Estuve despierta casi toda la noche. Solo cerré un momento mis ojos y en cuestión de segundos, Luka comenzó a roncar después de que se levantara varias veces durante la noche.
El sol dio en la ventana y no pude hacer nada. Solo quería que Luka se despertase para que me quitara aquellas esposas y marcharme de allí también.
Él se giró y cerré los ojos. No quería que volviera a tocarme de nuevo y la mejor opción era hacerse la dormida. Sin embargo, conocía demasiado bien a este hombre que un día fue mi pareja y sabía que no se tragaría que estuviera dormida.
Luka llevó su brazo hacia mí y no pude quitármela de encima. Esas malditas esposas aparte de hacerme prisionera, me hacían daño.
Me moví para que quitase su brazo de encima, pero me abrazó más fuerte.
―No hagas nada con lo que puedas hacerte daño ―escuché―. Esas esposas son muy fuertes. Así que relájate.
―Pensé que dormías ―dije en un susurro.
―Acabo de despertar al darme la vuelta. Aunque he pasado mala noche.
Hizo una breve pausa:
―Lo increíble que te quedan esas esposas que me regalaste y con las cuales me volviste loco un día de sexo.
―Suéltame Luka y déjame marchar. Olvidaré lo que ha pasado.
―Y yo te dije anoche que no. Ya sabes lo que pienso hacer contigo y espero que me hagas caso con las órdenes que te di anoche ―después llevó su mano hasta mi sexo y comenzó a masajearlo―. Relájate. Aún quiero más, pero será más tarde. Quiero darme una ducha para refrescarme la cabeza.
Luka quitó la mano de mi sexo y se levantó de la cama.
―No pensarás dejarme desnuda para que Patrick me vea desnuda.
―Tranquila. Patrick tiene otro departamento. Simplemente estamos a solas y simplemente estas para mí.
Hizo una breve pausa. En la cual tragué saliva.
―Voy a darme una ducha y después si veo conveniente, saldremos a desayunar a la cocina.
―¿Piensas dejarme todo el día aquí con las esposas? Tengo que regresar a casa y saber cómo están mis padres.
―No vas a volver, ya te lo he dicho.
Luka hizo una pequeña pausa.
―Voy a darme una ducha y mientras que estamos desayunando, llamarás a tus padres. Al menos que le dé una orden a Patrick y mate también a tus padres.
―¿Por qué me haces esto?
―Porque me has visto la cara y no pienso permitir que me acuses para ir a la cárcel.
―Te dije que me olvidaría de ello Luka.
―Pues tú sabes que no me fio de nadie ―me dijo con desconfianza―. Así que pasaras un largo tiempo a mi lado.
―Pues me escaparé si es necesario.
―Eso si logras quitarte esas esposas que voy a ponerte después del desayuno.
―Te odio.
―Eso no decías hace dos meses.
―Hace dos meses me creí tus mentiras.
Luka sacó una sonrisa malévola y después se marchó fuera de la habitación.
Comencé a forcejear para intentar soltarme de esas esposas y me fue imposible. Lo único que logré fue hacerme más daño con el metal.
Al cabo de un rato, Luka volvió a la habitación con una toalla puesta.
Cerré los ojos para no verle desnudo. Me daba asco y deseaba que acabase cuanto antes. Ya era algo que detestaba.
―Mariella, mírala ―dijo―. La has visto muchas veces en todo un año que hemos estado juntos.
―Paso de tener ante mis ojos algo tan desagradable, gracias.
―Eso no lo decías cuando te follaba y te corrías.
―Eso pasó a la historia, Luka.
Seguí con los ojos cerrados y solo escuché ruidos. Aunque lo único en lo que pensaba era en irme del mismo lugar donde estaba él.
Mi estómago comenzó a rugir y me percaté que tenía un poco de hambre. Desde el té con mis hermanos no había vuelto a tomar nada. Un té que sabia amargo por aquella despedida que iba a hacerles. Ya que me iba a un viaje a Italia para meditar y encontrarme a mí misma. Sin embargo, solo me encontré con la muerte de ellos y de nuevo con Luka.
―¿En qué piensas? ―me preguntó.
―En mis hermanos. En si estarán muertos o vivos.
―Espero que estén muertos.
Hizo una breve pausa y muy silenciosa. No comprendí porque Luka tenía esa maldad en su corazón en esos momentos.
―Al menos sabré que los culpables de que nuestra relación ya no están en la tierra y se estén pudriendo en el infierno.
―¡De qué estás hablando! ―exclamé y abrí los ojos mirándole. Ya estaba vestido y eso me alivió―: El único culpable de que se acabara nuestra relación fuiste tú. Mis hermanos solo me llevaron a aquel hotel para abrirme los ojos.
―Cállate.
―No voy hacerlo. Tú sabes que eso no es verdad. Luka, tú eres el culpable de esa ruptura. No mis hermanos.
―Mariella no me tientes. Ya sabes como soy cuando estoy cabreado ―me dijo―. Vas a llamar a tus padres y les contarás una mentira piadosa. Si no lo haces, ordenaré a Patrick que se encargue de ellos.
―No serías capaz.
Luka cogió su teléfono móvil y marcó un número de teléfono. Sólo esperó a que le contestaran.
―Patrick hazme un favor... si... ve a la casa de los padres de Mariella. En cuanto te dé una orden, los matarás... si la tengo conmigo y no se quiere hacer caso... vale. Espero tu llamada.
Luka colgó el teléfono y mis lágrimas comenzaron a caer. Estaba ante un monstruo.
―Ya sabes lo que les pasará a tus padres si no obedeces mis órdenes ―volvió a decirme―. Te voy a dejar un pantalón y una camisa mía. Te los pondrás delante de mí. No quiero que te escapes y tengamos que lamentar la muerte de una familia entera.
―Te odio ―le volví a decir.
Vi cómo Luka tecleaba en su teléfono móvil y no supe que es lo que quería hacer. Pero tenía claro que no iba a dejar morir a mis padres.
―¿Qué piensas hacer? ―le pregunté mientras que levantaba la cabeza.
―De momento nada.
Luka fue hasta el cajón y sacó algo que no logré ver.
En pocos segundos, puso encima de la cama una camisa y un pantalón negro cómodo.
Luka fue ante mí y sacó del cajón las llaves de las esposas.
―Vístete.
Me levanté de la cama y solo colgaba de mí una esposa.
Me quedé mirándole y él se dio la vuelta.
Me vestí lo más rápido que pude y después de eso, él volvió a girarse.
Luka me cogió la muñeca donde tenía la esposa y se puso la otra esposa en su muñeca.
―Si vas a seguir con esto, méteme un tiro ya de una vez Luka.
―No voy a darte un tiro. Vamos a desayunar y mientras que hacemos juntos el desayuno, llamarás a tus padres. Sé que eres lista y no los querrías ver morir de la misma forma que a tus hermanos.
Contuve mis lágrimas para que no me viese caer y no le dije nada para evitar cualquier problema con aquel psicópata.
Después, Luka me sacó a la fuerza de la habitación y vi que el departamento era un poco pequeño, pero lo suficientemente cómodo para una persona. Aunque debería de decir que la cama era demasiado grande para una persona. Más bien estaba hecha a la medida de dos. Para cuando él se llevase a sus amantes para follarselas.
Ambos nos pusimos el uno del lado del otro y él comenzó a cocinar. Yo solo me puse a observar.
Sin darme cuenta, él se movió y la esposa me hizo un poco de daño.
Cuando fui a mirar a Luka, me estaba entregando un teléfono fijo inalámbrico. Sin embargo, no lo cogí.
―Llama a tus padres y ya sabes lo que tienes que hacer ―me dijo―. Yo voy a marcar el número de Patrick.
―Sigues estando loco. No voy a dejar solos a mis padres.
―En ese caso, no me queda más opción que matarlos para que no tengas ninguna carga ―Luka cogió el teléfono y marcó. Después se lo puso en la oreja y enseguida le cogieron―. Estás listo, Patrick perfecto
Cogí el teléfono con miedo y marqué el número de teléfono de mi padre. Dios mío dame la fuerza para mentirles y no decirles que estaba en peligro.
Luka me cogió el teléfono y le dio a una tecla. Justamente a la del altavoz.
―Dígame.
―Hola papá.
―Hija estas bien ―me dijo.
―Sí... ―miré a Luka―... estoy un poco dolorida por el balazo en mi brazo
―Dime dónde estás. Iré a buscarte.
―No papá. Cuando me pase un poco el dolor me iré del país.
―¡TE VAS A IR SABIENDO QUE TUS HERMANOS ACABAN DE MORIR! ―la voz de mi madre fue como un puñal.
―Mamá si me voy es para que a mí tampoco me encuentren. Porque estaba claro que iban a por nosotros. Me iré un tiempo a Roma con Abbie.
―Vuelve hoy para velar a tus hermanos y luego podrás irte.
Miré a Luka y no supe que hacer. Pero tenía que salvarlos de un balazo en la sien.
―Mamá, no iré. No me insistas. Cuando encuentren al asesino de mis hermanos, volveré e iré a verlos.
―Mariella ―la voz de mi padre volvió al teléfono―, ¿les viste la cara a los asesinos?
Volví a mirar a Luka y solo respondí:
―No papá. Tenían la cara cubierta por un pasamontaña.
―Vale.
―Os dejo. Necesito descansar. Os llamaré cuando llegue a Roma.
Lamentándome por no poder hacer nada, colgué el teléfono.
―Muy bien hecho Mariella ―hizo una breve pausa y después dijo en el teléfono―: Aborta la misión. Sin embargo, te encargo otra... quiero que te ligues a la amiga de Mariella y la mantengas lejos de sus padres.
―Hijo de puta ―dije―. Con ella no te metas.
―Cállate ―me dijo― vale. Ya hablaremos ―terminó de decir por teléfono.
Después se lo puso detrás de su pantalón y continuó haciendo los desayunos.
Mientras que estuvimos comiendo algo de bocado, no le dirigí palabra alguna.
Cuando terminamos de recoger la cocina, me tuvo detrás de él todo el día. Sin embargo, Luka estuvo detrás de su teléfono haciendo algunas llamadas y haciendo algunas cosas del hogar.
El día transcurrió muy aburrido. Tanto que no tuve más opción que ver como trabajaba. O lo que diablos estuviera haciendo. Ya que su vida ha sido robar desde que lo dejamos.
La noche llegó tras transcurrir un largo día a su lado y cuando cenamos, él me llevó de nuevo hasta la habitación.
Él se soltó la esposa de su muñeca y después me indicó que me acostase. No lo dudé, ya que estaba cansada de estar todo el día sin hacer nada.
Cuando me tumbé en la cama, Luka me cogió la otra muñeca y me la esposó en la cama.
Él se bajó de la cama y comenzó a quitarse la ropa. Quedándose en calzoncillos.
En pocos minutos, se tumbó a mi lado y yo me di la vuelta como pude.
Luka puso su mano sobre mi cintura. Sin embargo, no pude hacer nada para evitarlo.
Él comenzó a bajar muy despacio su mano. Hasta que metió la mano izquierda en el pantalón que yo tenía puesto.
En segundos noté como me masajeaba mi clítoris. Solo me tocó forcejear.
―¡No!
―Mariella cállate. Ya sabes que me gusta el placer más que a un niño que no sabe de ello.
―Suéltame.
Pero él continuó masajeándome más rápido el clítoris. Tan rápido movía sus manos, que solo quería salir de la cama y salir corriendo de allí.
―Córrete, Mariella ―me dijo en un susurro al oído―. O si no ya sabes que meteré mi polla en tu coñito y no tendrás escapatoria de que yo también me dé un orgasmo.
―Ah... joder... deja... me...
Noté con el movimiento rápido de sus dedos que estaba mojada.
Intenté darme la vuelta. Sin embargo, él me presionó para que no lo hiciera. Pues conocía exactamente como hacerme correr.
Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, él dejó de masajearme el clítoris y sacó su mano de los pantalones.
―Si quieres el orgasmo, tendrás que suplicármelo.
―Te odio ―le volví a decir.
―Buenas noches, Mariella.
Luka apagó la luz y presionó su brazo aún más para que no me saliera de la cama.
Cerré los ojos para dejar de pensar en lo que había hecho con mis padres. Enseguida supe que había cometido un error al dejarles solos con la muerte de mis hermanos.
Sin embargo, volví a abrir los ojos. Supuse que era por mi remordimiento de conciencia por todo lo que estaba pasando. Incluso mi cabeza comenzó a pensar como escapar mientras que él dormía. Algo que tenía que intentar con creces.
En mitad de intentar coger el sueño, comencé a notar poco a poco los ronquidos de Luka en mi oído. Pero no me pude mover para evitarlos, por lo que me quedé despierta un poco más. En medio de los ronquidos y la oscuridad que tornaba la habitación, comencé a darle vueltas a mi cabeza y como dejé que él matara a mis hermanos. La única explicación que había en ella, era que todo lo que hizo fue producto de su adicción. Algo de lo que aún no se había curado desde que volvió a ello y cometió la locura de acostarse con Harriet. La que un día fue como una hermana para mí.
Sin embargo, fue una valiosa lección lo que recibí. Pues ahí supe que no tenía que darle la confianza a nadie tan pronto. Y más a alguien que apenas conocía.
ESTÁS LEYENDO
Simplemente Mía
Historical FictionLa vida a veces no se trata de disfrutarla. Se trata de vivirla. Mariella Sanz pensó que lo tenia todo con su libertad tras dejar su última relación. Sin embargo, Luka Wood no se había marchado del todo de su vida. Sin embargo, será las malas deci...
