Capítulo 22

100 6 1
                                        

Cuando cerré mis ojos y me quedé dormida, me quedé más tranquila por todo lo que había sabido de Luka aquella mañana.
Soñé. En ese largo año no lo había hecho y esa noche lo hice.
La imagen de Luka apareció ante mí. De como volvía a correr para salvar mi vida y ahora la de Leandro. Sin embargo, cuando él me atrapaba las cosas eran diferentes a aquel año. Pero después ese sueño se tornaba en sexo y placer. Tanto que había olvidado lo que era eso con Luka.
Desperté y me sentí un poco sofocada. Por lo que miré por todos lados de la habitación y no había nadie. Pero no quise darme un orgasmo. Tenía que pensar en otras cosas diferentes para poder empezar la mañana.
El timbre de la casa sonó y cuando miré la hora, vi que eran casi las nueve de la mañana.
Me levanté para ver quien era el inoportuno que llegaba un jueves por la mañana temprano para despertarme. Aunque tenía que haberme levantado para ponerme al día con el negocio de mi padre. Aun así, quería dormir un poco más y aparecer sobre las doce en la oficina.
Me puse mi bata de seda para poder ir a ver quién estaba tocando en el timbre a esa hora.
Cuando llegué a la puerta de la casa en pocos minutos, me abroché la bata de seda con el cordón y abrí la puerta. Donde mi cara cambió cuando vi a Luka ante mis ojos recién despiertos.
―¿Qué haces aquí tan temprano? ―le pregunté.
―He venido a traerte los desayunos ―me respondió Luka.
―De eso me encargo yo gracias ―le dije mientras que cerraba la puerta de nuevo.
―Espera nena ―me dijo mientras que abría la puerta―. Ya sabes que he venido en son de paz.
―Sabes que no puedo creerte todavía. Ese cambio repentino puede volver atrás.
―No pienso volver atrás Mariella.
―Bueno, no digas de esta agua no he de beber.
Luka me observó de arriba abajo y tras una breve sonrisa, me preguntó:
―¿Estás excitada?
―No ―le dije.
Él entró en la casa y me eché hacia atrás mientras que observaba como este cerraba la puerta.
―Sabes que no me puedes mentir ―me dijo―. Aunque haya pasado un año, sigo conociendo tu cuerpo.
Mi espalda estuvo ante la pared y Luka terminó de acercarse a mi más que lo hizo en el día anterior.
―Tus pechos están excitados Mariella. Es por eso por lo que lo sé.
―Luka deberías de irte.
―No voy a hacerlo.
Él puso su mano encima de la pared y en breve, nuestros labios muy juntos.
Luka me besó y cuando fui a frenarle, llevó mis manos hacia arriba donde tenía su mano puesta. Donde continuó besándome.
Le empujé y por fin se soltó de mis labios. Sin embargo, no dudé en pegarle una bofetada.
Luka volvió a empujarme hasta la pared y ahí me dijo:
―El Luka antiguo te hubiera atado y amordazado para conseguir tu orgasmo Mariella.
Hizo una breve pausa.
―Estoy enfadado ahora mismo. Así que no voy a tentar a la suerte de hacer lo mismo de antes.
―Luka, no deberías estar aquí.
―Está bien. Voy a marcharme ―me dijo rindiéndose―. Sin embargo, quiero que vayas a buscarme a la casa a lo largo del día de hoy.
―Sabes que no voy a ir a tu casa a buscarte.
―Lo harás. Ya que con Hunter no vas a encontrar eso que tanto necesitas de mi Mariella. Por qué muy en el fondo no me has olvidado.
Hizo una breve pausa.
―Te espero a las nueve y media en mi casa. De lo contrario, vendré yo hasta aquí de nuevo.
Después, Luka se apartó de mí y se marchó de la casa para dejarme meditar. Sin embargo, no le contradije en lo último que me había dicho.
Cuando me quedé a solas, ni siquiera pensé en darme el orgasmo. Ya que tenía muchas cosas en las que pensar sobre la empresa de mi padre.
Por lo que fui a darme una ducha y en breve, a desayunar. Ya que tenía que marcharme para la ciudad.

El día se hizo tarde y la tarde en noche.
No miré la hora. Solo pensaba en llegar a casa y poder descansar tras ver lo último que mi padre dejó pendiente antes de que Luka lo matase.
Entre en casa y puse mis cosas encima de la entrada. Como también pensé en lo que me había dicho Luka. Sin embargo, no le hice caso.
Cuando miré el reloj, vi que eran casi las diez de la noche. Por lo que decidí ir a comer algo y acostarme. Ya que tenía que seguir con lo que había dejado pendiente mi padre.
Al entrar en la cocina, me percaté que alguien estaba ahí. Por lo que me acerqué un poco más y vi que era Luka.
―Te dije que no quería volver a verte Luka ―le dije.
―Y yo te dije que te quería ver en mi casa o si no vendría aquí. Y como no apareciste, pues he venido.
―Acabo de entrar de trabajar. Además, no me puedes obligar a ir si no quiero.
Hice una breve pausa.
―Vete Luka. Ya sabes que hay cámaras de seguridad y si haces algo, te podrían echar de cabeza.
―No voy a irme Mariella.
Él se acercó a mí y mantuve la calma. Algo que jamás había hecho cuando lo tenía cerca.
Ambos cara a cara, Luka volvió a pegar sus labios a los míos y me besó apasionadamente. Intenté de pararle y me frenó cogiéndome las muñecas.
Él las soltó y tras unos segundos, me cogió la pierna izquierda y la subió encima de su cadera. Donde no tardé por ningún segundo en poner mis manos detrás de su nuca y Luka en ponerme la otra pierna encima suya.
Luka me llevó encima de la encimera de la cocina con esos besos apasionados y me dejé llevar.
Él me cogió por las caderas y cuando no me lo esperé, me bajó las bragas de encaje. Tirándolas en breve al suelo.
―Luka ―dije mientras que intentaba de parar lo que quería desatar de nuevo.
―Mariella, déjate llevar.
Luka dejó de besar y se inclinó un poco. Donde no tardó en recorrer mi muslo con su boca hasta llegar a mi pelvis. Sin embargo, no tardó en bajar a mi sexo.
En segundos, comencé a notar círculos sobre él. No tardé en gemir. Hacía poco más de un año que no sentía nada de lo que Luka me hacía.
Mis gemidos podían llegar hasta más allá de la luna. Donde supe que Luka me hacía sentir viva. Me daban igual esos sentimientos confusos, ya que sabía que con él podía llegar a las estrellas y tocarlas, aunque estuviera en el suelo.
Él paró de lamerme el clítoris y lo único en lo que me percaté fue en lo exhausta que estaba.
―Sigues siendo mía Mariella. Simplemente mía.
Después, me cogió de nuevo y poniendo mis piernas enrolladas en sus caderas; caminó hasta las escaleras.
Cuando llegamos a la habitación de mis padres, él me puso en el suelo y me arrancó la camisa que tenía puesta mientras que recorría mi cuello muy suavemente.
Después, me tumbó encima de la cama y prosiguió con lo que estaba haciendo en la cocina.
Gemí mientras que mis sentidos se hablaban y mis gemidos llegaban a todos los rincones de la casa. Donde no tardé en cerrar mis ojos.
Cuando Luka dejó de hacerlo en pocos minutos, abrí de nuevo los ojos y vi que Luka se estaba desnudando completamente.
En pocos segundos, él me terminó de quitar la ropa y después me excitó durante varios minutos. Sacando y metiendo sus dedos.
Tras conseguir la situación que él quería, no tardó en meter su pene en mi interior. Donde gemí por el dolor que me había producido el que la metiese dentro.
―¡Estás bien! ―exclamó.
Asentí.
―Confía en mí, por favor.
Sin embargo, no le dije nada. Ya que quería sentir el orgasmo de alguna manera. Ya que tras un año no había vuelto a recibir uno.
Mientras que Luka me poseía, dejé todo rencor a un lado y dejé que la noche transcurriera. Donde no paró en ningún momento de poseerme y hacerme sentir diferente. Aunque no podía confiar en él todavía. Pues seguía siendo el culpable de la muerte de mi familia.
Tras un gemido que solté, Luka hizo los movimientos aún más rápidos y me dejé de llevar por todo aquello que él me estaba haciendo. Eso sí, sin confiar tan rápido en sus palabras.

Simplemente MíaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora