―Comienza a desnudarte ―me dijo cuando me entró en una habitación en la cual estábamos a solas.
Luka sacó su arma y me asusté por qué le tenía miedo en esos momentos. Solo me percaté que su pequeño flequillo se había movido un poco.
―Obedece Mariella ―volvió a decirme.
Me quedé paralizada sin saber cómo actuar. Si Luka había decidido salvarme por el sexo, hubiera preferido que me matase.
Le miré a los ojos en breve y tras encontrarme con su rostro, me pregunté por qué me había enamorado de él hace un año. Y cuando me dejó hace un mes, todo cambió aún más en mi cabeza. Comencé a olvidarme de él, aunque mi corazón me decía lo contrario.
Luka vino hasta a mí y mi corazón comenzó a palpitar más de lo que imaginé. No sabía si era por el miedo o por mis sentimientos. Pero sabía que había algo que se me removía cuando nos veíamos. Aunque fuera de lejos y no nos hablásemos.
Él llegó ante mí y cogiéndome por el brazo, me giró y me puso en su torso.
Amenazándome con la pistola, pude sentir el miedo correr por mis venas. Tanto que había comenzado a forcejear para que no disparase.
―No voy a matarte, Mariella ―me dijo en un susurro―. Sin embargo, te quedarás a mi lado y harás todo lo que te pida. La vida a cambio de lo que hagas por mí.
―Luka, tú y yo acabamos nuestra relación hace un mes. No quiero hacer nada de lo que me pidas ―le respondí.
―En ese caso ―escuché como le quitaba el seguro a su arma―, no me dejas más opción.
―¡No por favor!
Tras respirar profundamente, me di cuenta lo que en realidad quería Luka de mí. Sin embargo, apenas estaba tan enamorada de él como antes. Simplemente le quería cómo quería mis hermanos. A los que él mató a sangre fría.
Seguía sin entender cómo me había enamorado de una persona así. Fría y calculadora. Quizás fue su pelo negro y sus ojos verdes lo que me hizo hacerlo. O simplemente fue como follaba.
Él bajó su mano muy despacio con su arma y comencé a pensar en mis padres. En especial con mi madre. Quién me había ayudado a salir de todo lo que había pasado con él.
Atada al miedo y sin saber plantearme que hacer, lo primero que pensé fue en mis hermanos y en qué haría para salvar su vida y lo segundo fue en mi propia vida.
Luka me giró y nos miramos a los ojos.
―He echado de menos tus tetas, Mariella ―dijo con una voz ansiosa―. Es una lástima que tenga que matarte.
Si le daba lo que quería, estaría perdiendo mi dignidad. Una que me había costado recuperar poco a poco.
Solo pensé en mis hermanos y comencé a rezar. Era lo único que podía hacer, en vez de darle un disgusto a mis padres de lo que había sucedido y quien los había asesinado.
―Es increíble que después de un mes te hayas puesto más hermosa.
―Luka, acaba con todo de una vez ―cerré mis ojos y no le dije nada más.
―No voy a hacerlo.
Volví a mirar a Luka. Donde vi que bajaba el arma y me miraba con ese deseo. Sin embargo, ese deseo parecía ser el del mismísimo demonio.
―Desnúdate ―volvió a decirme―. Al menos que quieras que lo haga yo.
―Sabes que no voy a hacer eso.
Luka me volvió a girar. Poniendo mi espalda en su torso de nuevo.
Con una mano puesta sobre mí y con la otra libre, él arrancó con su fuerza mis pantalones vaqueros. Quedándome en bragas.
―Vas a hacerte caso de mí, Mariella ―me dijo―. Lo primero que voy a hacerte es follarte duro y lo segundo que harás después, es llamar a tus padres. Les dirás lo que ha pasado y que has tomado la decisión de irte para que yo no te encuentre. Al menos que te pegue ese tiro que mereces.
―Yo no merezco nada. Quién debería de tener ese tiro en la cabeza eres tú. No yo.
Luka llevó sus manos hacia mi sexo y comenzó a tocarlo por encima de las bragas.
―Siento lo que pasó hace un mes, Mariella. Pero tenía que apartarte de todo esto. De mis demonios.
―Tus demonios acabaron con mi vida en el momento en que acabó nuestra relación.
Tras una breve pausa, le volví a decir:
―Te odio Luka Wood.
Él volvió a girarme y mirándonos a los ojos, Luka me dijo:
―Te voy a enseñar lo mucho que yo también te odio.
Volvió a girarme y la mirada de Luka era la del mismísimo Lucifer. Un hombre que era capaz de todo por mantenerse lejos de un mundo que él sabía que era real. No uno imaginario cuando se solía meter drogas.
―Bájate la camisa. Pero desabróchatela muy despacio. Quiero que me la pongas dura para follarte muy fuerte.
Sin embargo, no le hice caso. Sólo me quedé paralizada.
Observé la cara de Luka. Una cara de maldad mezclada con la adrenalina y otro toque especial que ya conocía. Aunque jamás se colocó delante de mí, conocía esa sensación de mi anterior relación a él.
Él cogió furioso mi camisa de lino blanca y me arrancó los botones para abrirla. Después me quitó la prenda. Quedándome en sujetador y en bragas.
―Añoraba verte así.
Envuelta por la humillación, no supe cómo reaccionar. Solo el silencio, el rubor y la vergüenza andaban en mi interior.
Él volvió a poner mi espalda contra su torso y comenzó a bajar sus manos por mis caderas.
Al llegar a mi pelvis, entró como pudo sus manos en mi interior y comenzó a masajear mi clítoris.
―¡No! ¡Para Luka!
―Cállate o te callaré yo.
Él me empujó hacia la cama de aquella habitación y caí de estómago.
Luka no tardó ningún segundo en incorporar mi trasero hacia arriba y tocarme de nuevo el clítoris.
Intenté de levantar mi cuerpo, pero su fuerza era superior a la mía.
Olvidaba que el sexo con Luka era placentero. Pero en esos momentos no quería nada de él. Solo quería que me soltase y me dejase ir de allí. Estaba muy avergonzada conmigo misma. Tenía que haberme quedado en la cafetería y que el terminase con su propósito de matarnos. Así me libraría de la carga que me está pesando de estar a solas con Luka en una habitación.
Noté dos dedos en mi sexo. Luka los fue moviendo muy despacio.
Volví a intentar incorporarme. Sin embargo, él echó mi cuerpo sobre la cama y continuó con sus dedos.
―El precio por la vida es este ―me dijo―. Te quedaras a mi lado. Si no, no tan solo te matare a ti. Si no, a tus padres como hice con tus hermanos.
―¡Estás... ah... loco! ―esos gemidos no eran de placer, si no, de dolor.
―Eso no lo decías hace meses atrás.
No le respondí. Hace meses atrás estaba enamorada de él y aunque ahora lo seguía queriendo, pero era un querer diferente. Incluso ahora solo sentía asco porque me tocaba sin permiso.
Noté que metió otros dos dedos más. Quería conseguir mi orgasmo como cuando éramos pareja y después, conseguir su premio. Su orgasmo provocado por el mío. Sin embargo, no me rendiría. No quería dárselo.
―Ya sabes que si te resistes mucho a ello te dolerá más. Incluso te metería el puño entero.
―Deja... ah...
―¡Bien! Tú lo has querido.
Noté que el dolor fue más intenso y supe que metió todo el puño de la mano.
―Ríndete, Mariella.
―¡No!
Entonces noté algo más adentro y tuve que rendirme. Caí en la cama rendida tras sentir como Luka toco algo en mi interior que ambos sentimos. Él por tocármelo y yo por tenerlo en mí interior. Pero él orgasmo no vino.
En pocos segundos, noté la cremallera de su pantalón de lino. Fue cuando comencé a forcejear. Sin embargo, él me frenó.
Luka metió su polla en mi ano y comenzó a embestirme muy despacio.
Mis gemidos se notaban en esos momentos. No había sentido tanto dolor como ahora. Salvo que ese dolor no era placentero como hacía meses cuando me quitó la virginidad del ano.
Volví a sentir sus manos sobre mi vagina y mientras que me embestía, pude notar que el rencor iba naciendo en mí.
―Córrete, Mariella. Ya sabes que no me cansaré hasta conseguirlo.
Tras segundos notando sus embestidas, noté algo sobre mi ano. No supe que se había corrido, hasta que poco después sacó su pene de él y continuó con sus dedos en mi vagina.
En breve, metió el puño de nuevo y comenzó a moverlo rápidamente.
―Mariella, sabes cómo voy a conseguir tu orgasmo ―me dijo―. Uno, no voy a parar de mover mi brazo y dos, así estaré cada vez que quiera complacerme a mí mismo.
―Bas... ah...
Notaba que mi orgasmo llegaba y que mi dignidad se marchaba. Todo esto era por el temor a morir. Ya me daba igual hacerlo. Así todos estaríamos juntos de una vez.
―Dámelo. Sabes que lo quiero y muy profundo.
Él sacó su puño de mi interior y después llegó mi orgasmo. Haciendo que mis fluidos salieran como si fueran una fuente a la que habían arreglado.
Me rendí en la cama y hundí mi cara para que no viera mis lágrimas.
―Estarás desnuda hasta que consiga algo para ti. No quiero que Patrick te vea así. Eres solo mía a partir de ahora.
Hizo una breve pausa.
―Otra cosa más. Mañana llamarás a tus padres y le contaras lo que ha pasado. Como también que has decidido irte lejos un tiempo para que no te encuentre. Eres lista y estoy segura que sabrás mentirles. De lo contrario, los mataré a ellos también.
Mi silencio le dio una respuesta.
Luka se quitó de encima de mí y en pocos segundos fue hasta arriba de mi cabeza.
La levanté y vi que estaba buscando algo en el cajón de la mesita de noche.
De ahí sacó unas esposas que tenían cierre único.
Luka volvió a dirigirse a mí.
Él me empujó con su fuerza hasta la almohada y ahí puso una de las esposas en mi muñeca derecha. Intenté impedírselo. Sin embargo, fue imposible. Ya que me frenó con una nalgada en el trasero
―Déjame ―le dije.
―Ya te he dicho que no.
Luka puso después la otra esposa en mi otra muñeca y me quedó esposada a la cama.
―Y una última cosa más antes de dormirme ―dijo―. Vas a dormir constantemente conmigo para vigilarte. No quiero que escapes de mi tan fácilmente.
―Y cómo vas a vigilarme ―le dije entre lágrimas―. Estás casi siempre colocado.
―Aun no me conoces del todo, Mariella. Y ahora qué sabes la verdad de quien soy, puedo dejar de meterme cocaína o farlopa para vigilarte. Como también hacerte mía.
Entonces me callé y no le dije nada.
Luka se tumbó encima de la cama y se quedó dormido al instante.
Miré hacia arriba y pensé que tenía que soltarme de esas esposas. Sin embargo, sabía que la vida de mis padres también estaba en peligro. Por lo que tomé la decisión de esperar a que se le pasará el mono a Luka y que entrará en razón. Si es que lo lograba. Sin embargo, sabía que tenía muy poco que hacer si él hubiera estado sereno sin meterse drogas cuando mató a mis hermanos.
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Simplemente Mía
Fiksi SejarahLa vida a veces no se trata de disfrutarla. Se trata de vivirla. Mariella Sanz pensó que lo tenia todo con su libertad tras dejar su última relación. Sin embargo, Luka Wood no se había marchado del todo de su vida. Sin embargo, será las malas deci...
