Capítulo 18

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El olor a tostadas y a zumo de naranja me invadieron de pronto.
Abrí los ojos y vi que había amanecido. Tanto que vi a Luka caminar hasta a mí con paso firme.
Me levanté enseguida de la cama y vi que el sol estaba fuera. Por lo que pensé en el trasplante de su madre.
Fui hasta la ducha y decidí dármela a solas. Tenía que pensar con claridad todo lo que estaba pasando y como acabaría con ello.
Terminé de desnudarme y mirándome al espejo, vi mi estómago un poco crecido. Eso me hizo sonreír.
Mientras que entraba en la ducha y le daba al agua caliente, vi que Luka entraba al cuarto de baño y después comenzó a desnudarse. ¡Por Dios cuando me dejaría en paz!
Él entró a la ducha y mientras que le ignoraba, el comenzó a tocarme los hombros y a lavarlos con su mano.
―Tenemos que hablar Mariella ―me dijo.
―No tenemos nada de qué hablar. Voy a tener el bebé y no me lo vas a impedir.
―Crees que a mí no me costaría hacerme a la idea de tener un hijo. Más aún con mis problemas de adicción.
―Fue por eso por lo que te lo pedí. Yo voy a donar la sangre a tu madre, pero qué harías tú por mí. Nada Luka. Tú nunca has hecho nada por mi salvo destrozarme la vida. Por eso me inventé una anemia.
Hice una breve pausa.
―Yo también tengo miedo Luka. Así que ya sabes que no tenemos nada de qué hablar.
Luka me giró y él me besó. Sin embargo, le aparté enseguida de mí y le pegué una bofetada.
―No se te vuelva a ocurrir a besarme de nuevo.
Salí de la ducha y dejé todo aquello por imposible.
Fui hasta el closet y me vestí para ir a ver a la madre de Luka. Como también darle mi sangre.
Tampoco desayuné aquella mañana. El apetito se me había pasado la noche antes cuando Luka tocó mis cosas sin mi permiso.
En media hora, vi que Luka estaba esperándome en la puerta de la casa para irnos al hospital. Sin embargo, caminé para irnos cuanto antes de allí y acabar con todo aquello.

Al llegar al hospital, Luka y yo caminamos hasta la habitación de la madre de Luka y vi como Hunter esperaba fuera de la habitación donde estaría su madre.
En pocos segundos, entramos en la habitación de la madre de Luka y sus hermanos y cuñados estaban allí junto al doctor.
―Bien ―dijo―. Ya han llegado. Voy a llevarme a la señorita Sanz para la sala de extracción de sangre.
―Vale doctor ―dijo Luka―. Pero, antes de nada, quiero decirles a todos algo.
―¿Qué cosa? ―preguntó su hermano Arturo.
―Mariella está embarazada.
―Eso es cierto ―volvió a decir Arturo.
―Sí.
―Enhorabuena ―dijo su madre―. Pero, ¿podrás donar tu sangre?
―Sí, señora Wood ―dijo el doctor―. Puede hacerlo sin ningún problema. Luego tendrá que esperar un poco hasta recuperar un poco de la sangre.
―Vale.
―Vamos señorita Sanz.
El doctor caminó hasta la puerta y le seguí. Sin embargo, Luka tardó mucho en mirarme a los ojos. Ya que sabía que yo tenía razón.
Vi a Hunter de nuevo mientras que caminaba para ir a la sala de extracción. Sin embargo, bajé la mirada.
En la sala en pocos segundos, comenzaron a extraerme la sangre y me quedé tranquila. Solo esperaba que la madre de Luka se recuperase cuanto antes con ella.
Salí de la sala de extracción al cabo de una hora y caminé para ir hasta la habitación de nuevo. Sin embargo, cuando iba llegando; alguien me agarró por el brazo.
Vi a Hunter cuando me giré y me puse un poco nerviosa.
―Mariella deberías de parar un poco para hablar.
―Hunter estoy aquí por la familia de Luka, no para hablar con una persona que no veo desde hace ocho años.
―Pero fuimos algo más que amigos. Lo fuimos con derecho a roce.
―Se que nos acostamos cuando estuvimos juntos en la facultad, pero yo ahora no puedo hablar mucho Hunter.
―Ese tipo te ha hecho algo.
―No ―le respondí y bajé la mirada.
―Sabes que no puedes mentirme. Que soy agente del FBI.
―Lo sé. Pero te estoy diciendo la verdad Hunter. Déjame por favor.
―Es cierto que este tipo y tú os acostasteis cuando estabais en la facultad.
Me giré y vi a Luka detrás de mí.
―No.
―Debo de entrar con mi madre. Espero que podamos hablar sin que este tipo este delante ―dijo Hunter.
Él se marchó hasta el cuarto y cuando Luka se acercó a mí, me agarró por el brazo y me dijo:
―¿Porque me sigues mintiendo?
―No lo hago.
―Me has ocultado que te has acostado con este tipo en el pasado ―me dijo.
―Tú lo has dicho. Hunter fue mi pasado.
―No te creo sabes.
Hicimos una breve pausa.
―Cuando lleguemos a la casa no te vas a escapar de un castigo.
―Sigues estando loco.
―Ya sabes que no lo estoy.
Me eché un poco hacia atrás y salí corriendo de su lado. Y corrí rápido hasta la salida del hospital.
Al llegar a la calle, miré hacia atrás para ver si Luka me seguía y cuando le vi en la mesa de recepción, corrí aún más.
Sin darme cuenta, un coche me pasó por encima. Donde yo di una vuelta rápidamente. Donde me quedé en el acto.
―Mariella ―escuché en segundos.
Sin embargo, sabía que aquel era mi final. Uno que dejé que llegara sin duda alguna para reunirme con mi familia.

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