aquel mismo día cuando salí de la empresa, me encontré con Hunter y este me invitó a comer. Cosa que acepté sin más. Ya que quería contarle todo lo que me había pasado en ese año. Sin contarle lo de mi secuestro. Ese mismo día le invité a cenar a la casa para que conociera a Leandro.
Cuando regresé a la casa de mis padres, la niñera se había ido y Leandro estaba en el salón con alguien. Me extrañé mucho que mi hijo adoptivo estuviera junto a otra persona que no era su niñera. En ese mismo instante sentí un escalofrío que me recorrió la espalda.
―¡Leandro!
―Mamma.
―¡Mami! Nunca pensé que habías tenido a un niño sin dolor y sin contracciones de parto ―la voz me resultaba familiar.
―Leandro ven aquí.
El niño vino hasta a mi corriendo y me abrazó cuando me alcanzó en segundos.
La persona que estaba sentada se levantó y cuando se giró, vi que Luka estaba ante mis ojos. Y su aspecto era distinto del que tenía hace un año.
―Luka, ¿qué haces aquí?
―Me enteré que habías regresado y quise venir a corroborar que era cierto.
―Pues ya ves que sí. Deberías de irte, Luka. Tengo que pasar un poco de tiempo con Leandro antes de que me ponga a trabajar con la empresa de mi padre.
―Antes necesito que hablemos.
―Te escucharé en otro momento.
Luka se acercó a mí y mantuve la calma.
Cuando él terminó de acercarse, me dio un papel y me dijo:
―Necesito que lo leas y cuando termines, por favor llámame. Es algo que te gustará.
―Vale.
Le cogí el papel a Luka y dudé si ver lo que había detrás de ese documento.
Hice una pequeña pausa.
―¿Como esta tu madre? ―le pregunté.
―Está mucho mejor. Todo gracias a ti. Por eso he hecho muchas cosas por mi vida esta vez.
―Me alegro Luka.
―Pequeño, volveré para jugar contigo vale.
―No es necesario Luka. Yo podré jugar con el niño y a partir del lunes irá al colegio.
No quería que Luka metiera a Leandro en sus nuevos planes. Pues su presencia me seguía produciendo ese mismo escalofrío.
―Por favor, mira el papel. Que no se te olvide.
―Lo haré cuando pueda Luka. No me presiones.
Él asintió.
En breve, Luka caminó hasta la salida de la casa de mis padres y antes de que yo cerrase la puerta de la calle, él me dijo:
―Te he echado de menos Mariella. Espero que podamos hablar con tranquilidad cuando veas ese papel.
Sin embargo, mi tiempo el Italia me había hecho ser feliz de otra forma y Leandro era la prueba de ello. Por lo que no quería saber mucho de lo que escondía ese documento que Luka me había entregado. Pues algo me decía que era bueno y mis sentimientos aun seguían confusos.

El resto de la tarde transcurrió lentamente y lo único que hice fue jugar con Leandro hasta que calló la noche.
En pocos minutos fui a preparar algo para comer, mientras que esperaba a Hunter.
Leandro me observó como cocinaba y él me ayudó a poner la mesa en el salón donde solíamos comer todos juntos cuando mis padres estaban vivos.
El timbre sonó a las nueve de la noche y supe que mi invitado había llegado para cenar con nosotros.
Leandro fue el que abrió la puerta de la casa y le hizo entrar. Cerrando la puerta en breve.
Hunter y Leandro entraron en la cocina.
Vi en la cara de mi invitado un poco de indignación en su mirada y me preguntó antes de que le dijera que se sentase:
―¿Pensé que no tenías hijos?
―Y no los tenía. Leandro es mi hijo adoptivo. Lo adopté en Italia hace varios meses.
Hice una breve pausa.
―Leandro, dai a Hunter un bicchiere per versarsi il vino che vuole.
―D'accordo mamma.
Leandro cogió una de las copas que tenía en la cocina de abajo y después se la entregó a Hunter.
―Hablas perfectamente italiano Mariella.
―Sí. Estuve en academias después de que dejara Londres.
―¿Por qué adoptaste a este niño? ―me preguntó.
―Por qué no tenía madre y yo necesitaba tener a alguien después de perder a mi familia como a mi hijo.
―Me enteré de ello cuando lo dieron por las noticias.
―Pues ya ves que mi vida no ha sido color de rosa. Los asesinos de mis padres aún están sueltos.
―Lo sé. Se me encomendó ese caso cuando miraron los videos de seguridad. Por eso quería hablar contigo en aquellos momentos en el hospital Mariella. Pero ese noviecito tuyo, lo impedía cada dos por tres.
―Gracias a Dios, Luka salió de mi vida cuando me marché a Italia.
―Entonces, ¿ahora podremos hablar sin tener ningún impedimento?
―Cuando quieras.
Hunter me sonrió y yo le hice el mismo gesto mientras que bajaba la mirada.
Cuando terminé de hacer la cena, pasamos al salón para poder probar bocado. Y mientras que saboreamos ese pollo con patatas con todas las especias, de la boca de Leandro salió unas palabras:
―Questa deliziosa mamma. Posso ripeterlo.
―Certo che sì figliolo.
Después de eso, continuamos con esa deliciosa cena. Donde Hunter y yo estuvimos hablando de lo que pasó después que me marchase de Londres.
Tras terminar de cenar, le serví una copa de vino a Hunter y yo me serví un refresco. Ya que detestaba el alcohol.
Tras una pequeña charla, Hunter se marchó y yo fui a acostar a Leandro a su cuarto. Que era mi cuarto cuando yo vivía con mis padres. Ahora se la dejaba a él y que la decorase a su gusto.
Cuando me cercioré que Leandro estaba dormido, me fui a la habitación de mis padres. La cual sería mi habitación en esos momentos. No podía creerme que había pasado un año desde que mi familia no estaba y aún no había ido a verlos. Tendría que hacerlo en cualquier momento.
Al entrar en la habitación, me quité la ropa y me puse un pijama de seda.
En el tocador me encontré con el papel que Luka me dio.
Lo cogí y lo miré por unos momentos.
Cuando me decidí de leerlo, vi que ponía su nombre y sus apellidos. Arriba en el margen izquierdo salía el nombre de una empresa y abajo del todo ponía apto. Lo leí completamente y ponía que había concluido su apto de desintoxicarse. Eso hizo que me diera un vuelco en el corazón.
Detrás de ese papel ponía una nota de su puño y letra. Algo que escribió él y no su terapeuta: Mariella lo he logrado. No te mentí cuando te dije que te amaba. Yo sé que no me ibas a creer cuando te lo contara de mi propia boca, pero aquí tienes una prueba. Si no me crees, pregunta por mí en el centro donde he estado un año metido sin salir para cumplir las normas. Luka. Posdata: Te amo y aquí tienes una prueba de mi amor.
Ha llegado un poco tarde para darme esa prueba. Aunque mis sentimientos estaban aun en esos momentos confusos.
Dejé ese papel encima del tocador y cogí mi teléfono móvil.
Ahí, le mandé un mensaje a Luka: Veo que has logrado lo que nunca pensé que harías. Te espero en la cafetería que esta frente del supermercado. No quiero que Leandro esté metido en todo esto. M.
Envié el mensaje y me metí en la cama para descansar.
Antes de apagar la luz, sonó el pitido de mis mensajes.
Cogí mi móvil y vi que era un mensaje de Luka: sí lo he logrado y todo porque te amo. Te espero ahí a las doce de la mañana. Luka.
Dejé mi teléfono móvil encima de la mesilla y dejé de pensar en lo que había visto en ese papel. Por lo que, desconecté de todo lo que había vivido ese día. Ya que la visita de Hunter a la casa había sido agradable y Leandro lo recibió con encanto.
Apagué la luz de mi cuarto y tras pensar por unos momentos en mi pasado con Luka, pensé si estaba haciendo bien en encontrarme con él. Ya tenía la respuesta de que me amaba con un hecho. Algo que yo misma le había pedido antes de viajar a Roma. Sin embargo, no me bastaba. Había otra cosa de la cual tenía que estar segura de ello. Y era que no haría daño a Leandro. Porque mi vida me daba completamente igual, pero la del pequeño no le permitiría hacerle daño.

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